Nazareth CASTELLANOS, El puente donde habitan las mariposas. Biosofía de la respiración, Siruela, Madrid 2025, pp. 126-127
“El sendero que nos conduce a lo que (ya) somos es un camino curioso. Parece que, cuanta mayor sea la capacidad del caminante, más empedrada es la senda. Los cerebros de aquellas personas que tienen más capacidad de introspección asignan más recursos neuronales a este proceso y, por lo tanto, lo viven con mayor intensidad emocional. Las emociones negativas pueden serlo más aún para aquellos con alta capacidad de metacognición, reza el artículo publicado en Frontiers in Psycology en 2013.
Aviso a navegantes: la mirada interior supone un precio psicológico proporcional a la fuerza del viajero, pero tan enriquecedor como su coraje. Sin duda, lanzarse al mar en la tormenta es solo de valientes. Abandonar la tierra firme, por incómoda que sea, supone una apuesta arriesgada. Parece que es la orilla la que se aleja cuando comenzamos a navegar; en realidad, somos nosotros los que nos alejamos, sin saber, además a dónde nos dirigimos. El cerebro se enfrenta a una situación donde la recompensa es lejana, incierta y muchas veces invisible y sin forma.
Gran parte de los retos psicológicos comienzan para escapar de un lugar, no siempre porque se tenga claro a dónde se quiere llegar. Un objetivo impalpable es, neuronalmente, una abstracción a la que nuestro cerebro difícilmente dedicará sus recursos.
Siempre me ha sorprendido con cierta extrañeza nuestra admiración por los héroes o heroínas de la historia, los que se enfrentan a legiones enteras, las que vencen a monstruos de cien cabezas, los que atraviesan océanos en tempestad o las que conquistan lunas. ¿Acaso no los hacemos cada uno de nosotros en nuestras guerras internas? Los escenarios no son tan épicos, eso es verdad. Las grandes batallas y victorias pueden darse en el salón de casa, en un hospital, en una consulta o en la conversación en una mesa de la terraza de un restaurante. Atreverse depende de nosotros. “Y lo que verdaderamente nos empuja a hacerlo es la voluntad, la presencia; y el verdadero obstáculo que cada cual lleva dentro de sí, como lepra oculta, que no hace más que crecer, es la indiferencia”, dice Steiner, dice Ramón y Cajal, y han dicho muchos otros desde milenios. Y a mí me parece cierto”.
