Las monjas que miraban al cielo.

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Carte du Ciel Tres de las cuatro monjas trabajando en el proyecto, para el que utilizaban microscopios para ver las placas fotográficas (EFE)

De 1910 a 1921, cuatro religiosas catalogaron miles de estrellas en el Observatorio Vaticano

 corresponsal. la vanguardia

El papel de las mujeres en la Iglesia es uno de los grandes desafíos a los que se debe enfrentar el Vaticano a corto plazo. El papa Francisco ha sido criticado por varias líderes dentro de la Iglesia por haber enterrado el debate del sacerdocio femenino. Pese a que instituyó una comisión para estudiar el diaconado femenino y ha nombrado a algunas mujeres al frente de posiciones importantes en el Vaticano, muchas piden más visibilidad en lugares de responsabilidad.

Pero hace más de un siglo, cuatro monjas italianas estuvieron al cargo de una de las mayores misiones del Observatorio Astronómico del Vaticano: catalogar cientos de miles de estrellas para realizar el primer mapa celeste de la historia. Entre 1910 y 1921, las religiosas controlaron la brillantez y las posiciones de 481.215 estrellas de cientos de placas fotográficas. Hasta hace dos años, su figura había pasado totalmente desapercibida. Ahora el observatorio, que desde 1935 se encuentra en la residencia vaticana de Castel Gandolfo, a 18 km de Roma, quiere rendirles homenaje.

 

 

“Es un hecho que la ciencia sigue siendo dominada por hombres y tenemos una historia que nos demuestra que las mujeres siempre han sido activas en ella, también en posiciones secundarias. Recuperar esta historia nos puede ayudar a estar más atentos a eliminar estos obstáculos”, cuenta el jesuita Paul Mueller, subdirector del observatorio.

Las religiosas formaron parte de un proyecto internacional para realizar el primer mapa celestial

Emilia Ponzoni, Regina Colombo, Concetta Finardi y Luigia Panceri, nacidas a finales del siglo XIX en Lombardía, fueron las cuatro monjas del Instituto de la María Niña elegidas para formar parte del ambicioso proyecto Carte du Ciel. En 1887, los mejores astrónomos del mundo se reunieron en París para la creación de un mapa celestial que catalogase las posiciones de las estrellas. El Vaticano, gracias al astrónomo Francesco Denza, fue uno de los 18 observatorios mundiales que decidieron formar parte de esta aventura. Querían decir al mundo que la Iglesia también apoyaba la ciencia, y no sólo estaba preocupada por la teología y la religión.

Tras la muerte de Denza, el jesuita John Hagen quedó al cargo del proyecto, pero todo para él era muy nuevo. “Así que visitó Europa para ver cómo lo hacían y vio que en algunos observatorios había mujeres que leían las posiciones de las estrellas y lo escribían en un libro con coordenadas precisas”, contó el jesuita Sabino Maffeo, de 95 años, a Catholic News Service. Cuando Hagen pensó en qué mujeres podrían contratar en el Vaticano, la respuesta era obvia: monjas. El Instituto de la María Niña fue el centro ­elegido, por su cercanía al Vaticano.

En la imagen, parte de los mapas celestes que conserva la Specola del proyecto 'Carte du ciel', que finalmente no logró completarse y que realizaron las monjas
En la imagen, parte de los mapas celestes que conserva la Specola del proyecto ‘Carte du ciel’, que finalmente no logró completarse y que realizaron las monjas (EFE)

“La madre superiora no era muy entusiasta con la idea de perder a monjas para la caridad y destinarlas a la ciencia”, cuenta Mueller. Pero al final aceptó. Al principio, en 1910, el trabajo empezó sólo para dos de ellas, pero pronto se le unieron otras dos. Su gran punto a favor era la paciencia: se necesitaban horas para visualizar unas placas fotográficas que tomaba un telescopio y anotar sus posiciones. Los papas Benedicto XV y Pío XI las recibieron para agradecerles el trabajo, y el catálogo astrográfico del Vaticano las mencionó específicamente subrayando su “celeridad y diligencia”. El proyecto Carte du Ciel terminó inacabado en 1966 catalogando casi cinco millones de estrellas.

“Como en la película Figuras ocultas (2016), que cuenta la importancia del trabajo no reconocido de las mujeres negras en la NASA, las monjas del observatorio vaticano nos recuerdan que muchas veces el papel de las mujeres en la ciencia es invisible”, explica Mueller.

Hoy en día, en el Observatorio Astronómico Vaticano de Castel Gandolfo sólo trabajan 14 sacerdotes jesuitas, pero tienen varios colaboradores, entre los cuales hay muchas mujeres. En sus terrazas, con vistas magníficas sobre el lago Albano, tienen dos gigantescos telescopios con los que siguen investigando. Manejan un presupuesto de un millón de euros. “La ciencia y la religión tienen el mismo objetivo: buscar la verdad objetiva que como humanos tenemos la capacidad de buscar”, concluye Mueller.

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