Elena Cornaro Psicopia, La primera mujer en el mundo con título de “Doctora”. Edmundo Fayanas Escuer

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Edmundo Fayanas Escuer. Evangelizadoras de los apóstoles

Falleció en Padua en el año 1684 de tuberculosis cuando tenía treinta y ocho años.  Los pobres de Padua y Venecia lloraron en público, afirmando que había muerto una santa

Nace el cinco de junio de 1646 en Venecia. Sus padres fueron Giovanni Battista Cornaro y Zanetta Boni. Fue la tercera hija de la pareja. Su padre era procurador de San Marco, un puesto por detrás del Dogo de la ciudad, que significaba tener un alto cargo en la República veneciana. Su alta responsabilidad le permitía vivir en la plaza de San Marcos.

Su madre Zanetta era campesina y no estaba casada aún con Giovanni cuando nació Elena. Vivió veinte años con su futuro esposo y le dio sus primeros cinco hijos antes de casarse, mostrando una libertad poco común en aquellos momentos históricos rompiendo muchísimo con el convencionalismo tradicional.

Estaba inscrita en el noble registro de nobles, cuando su padre pagó 100.000 ducados para criar patricios para ella y sus hermanos. Durante el siglo XVII, la educación era un mundo cerrado para la mayoría de las mujeres y, también para muchos hombres, a menos que fueran de las clases privilegiadas.

Por lo tanto, Elena tuvo la suerte de nacer en Venecia en una familia noble muy antigua y distinguida que se remonta a la época romana, lo que le permitió asegurar a Giovanni que su hija fuera educada junto con sus hermanos.

Elena tiene una educación muy esmerada basada en el humanismo, que estaba en boga en la época. Para este fin, contrató al teólogo Giovanni Battista Fabris, al latinista Juan Valier, al erudito griego Alvise Gradenigo, el profesor de Teología, Felice Rotonfi y Shemel rabino Aboaf con el que Elena aprendió el hebreo.

Enseguida empezó a estudiar latín y griego con muy buenos profesores y ya con siete años dominaba ambas lenguas. Siguió estudiando español, francés, hebreo y árabe, lo que le sirvió para obtener el título de “Oraculum septilingue”.Al mismo tiempo, estudia matemáticas, filosofía, música, gramática y teología.

Teniendo diecisiete años Elena ya era una destacada compositora y concertista. Llegó a ser una virtuosa tocando el arpa, el clavicémbalo y el violín. Era reconocida como una gran compositora y concertista.

Su formación, su nivel y su aspecto la hicieron objeto de numerosos pretendientes al matrimonio. Sin embargo, se declara célibe y con diecinueve años tomó los hábitos benedictinos, pero nunca llegó a ser monja porque su padre no le concedió su deseo de convertirse en monja.

Se predisponía así a llevar una vida alejada de los roles tradicionales de las mujeres y aspiraba con su renuncia a ser respetada por los hombres eruditos y estudiosos.

Con veintitrés años, Elena tradujo del español al italiano la obra de Giovanni Laspergio “Colloquio di Cristo nostro Redentore all anima devota”.

Su fama se fue extendiendo. Era invitada a participar en numerosas sociedades intelectuales y ya en el año 1670, con veinticuatro años fue nombrada presidente de la sociedad veneciana “Accademia dei Pacifici”. Durante su formación, disfrutaba de encuentros con personas de toda Europa, en los que se producían debates que se hicieron famosos en toda Venecia.

Mientras que en Europa los debates filosóficos estaban en decadencia, en Italia se seguían con gran pasión, tanto sobre las matemáticas como la filosofía, ramas ambas inseparables en esa época. Durante los doscientos años precedentes, los mejores matemáticos proponían problemas y daban soluciones a ellos.

Fue su padre Giovanni, quien la animó para que se inscribiera en la universidad de Padua. Elena aceptó la propuesta de su padre y en el año 1672, comenzó sus estudios de Teología. Fue el momento en que su precaria salud comenzó a mejorar. Reconocía que el aire de Padua y el disfrute por el estudio, le estaban sentando muy bien. Hemos de saber, que su presencia en la universidad, la convirtió en una de las personas más influyentes de la época. Sus intervenciones siempre provocaban una gran expectación.

Su profesor de filosofía solicita a la universidad de Padua que se le otorgué el título de doctora en Teología. Sin embargo, el obispo de Padua se niega totalmente a la concesión de dicho título, su único argumento es que es mujer. Sí se le permitió conseguir el título de doctora en filosofía. El título de doctor en Teología le habría otorgado el derecho automático a predicar, lo que iba en contra de la posición aceptada por la Iglesia, de que las mujeres debían “aprender en silencio con toda sujeción”,según Timoteo I: 11- 12.

La petición de doctorarse en Teología produjo confusión y resistencia entre el clero. Se formuló un compromiso que le presentaría “un libro cerrado y abierto, para meditar y describir los misterios divinos”,en lugar de “un libro cerrado y abierto, con el derecho de interpretar, exponer, glosar, predicar y abriendo los misterios divinos”.Esto demostró ser insuficiente para calmar las preocupaciones de los clérigos, por lo que se le ofreció la oportunidad de solicitar un doctorado en filosofía.

Elena se graduó en la Catedral de Padua, ante la presencia de las autoridades de la universidad, los profesores de todas las facultades, los estudiantes y la mayoría de los senadores venecianos, junto con numerosos invitados de las Universidades de Bolonia, Perugia, Roma y Nápoles. Elena habló durante una hora en latín clásico, explicando pasajes complejos seleccionados al azar de un libro de Aristóteles.

Ha siso siempre muy comentado el debate filosófico protagonizado por Elena en el año 1677 en la universidad de Padua en presencia del Senado de Venecia, donde se enfrentó con gran oratoria a Giovanni Gradenigo, G. Fiorello y el padre Caro que eran todos personajes de gran prestigio intelectual.

No es de extrañar que los miembros que evaluaban, a pesar de que se había solicitado voto secreto, no se resistieran a emitir su juicio positivo en voz alta ante todo el público asistente. Se decidió por unanimidad proclamarla “Magistra et doctrix en philosophia”.

Este debate fue debido al intento de obtener el grado de doctora por la Universidad de Padua, pues era la primera mujer que quería obtenerlo. Elena quería el título de Teología, pero este título le hubiera permitido poder enseñar a los monjes y ante esto, como siempre la Iglesia se negó. De ahí que solicitara el doctorado en Filosofía.

Elena fue una de las primeras mujeres que recibió un título académico avanzado. Fue miembro de varias academias y era bien considerada en toda Europa por sus logros y sus virtudes.

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El veinticinco de junio del año 1678, Elena Cornaro Piscopia recibió el Doctorado en Filosofía de la Universidad de Padua. A la edad de treinta y dos años ella fue la primera mujer en el mundo en recibir un doctorado. Además del doctorado, recibió el Anillo del Doctor, la capa de armiño del maestro y la corona de laurel del poeta.

Durante gran parte de su vida estuvo mal de salud, y el extenso trabajo de caridad, las penitencias rigurosas que realizó y su extrema dedicación a sus estudios, hicieron mella en su débil condición física.

Fue famosa por su fuerte espíritu religioso y caritativo, así como por su gran religiosidad. Quedan algunas de sus obras literarias como Discorsi y Elegie., coplas, epigramas, versos en varios idiomas. En ellos se puede comprobar la vivacidad de su temperamento. Se le ha considerado durante mucho tiempo, sobre todo como un fenómeno.

Elena aparece siempre como una figura tremendamente humana, rodeada de una gran soledad además de un profundo compromiso por su pensamiento religioso y por ayudar a los pobres.

Dedicó los últimos siete años de su vida al estudio y la caridad. Se dedicó a cuidar a los menos afortunados y terminó sus días como oblata, o monja laica. Tenía una constitución no muy fuerte y el estudio y las maceraciones ascéticas a las que fue sometida la habían debilitado aún más.

Falleció en Padua en el año 1684 de tuberculosis cuando tenía treinta y ocho años Los pobres de Padua y Venecia lloraron en público, afirmando que había muerto una santa.

Recibió sepultura en la Basílica de Santa Justina en la capilla mortuoria de San Luca como monja oblata, donde estaban enterrados los monjes de esa orden y no en el lujoso sepulcro de su familia. Su fama desapareció con ella y hasta bien entrado el siglo XIX no se recuperó su memoria.

En la Universidad de Padua se erigió una estatua en su honor. Tras su muerte, se le realizaron servicios funerarios en Venecia, Padua, Siena y Roma. Sus escritos, publicados en Parma en 1688, constaron de discursos académicos, traducciones y tratados religiosos. Incluso hoy, Elena es ampliamente citada por otros estudiosos y escritores. Por desgracia, poco ha quedado de sus escritos, pero al menos podemos asegurar como logros científicos, el probar la capacidad de las mujeres para la actividad científica, para su enseñanza, su divulgación y el contraste de ideas.

La universidad de Padua no vuelve a conceder un doctorado a una mujer hasta pasado más de trescientos años. Elena sigue siendo un símbolo extraordinario, ejemplo de libertad y autoridad femenina. El logro científico más grande de Elena fue demostrar que las mujeres podían ser académicas consumadas y eruditas.

En el año 1895, la abadesa Mathalida Pynsent de las monjas benedictinas inglesas de Roma abrió la tumba de Piscopia. Su cuerpo fue enterrado nuevamente en un ataúd y una nueva tableta, elogiando sus virtudes y relatando la historia de su vida, se colocó en su cabeza.

En 1685, la universidad de Padua creó una medalla en su honor. En el año 1773, Caterina Dolfin donó una estatua de Elena Cornaro Piscopia al Ateneo de Padua, que ahora se encuentra al pie de la escalera de Cornaro, en el antiguo patio del Palazzo Bo. Es un homenaje a la primera mujer graduada en el mundo, siendo actualmente un símbolo de la emancipación femenina. Uno de sus retratos está en la Galería de Arte Ambrosiana en Milán.

El Vassar College construyó una vidriera conmemorativa el día de la lectura de su tesis en el ala oeste de la Biblioteca Thompson Memorial en Estados Unidos. Diseñado por Dunstan Powell, representa a Elena Cornaro Piscopia vistiendo un vestido con los colores rosa y gris originales de la universidad, con las luces en la tracería representando gramática, dialéctica, música, filosofía, astronomía, medicina, geometría y teología, todas las áreas en las que siempre destaco.Por iniciativa de Ruth Crawford, quien se graduó allí, un fresco está dedicado a ella en la Universidad de Pittsburg.

Mujer de una gran capacidad intelectual, fue referente de su época

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