TIENES TU LUZ BAJO EL CELEMÍN

Fray Marcos. feadulta.com

DOMINGO 5º (A)

Mt 5,13-16

Continuamos con el primer discurso de Jesús en el evangelio de Mateo. Es, por tanto, un texto al que se le quiere dar suma importancia. Se trata de dos comparaciones aparentemente sin importancia, pero que tienen un mensaje de gran calado para la vida humana. La tarea más importante de todo ser humano sería estar ardiendo e iluminar.

Todo el que ha alcanzado la iluminación, iluminará. Si una vela está encendida, necesariamente tiene que dar luz. Si echas sal a un alimento, quedará salado. Pero, ¿qué queremos decir cuando aplicamos a una persona humana el concepto iluminado?

Somos plenitud de luz, pero no es fácil tomar conciencia de ello. Solo lo comprenderemos en la medida que descubramos esa luz. Está claro que no nos referimos a ninguna clase de luz material o conocimiento especial. Nos referimos más bien a un ser humano que ha despertado, es decir que ha desplegado todas sus posibilidades de ser humano.

El evangelio da por supuesto todo el proceso de despertar y considera a los discípulos ya iluminados y capaces de iluminar a los demás y eso no es lo que dicen los evangelios. Estar despierto no se puede dar por supuesto, tenemos que emprender la tarea de despertar. Sería inútil que intentáramos iluminar a los demás antes de estar ardiendo.

Ni la sal ni la luz son provechosas por sí mismas. La sal solo es útil cuando acompaña a los alimentos. La luz no se puede ver, es absolutamente oscura hasta que los fotones tropiezan con un objeto material. La sal, para salar, tiene que deshacerse, disolverse, dejar de ser ella. La lámpara o la vela producen luz, pero el aceite o la cera se consumen.

La sal actúa desde el anonimato, ni se ve ni se aprecia. Si un alimento tiene la cantidad precisa, pasa desapercibida. Si a un alimento le falta o le sobra, nos acordamos de ella. No es importante la sal, sino la comida sazonada. Era tan apreciada que se repartía en pequeñas cantidades a los trabajadores, de ahí procede la palabra “salario” y “asalariado”

Jesús dice: sois la sal, sois la luz. El artículo determinado nos advierte que no hay otra sal ni otra luz. Todos esperan algo de nosotros. El mundo de los cristianos no es un mundo cerrado y aparte. La salvación que propone Jesús es la salvación para todos. El mundo tiene que quedar sazonado e iluminado a través de los que siguen a Jesús.

Cuando se nos pide que seamos luz, se nos está exigiendo algo decisivo para la vida espiritual propia y de los demás. La luz brota siempre de una fuente incandescente. Si no ardes no podrás emitir luz. Pero si estás ardiendo, no podrás dejar de emitir luz y calor.

Debemos iluminar, no deslumbrar. Debe estar al servicio del otro, pensando en su bien no en mi vanagloria. Debemos dar lo que el otro espera y necesita, no lo que nosotros queremos imponerle. Los cristianos somos más aficionados a deslumbrar que a iluminar.

En el último párrafo, hay una enseñanza esclarecedora: “Para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre”. La única manera eficaz de trasmitir el mensaje son las obras. Evangelizar no es proponer una doctrina elaborada y convincente. No es obligar a los demás a aceptar nuestra ideología o manera de entender la realidad.

Solo las obras que nacen de una actitud auténtica pueden iluminar. Lo que hay en mi interior solo puede llegar a los demás a través de las obras. Toda obra hecha desde el amor es luz. Si nos conformamos con una programación, nadie nos hará caso.

En el centro de ti mismo hay una hoguera, no necesitas que llegue del exterior. Toda la energía está ya dentro de ti. Si no ahogas la llama iluminará a todos. Lo más profundo de ti mismo es lo eterno. Eres una sola cosa con la Esencia universal que lo atraviesa todo. No mires hacia fuera, solo dentro de ti encontrarás la Última Realidad que te atraviesa.

Fray Marcos

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