La vida pasa en un vagón de metro

Paula Cuesta. pastoralsj.org

“La vida pasa en el metro, en el autobús, en el supermercado, en un parque, en
la calle… la vida pasa delante de nosotros, pero desde hace un tiempo parece
que la vida solo pasa en la pantalla de nuestros “smartphones”.
Estoy embarazada de siete meses de mi tercer hijo, cada día para ir a la oficina
cojo el metro, son solo tres paradas, pero a esas horas casi nunca hay sitio y
tengo que ir de pie. En el metro siempre voy con la música o la radio en los
auriculares, eso sí, pero voy observando a la gente, y de vez en cuando
intercambio una sonrisa o una mirada, con niños y ancianos, el resto de la
población va inmersa en el contenido que le ofrece su móvil. Algunos estoicos
leen un libro en papel, a esos me dan ganas de darles un abrazo.
El caso es que voy de pie porque nadie me ofrece su sitio, nadie me mira,
vamos pegados los unos a los otros, pero somos invisibles. La última vez que
fui de pie en el metro tenía una chica sentada justo debajo, casualmente en el
asiento de color verde “reservado” a las personas ancianas, discapacitadas o
embarazadas, ella iba viendo un vídeo en redes sociales sobre momentos
bonitos que tenían lugar en un metro (de una ciudad extranjera). Sonreía
viéndolo y yo me paré a pensar en lo absurdo de la situación… Ella iba en un
metro rodeada de gente, pero su mente no estaba en ese vagón, sino en el de
su pantalla; con solo haber levantado unos centímetros su cabeza se habría
dado de bruces con mi barriga… y, entonces, me pregunté: si ahora mismo me
pusiera de parto o me pasara algo, ¿me ayudaría o me grabaría con su móvil
para compartirlo en redes?
Quiero pensar que sería lo primero, tengo que creerlo porque tengo que seguir
cogiendo el metro y sé que entre todas esas personas y pantallas hay vida: la
vida de verdad”.

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