DOMINGO 3º (A)
Mt 4,12-23
Mateo deja claro que Jesús comienza su actividad lejos del templo, de las autoridades religiosas, desligado de toda conexión con la institución. Pero también deja claro que la predicación de Jesús es continuación de la de Juan: arrepentíos, está cerca el Reino.
Arrepentíos. El primer significado del “metanoeo” griego no es arrepentirse ni hacer penitencia sino cambiar de opinión, rectificar, cambiar de mentalidad. Si cambias de mentalidad, cambiarás de rumbo. Al traducirlo por arrepentirse, suponemos que la actitud anterior era pecaminosa. Y entonces solo se tiene que convertir el “pecador”.
Todos tenemos que estar cambiando de mentalidad. Convertirse es rectificar el camino que llevo, cuando me he dado cuenta de que la meta no está en esa dirección. Muchas veces no es posible descubrir que una senda es equivocada, hasta que no la hemos recorrido. El mayor peligro es estar convencido de que no tengo nada que rectificar.
Está cerca el Reino. Para ver la dificultad basta recordar algún texto evangélico: no está aquí ni está allá, está dentro de vosotros; mi Reino no es de este mundo. No debemos traducirlo por ‘está’, el Reino no es una realidad estática sino dinámica. La Vulgata lo traduce por “appropinquavit” que significa acercarse. El verbo “hggizw” significa estar cerca y acercarse. Los primeros cristianos decían: ya pero todavía no.
Reino de los Cielos. Los demás evangelistas (también alguna vez Mateo) hablan de «el Reino de Dios». Decían ‘de los cielos’, para evitar el nombre ‘Dios’. En el NT, fuera de los evangelios, se habla del Reino de Cristo. Expresión muy peligrosa porque nos induce pensar que Jesús es el dueño, olvidando que Jesús nunca se predicó a sí mismo.
Es imposible definir lo que es el Reino de Dios porque no es nada concreto. En el evangelio nunca se define, aunque fue el núcleo de la predicación de Jesús. Si no reina el amor no reina Dios. Jesús fue la más fiel manifestación del Reino que es Dios.
La palabra griega “basileia” se puede referir al poder que un rey tiene (reinado). Puede significar el territorio o puede significar el conjunto de los súbditos (reino). Ninguno expresa lo que Dios es. Porque no hay ningún rey, menos todopoderoso. Porque Dios nunca hace o deshace. Porque Dios no tiene súbditos a quienes gobernar.
Es imposible entender esta expresión si no salimos de la idea de un dios soberano, todopoderoso, que desde su trono en el cielo gobierna el universo. Dios es Espíritu. Cuando decimos: Reina la paz, reina la oscuridad o reina el amor, no pensamos en entes que dominan alguna parte de la realidad sino en un ámbito en el que se desarrolla algo.
Reinado de Dios quiere decir que el ser humano desarrolla lo que tiene de divino. Significa que ha tomado conciencia de lo divino presente en él. Es la atmósfera en que la relación humana consigo, con los demás y con las cosas se despliegan en total armonía.
Entrar en el Reino es tomar conciencia de esa realidad de Dios en mí y actuar en consecuencia. Hoy está clara esta dinámica. El Reino lo manifiesta el que cura, no en el curado. Es Jesús al curar quien hace presente a Dios, no el ciego cuando es curado.
El Reinado de Dios significa la radical fidelidad de Dios al hombre. La realidad primera de ese Reino la constituye Dios, no nosotros. No es una realidad que hace referencia al hombre, sino a Dios. Esto sí que es una “buena noticia”, la mejor que podrían darnos.
El hombre, para ser fiel a Dios no tiene que renunciar a sí mismo, al contrario, la única manera de ser él mismo es descubrir lo que Dios es en él. En cuanto pone su fin fuera de Dios, el hombre falla estrepitosamente a su verdadero ser y no hay ya posibilidad de ser fiel ni a Dios ni a sí mismo. Solo si soy fiel a mí mismo puedo ser fiel a Dios.
Fray Marcos
