QUIETUD

Matilde de Torres Villagrá. Desde el Vacio

En el monte, en esta apacible mañana de mayo, me detengo. Al principio parece que todo se detiene, pero sólo al principio, si continúo quieta, me doy cuenta que todo sigue. El árbol sigue moviendo perezosamente sus ramas, seguramente continúan sus raíces absorbiendo cualquier cosa, la flor sigue abriéndose al sol, regalando su aroma, ofreciéndose a la abeja que sigue recogiendo polen y sigue también la mariposa revoloteando y la hormiga y el ciempiés yendo de un lado a otro. Sigue el pájaro canturreando, el viento soplando, la nube desplazándose en el cielo, sigue la roca haciéndose tierra, el río haciéndose mar, el mar haciéndose nube… y aún así, todo queda detenido cuando me paro, convertido en eternidad, una eternidad danzante.

Detenido el pensamiento sólo queda la vida quieta con su danza infinita.

Y ahora, aquí, convirtiendo en pensamiento lo imposible, siento la quietud también en las palabras, la eternidad en el papel y en la pluma, en las teclas del ordenador, en el vaso de agua.

Y aunque ya bajé del monte, se me vino la quietud enganchada y algo en mí continúa detenido mientras todo sigue.

Y en esta quietud, el mundo se hace más ancho y es más fácil que todo quepa en él.

¡Gracias!

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