Matilde de Torres Villagrá. Desde el Vacio
Cada generación tiene sus retos en esta aventura de la conciencia. El gran reto de estos tiempos se presenta en forma de tecnología, inteligencia artificial, sobreinformación.
Rapidez y superficialidad es lo que se nos ofrece para que movilicemos una atención de más calidad.
Se habla mucho de que con tanto estímulo constante la atención se fracciona y poco a poco vamos perdiendo la capacidad de desarrollar una atención mantenida, hecho más que constatado que ya nadie cuestiona, y esto es precisamente la oportunidad que se nos da para desarrollar la atención aunque parezca lo contario.
Antes estar atentos digamos que era fácil, las cosas tenían un ritmo más pausado y daba tiempo a integrar la información. Buscar un libro sobre un tema podía llevarte un tiempo, y la búsqueda ya era enriquecedora, luego leerlo y si se quería contrastar pues requería otro tanto. Las canciones duraban varios años como novedad y las películas estaban en cartelera durante mucho tiempo. Digamos que el ritmo de la vida favorecía la atención. Había tiempo de ver las cosas varias veces, de sentarse en la puerta y simplemente mirar, oír, estar…
La gran novedad que se nos presenta en estos tiempos es que ahora la atención hay que elegirla, es necesario optar por permanecer atentos en una determinada cosa en medio de un mar de estímulos constantes que te llaman incansables para que desvíes tu atención hacia ellos y es esa posibilidad, ese factor de “elección”, de decisión, lo que le da un valor añadido a la atención.
Es como si se fueran creando condiciones cada vez más sutiles en su dificultad para ir desarrollando una mayor calidad en aquello que se hace. Elegir estar atento en este mundo disperso, incorpora un plus que abre las puertas a un mundo nuevo, la elección hace que miremos con ojos nuevos. Igual que elegir el contacto con la naturaleza en un mundo de pantallas y hormigón desvela la maravilla y nos ensancha porque hay una voluntad de querer conectar, o elegir trabajar con las manos (artesanía) en un mundo tecnológico, despierta sensibilidades desconocidas que antes podían pasar más desapercibidas. Y no se trata de volver al pasado, sino de descubrir la posibilidad que me brinda este momento y aprender a utilizar las nuevas herramientas como herramientas en vez de ser utilizados y manipulados dejándonos arrastrar por la fascinación de que con solo apretar un botón todo está hecho.
Es así como vamos creciendo, explorando aspectos nuevos, conectando con realidades más profundas, porque se me presentan elecciones donde antes no las había: elijo apretar un botón o recorrer un camino, elijo quedarme con mi móvil mandando corazones o propiciar el encuentro, elijo recibir más y más información o decir “hasta aquí”.
La vida va haciéndose cada vez más compleja para que podamos seguir explorando aspectos cada vez más sutiles. La profundidad está siempre disponible y cuanto más tira todo hacia la superficialidad, la rapidez la banalización, más acceso tenemos a una profundidad mayor.
Este es un tiempo fascinante, en el que parece que todo se nos da hecho pero en el que está todo por hacer y lo más interesante es que la clave está en esas pequeñas elecciones, esa toma de conciencia que amplía nuestra mirada, nuestras posibilidades, nuestra sensibilidad.
