Las enfermeras no llevan cofia ni minifalda ni parecen actrices porno. Isabel Valdés

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El sindicato de enfermería SATSE lleva meses denunciando imágenes, productos y conductas sexistas. Su última campaña es un “basta” definitivo

Isabel Valdes. El pais.

Un vestido blanco con un escote hasta el ombligo y un largo que no llega a cubrir la parte baja de las nalgas, de algodón, de raso o de látex y con una cruz roja estampada normalmente en un lateral del pecho. Como complementos, un estetoscopio de plástico, una diademita con otra cruz roja y si cuesta más de 15 euros, probablemente incluya unas medias blancas hasta mitad del muslo. Es el disfraz más común si buscas enfermera en Google. Y antes, cuando el buscador no había llegado a nuestras vidas y mirábamos algún catálogo en papel, también estaban ahí.

La protesta de las enfermeras contra esta imagen híper sexualizada —que comparten mayoritariamente con secretarias y limpiadoras— no es de hoy ni de ayer. Tiene años. Ahora ha cogido toda la fuerza de este maremoto de “bastas” por parte de una población, femenina sobre todo, cansada de sexismo y de clichés. Mar Rocha (Madrid, 1975), portavoz del sindicato de enfermería SATSE, lleva dos décadas ejerciendo y lo ha vivido desde siempre: “Es una reivindicación histórica, nos afecta como profesionales en primera línea”.

Su última campaña, Rompe con los estereotipos. Somos mucho más, es una petición para acabar con todas esas imágenes, comentarios y conductas retrógradas y sexistas vinculadas a la Enfermería, una profesión que cuenta, más o menos, con un 85% de mujeres y un 15% de hombres. Comenzó en abril con información, recogida de firmas, encuestas, vídeos y mucho movimiento en redes sociales. Y, asegura Rocha, está teniendo una respuesta social positiva y fuerte: “Nos alegra mucho que la sociedad nos acompañe en esta reivindicación. El cambio debe producirse en todos y a todos los niveles”.

Una de las imágenes de la campaña de SATSE.
Una de las imágenes de la campaña de SATSE.
 Tal vez sea porque la conciencia social sobre una realidad que se cuela en todos los ámbitos profesionales es cada vez más amplia: en este, nueve de cada diez aseguran que estos pequeños despropósitos aún persisten. “Lo sufrimos todas. No solo comentarios sexistas, incómodos o denigrantes, también relacionados con una percepción nuestra como subordinadas, como si no tuviésemos autonomía o como si solo nos dedicáramos a la labor asistencial, que puede ser la principal muchas veces, pero también investigamos, tenemos labores de gestión… Somos más de lo que se muestra o se cree”.

Esta campaña es una línea roja que era necesario marcar. No más. El cansancio acumulado de años de pelea más o menos visible fue salpicado el pasado diciembre por un número dentro de Telepasión, la gala de Nochebuena de RTVE,donde aparecieron varias enfermeras ligeras de ropa. SATSE denunció públicamente, reclamó una rectificación y que no se volviese a repetir una imagen como aquella; la discusión llegó hasta el Congreso. Después, en enero, cuando estaba a punto de llegar el Carnaval, los hipermercados Alcampo incluyeron en su catálogo de disfraces el de enfermera sexi. A principios de abril fueron unos bolígrafos en la tienda Ale-Hop con pequeñas muñecas de plástico más parecidas a actrices porno que a profesionales sanitarias. Y ahora su reclamación ha llegado hasta Amazon y han ido más allá de los productos textiles. En la plataforma internacional ese tipo de representaciones están estampadas en multitud de bolsas, mochilas, pendrives, tazas, material de escritorio…

Esta figura de Betty Boop es solo una muestra de la sexualización absoluta que la profesión acarrea desde hace décadas.
Esta figura de Betty Boop es solo una muestra de la sexualización absoluta que la profesión acarrea desde hace décadas.

Es un suma y sigue interminable que ha acabado por agotar la paciencia de las profesionales y que en parte se ve arropado, consciente o inconscientemente, por este movimiento feminista global que está removiendo todos los cimientos. Su objetivo es que los suyos también se renueven. Explica la portavoz que hay más de un estereotipo que erradicar: “A nosotras porque se nos sexualiza y se nos ve desde una perspectiva machista, a ellos porque hay una idea preconcebida de que los enfermeros, por ser enfermeros, son gais. Y a todos porque en multitud de ocasiones la idea que se tiene de la labor y la responsabilidad de esta profesión no se corresponde con la realidad”.

Crearon una petición en Change.org —que sigue abierta y a la que le faltan 500 firmas— para hacer un llamamiento social e institucional: la creación de un Observatorio de la Mujer en el ámbito sanitario que haga un seguimiento pormenorizado de los casos de difusión de imágenes y conductas sexistas y establezca un plan de actuación para que no se repitan. Esa misma petición, personalmente, se la trasladó el presidente del sindicato a la ministra de Sanidad, Dolors Montserrat, el pasado febrero, y ella le aseguró que estudiaría la propuesta.

Hace algo más de un mes, el 17 de abril, fue el PSOE quien presentó una Proposición no de Ley en el Congreso de los Diputados junto a Manuel Cascos, presidente de SATSE, para crear un Plan sobre igualdad y no discriminación en la profesión sanitaria en el que se incluyó la puesta en marcha de ese observatorio. Algo necesario e imprescindible para un cambio profundo en las estructuras profesionales que, con la marejada presente, tal vez haya que sentarse a esperar.

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