¿Ha terminado el Sínodo?

Crstina Inogés. cristianismeijusticia.net

Sí. Evidentemente, el Sínodo terminó el día 27 de octubre con la celebración de la eucaristía de clausura; sin embargo, la sinodalidad sigue adelante. 

El hecho de que no hubiera exhortación final fue la gran sorpresa con la que nos sorprendió, de nuevo, Francisco. Este gesto, previsto ya desde 2018, ha permitido que el documento final se convierta en magisterio eclesial. Tal y como he ido diciendo desde hace unos días, estamos ante la Exhortación del pueblo de Dios. 

El documento no es perfecto en su redacción (algún día habrá que explicar las condiciones en las que han trabajado los redactores), pero recoge lo esencial que se ha dicho en la Asamblea. Se partía del documento surgido de las aportaciones de grupos y comunidades de todo el mundo que, a su vez, habían trabajado el documento de la Asamblea de 2023. Siendo sinceros, debe decirse que nuestro país hizo muy pocas aportaciones . Los motivos ya los comentaremos en otra ocasión. 

En todo caso, me quedo con cuatro puntos , y recuerdo que estamos ante un documento de magisterio eclesial: A/ Es un documento abierto que sirve para todos los contextos, culturas y realidades eclesiales que quieran empezar a hacer realidad una Iglesia sinodal. B/ Se aconseja trabajar, y ya lo están haciendo, en el Código de Derecho Canónico para que el voto consultivo de los distintos consejos diocesanos y parroquiales pase a ser deliberativo. Esto comportará un tiempo, pero ya está en proceso. C/ Se ha dado un gran paso adelante en temas de transparencia y rendición de cuentas, que abarcan desde cuestiones económicas hasta cuestiones pastorales, e incluso procedimientos para la evaluación periódica del desarrollo de todos los ministerios y tareas dentro de la Iglesia. D/ La formación se aconseja que sea integral, continua y compartida (hombres y mujeres en todos los estados de vida en la Iglesia) y que abarque todas las dimensiones de la persona: intelectual, afectiva, relacional y espiritual. Se indica con fuerza la importancia de la formación de formadores. 

Como siempre, habrá personas insatisfechas que consideren que no es suficiente. A estas personas, ya todas en general, les recuerdo que el Sínodo no ha trabajado sólo para «mi» Iglesia, sino para la Iglesia universal, con toda su diversidad cultural y contextual .

Sería muy interesante que, a partir de ahora, para ir evaluando y, en caso necesario, corrigiendo la puesta en práctica del documento final de la XVI Asamblea del Sínodo, se celebraran asambleas nacionales y continentales. Es la mejor manera de que el engranaje se ponga en funcionamiento de forma efectiva. 

Todos somos responsables -y cuando digo «todos», me refiero a todo el pueblo de Dios- de hacer de la Iglesia sinodal una realidad. Necesitamos líderes fuertes y sería maravilloso que los encontráramos en la figura de los obispos. Para ello, también el documento recomienda que los obispos tengan una formación permanente dentro del contexto en el que viven.

He dejado por el final el comentario sobre el número 60 del documento, que hace referencia a las mujeres. Es la primera vez en la historia de los sínodos que un número del documento final tiene tal cantidad de votos en contra: 97. Al leerlo, se comprueba fácilmente dónde se encuentra la mayor resistencia y, la verdad, resulta muy triste que, en a estas alturas, haya quien juzgue negativamente el contenido del párrafo. 

En cualquier caso, es necesario ser más resistentes que la resistencia porque, si hemos llevado a cabo un proceso durante tres años que nos ha permitido descubrir que otra manera de ser Iglesia es posible, no debemos dejar de seguir haciendo realidad lo que hemos conseguido .

Cada diócesis, comunidad parroquial, congregación, movimiento, a la velocidad que necesite. La parte buena de los procesos es que no deben tener una fecha de conclusión obligatoria y no debemos juzgarla. Será bueno ir aprendiendo unos de otros, de unas diócesis a otras, e incluso de las vivencias sinodales de otros países. 

Algo nuevo ya empieza a despuntar. ¿No se da cuenta? (Is 42,18)

[Imagen de  James Henry  en  Pixabay ]

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