Cuando lo justo se convierte en ilegal

Charo Marmol. alandar.org

Una vez más mi querida Araceli Caballero me ha hecho pensar. Esta vez ha sido con su artículo “Hablarán de nosotras cuando hayamos muerto”. Si no lo han hecho todavía léanlo; les ayudará a profundizar en la situación de las personas sin hogar.

He estado colaborando durante ocho años con la Fundación Luz Casanova que trabaja, desde hace más de un siglo, con personas vulnerables y sin hogar.

Estaba en el departamento de comunicación. En ese tiempo hice alguna que otra entrevista a los usuarios del centro: operarios de grúa, camareros…, todo tipo de profesiones y situación social: solteros, divorciados, separados, parados… Un cúmulo de factores les llevaron a vivir en la calle. Pero de todos el que más me impresionó fue el caso de Roberto. Tenía 64 años, bien parecido, con el pelo largo y canoso, limpio. Con una cadencia melosa al hablar que producía una conversación agradable. Roberto era periodista. Además de otras emisoras y como final de su carrera, fue corresponsal en Europa de Radio Exterior de España. Por distintos motivos personales que por espacio no puedo desarrollar aquí, se vio abocado a una situación que nunca pensó que podría sucederle a el: vivir en la calle.

Mi entrevista con Roberto me causó una gran conmoción. Podría ser yo. Nadie está libre de que la vida le dé un revés, un encadenado de adversidades.

Estos días, además del artículo de Araceli, en la prensa han saltado algunas noticias que me han vuelto a remover ante la situación de las personas que no tienen un hogar, un techo que las acoja, que se ven abocadas a vivir en la calle.

“Un sintecho de 26 años fue encontrado muerto en el parque de la Ciutadella de Barcelona”. Esta es una noticia de Europa Press del 16 de enero pasado. El joven necesitaba seguimiento médico y, a pesar del frio intenso de esos días, las instituciones no activaron ningún servicio de emergencia. Una muerte totalmente evitable.

“La Policía Nacional ha detenido a un joven por supuestamente prenderle fuego a una persona sin hogar mientras dormía en la zona de cajeros de una sucursal bancaria de Palma”. Noticia también Europa Press.

Junto a todo esto, mi también buen amigo Waldo F. Ramos me hace llegar su comentario sobre las personas que pasaron 55 días en prisión provisional y que ahora se enfrentan a una causa judicial que pide para ellos un total de 77 años de cárcel. ¿Su crimen?: En febrero de 2018 realizaron una manifestación pidiendo soluciones habitacionales para las personas sin hogar en las inmediaciones de la calle Macarena, en Sevilla.

En los siete años transcurridos desde los hechos, las administraciones públicas no han dado ni un paso relevante para hacer frente a la realidad de los sin techo.

Los Tribunales persiguen lo ilegal, no lo injusto. No sabemos qué ilegalidad cometieron los manifestantes. Sí sabemos que sus demandas eran justas.

Creo que los tiempos que estamos viviendo nos urgen a tomar conciencia, a empatizar con aquellos que se ven expulsados del sistema, los “no válidos”, excluidos y excluidas. Quienes podemos tenemos que hacernos eco de sus demandas, de sus situaciones injustas. Es posible que tengamos que pagar un precio por ello, pero el precio mayor es el sentimiento de mirar para otro lado cuando la injusticia, aunque sea legal, se ceba con ellos

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