Visto Desde Oriente
SHAHRZAD HOUSHMAND ZADEH. Mujeres Iglesia Mundo
Convertirse en madre crea un vínculo único, un amor sin medida. Perder a un hijo es el Dolor absoluto. Sin embargo, lograr perdonar al asesino de su propio hijo es un gesto de transformación radical: una sabiduría femenina que desafía el instinto natural y la voluntad social de venganza. Pocos gestos han encarnado esta verdad tanto como la elección de Samereh Alinejad, una madre iraní que, en el patíbulo, transformó la justicia legal en gracia.
En abril de 2014, en la ciudad de Noshahr, Balal Abdullah, condenado a muerte por haber matado al hijo de Samereh durante una pelea, esperaba la ejecución por ahorcamiento. El derecho islámico del Qisas (ojo por ojo) concedía a la familia de la víctima la última palabra: la madre, en un instante de poder absoluto, podría haber retirado la banqueta bajo los pies del condenado. Mientras Balal con la soga al cuello lloraba y suplicaba piedad, Samereh Alinejad se acercó. No empujó a Balal hacia la muerte, ni ofreció un perdón silencioso. En un gesto que impresionó al mundo entero, lo abofeteó. Un instante de humana visceral ira, el último grito del Dolor. Poco después, sin embargo, su gesto se elevó a un nivel de sabiduría inalcanzable: ella y su esposo retiraron la soga del cuello del joven para liberarlo.
Samereh había ejercido su derecho a la venganza, pero lo hizo a su manera, no con la muerte, sino con un acto de amonestación y perdón eterno. Su acción es la expresión terrenal de una profunda fe y de una enseñanza espiritual que exalta el perdón como camino hacia la recompensa divina y la purificación personal: “Y el resarcimiento por un mal es un mal equivalente, pero a quien perdona y se reconcilia, su recompensa está junto a Dios. En verdad, Él no ama a los injustos” (Corán 42,40). “… Y que perdonen y pasen por alto (ignorando). ¿No deseáis que Dios os perdone también a vosotros? Y Dios es Perdonador, Misericordioso” (Corán 24,22).
La decisión de Samereh Alinejad demuestra que la sabiduría no es la fría lógica del derecho, sino la lógica cálida de la compasión (Rahma), la elección de interrumpir el ciclo de la violencia. Es un acto soberano de poder ético: no añadir otro duelo, no generar otra víctima, sino abrir un espacio para la posibilidad de una segunda oportunidad.
La bofetada fue el castigo; el perdón, su herencia.
“La herida es el lugar por donde la Luz entra en ti”, dice el teólogo musulmán y poeta místico persa Jalal al-Din Rumi.
Samereh Alinejad permitió que la Luz entrara, transformando el vacío dejado por su hijo en una rendija de esperanza para toda la humanidad.
de Shahrzad Houshmand Zadeh
