Tiempos de esclavitud

Charo Marmol. alandar.org

Mi madre no trabajó nunca, al menos nunca que yo la viera. Creo que, siendo muy joven, apenas una adolescente, lo hizo en una fábrica de aluminio. También estuvo cuidando algunos niños cuando aún no era tiempo de que la cuidaran a ella. Pero no, mi madre no trabajó nunca. Se dedicó a sus labores. Sus labores no consistían en hacer punto y encajes de bolillos, aunque algunos encajes sí que tenía que hacer para sacar adelante a sus cuatro hijos, tres hijos y una hija para más exactitud, con un sueldo nimio, el de mi padre, que sí que trabajaba y llevaba a casa una miseria por jornadas extenuantes y exhaustivas.

Mi madre siempre tuvo una mala salud de hierro y tuvo que hacer milagros para sobrevivir a aquellos años y sacar adelante a la familia: cuidaba de los cuatro, arreglaba la casa, limpiaba el portal, cocinaba (por cierto que muy requetebién), y todo esto sin horario ni retribución económica, pero mi madre formaba parte de ese batallón de mujeres que nunca han trabajado. ¿En serio?

Este mes se celebra el Día Internacional de la mujer trabajadora y me pregunto yo, ¿qué mujer no es trabajadora? Bueno, creo que si nos podemos melindres y rebuscamos alguna encontraremos, pero por Dios que este no es el común denominador. Las mujeres por lo general y cada una en particular duplicamos las jornadas de los varones. Ahora trabajamos, algunas, fuera de casa; somos profesionales y ocupamos un puesto laboral, pero cuando regresamos a casa, todas, casi todas, nos encargamos de “nuestras labores”.

El término moderno son los cuidados, y en palabras de la gran María Ángeles Duran, “los cuidados conllevan para las mujeres pobreza, inseguridad y marginalidad. Es una factura muy alta” porque “las mujeres dedican a las tareas no remuneradas un 20% de su tiempo frente al 10% de los varones. En los trabajos rutinarios del hogar, los hombres dedican el 4% de su tiempo frente al 11% del de las mujeres”.

Durán ha acuñado el término cuidatoriado, igual que en otro momento se acuño el proletariado. Pero, ¿quién lo conforma? “… la mayoría son mujeres de mediana edad o de edad avanzada que no cobran, sino que lo hacen por afecto y por sentimiento de obligación familiar. Y estas mujeres no tienen ninguno de los derechos que han conseguido los trabajadores a través de las luchas sindicales de 200 años. No tienen derecho a la seguridad social… Pero si no has tenido seguridad social, cuando seas mayor estarás condenada a la miseria y a la dependencia. Y sobre sus condiciones: sin remunerar, con horarios infinitos, sin derecho de paro, sin seguridad social y en el futuro no tendrán pensiones”. Cuidar sigue siendo cosa de mujeres porque lo que para ellos es generosidad, para las mujeres se convierte en obligación.

Mi madre y cientos, miles de mujeres conforman el cuidatoriado; es decir una masa informe de mujeres explotadas y sin ningún reconocimiento social, pero que son las que han mantenido y siguen manteniendo el tejido social que conforma y mantiene la sociedad, la pasada y la actual; y, como no espabilemos, seguirán manteniendo la sociedad futura.

Salgamos a la calle y gritemos, pero sobre todo trabajemos por una sociedad igualitaria, donde los cuidados sean repartidos y además reconocidos. Porque la esclavitud hace tiempo que oficialmente se erradico y el trabajo que no se paga es trabajo esclavo.

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