Adviento: Shalom, Bendición y Magnificado

 Lucha Castro. cristianismeijusticia.net

Una reflexión en clave feminista desde la Visitación (Lucas 1, 39-56)

En el corazón del Adviento late la historia de dos mujeres que se buscan, se llaman por el nombre, se abrazan y se levantan mutuamente: María y Isabel . Su encuentro —la Visitación— es una escuela de sororidad, un templo doméstico, un altar de resistencia y esperanza. Allí germina el Reino. Allí se inaugura el Evangelio.

Y en este encuentro luminoso resuenan tres palabras clave para vivir este Adviento: Shalom, Bendición, Magnificado .

Shalom: El saludo que abre caminos

María «se puso en camino» y entró en casa de Isabel con un saludo lleno de Espíritu: Shalom .

No fue un «hola» acuciado, sino un «que tu vida sea fecunda de plenitud, totalidad, salud y alegría» . Un deseo profundo, integral, radical.

Adviento nos invita a volver a ese gesto originario: salir hacia otras mujeres, hacia aquellas que cargan vida, dolor, sueños, soledades o luchas. Salir con prisa, como María. Salir con compasión. Salir con Shalom .

Shalom es abrazo, cuidado, presencia. Es un «estoy contigo». Es reconocer la dignidad de la otra mujer, su historia, sus heridas, su fuerza. En tiempos de violencia, desigualdad y cansancio, Shalom es nuestra primera labor espiritual.

Bendición: Isabel, la voz que confirma

Cuando María habla, Isabel siente que la vida salta en su interior. Bendecir es eso: hacer saltar la vida en la otra , recordarle quién es, devolverle su nombre cuando el mundo le ha silenciado.

Isabel no compite con María: la bendice , la llama, la confirma. En un mundo patriarcal que nos entrena para compararnos, Isabel nos enseña el lenguaje olvidado del amor entre mujeres.

Bendecir es un acto profundamente feminista: • rompe la lógica de la rivalidad; • crea comunidad; • sana genealogías femeninas fracturadas; • siembra confianza y ternura; • dignifica cuerpos, voces y procesos.

La Visitación no es sólo un momento histórico, sino una llamada permanente a acompañar, bendecir y caminar, a salir al encuentro de la otra: la soltera, la viuda, la fea, la violada, la callada, la triste, la bella, la fiel, la ignorante, la prostituta, la neurodivergente, la autista, la de. En el Adviento, bendecir es reconocer en cada mujer —en la anciana y en la joven, en la que sufre y en la que sueña— la presencia encarnada de Dios.

Magnificado: Cantar para transformar

Tras el Shalom y la Bendición, brota el Magníficat , el canto subversivo de María. No es un murmullo piadoso: es un grito de justicia , un poema revolucionario, una teología de la liberación en voz de una mujer pobre, joven y migrante.

María canta contra las estructuras que oprimen y humillan. Canta la dignidad de los hambrientos y de las invisibilizadas. Canta la caída de los poderosos. Canta la victoria de Dios en favor de los pequeños. Canta lo que muchas mujeres no podían ni decir en voz alta.

El Magnificado es un mapa espiritual para los tiempos oscuros. Es un llamamiento a encarnar la esperanza, a luchar por la justicia, a acompañar a mujeres migrantes, enfermas, desplazadas, violentadas, empobrecidas, silenciadas. Es un canto para aquellas que sostienen la vida incluso con lágrimas en los ojos.

En el Adviento, el Magnificado nos invita a poner el cuerpo , a hacer de nuestra vida una profecía activa y una promesa hecha gesto.

Tres palabras para vivir el Adviento hoy

Shalom: salidas que curan. Bendición: encuentros que confirman. Magnificado: cantos que liberan.

Como María y Isabel, también nosotros estamos llamadas a andar juntas, a visitarnos, a sostenernos, a darnos nombre, a cantar contra la injusticia ya sembrar esperanza en cada casa, cada barrio, cada comunidad.

Que este Adviento sea el tiempo en que: • nuestro saludo lleve a Shalom, • nuestras palabras sean bendición, • y toda nuestra vida se convierta en Magnificado.


[Imagen de Luis Alvaz ,  CC BY-SA 4.0 , vía Wikimedia Commons]

Un comentario

  1. Muchas gracias, por invitarnos a pensar desde los personajes bíblicos, nuestros tiempos.

    Siempre me conmueve pensar en ese encuentro de Isabel y María y ustedes me ayudaron a pensarlo desde nosotras mismas.

    desde lo que podemos hacer mujeres de hoy, de estos tiempos a veces tan grises, para ponerles una nota de color.

    Muchas gracias otra vez, DIOS LAS/ LOS BENDIGA!!!!

Deja un comentario