DIOS ES SOLAMENTE ESPÍRITU

Fray Marcos. feadulta.com

D. 3º DE CUARESMA (A)

Jn 4,5-42

Hoy y los dos próximos domingos vamos a leer evangelios de Juan: Samaritana, ciego de nacimiento y resurrección de Lázaro. El “yo soy” de Juan, se repite en los tres: yo soy agua viva, luz, vida. El relato es una catequesis que invita a seguir a Jesús-Vida.

Los samaritanos eran despreciados por los judíos como herejes. El peor insulto que se podía hacer a un judío era llamarle samaritano. Sin esta clave no se entiende el relato.

Jesús es el agua viva, que va a sustituir la Ley y el Templo. Esta es la clave de todo el relato. La mujer no tiene nombre, representa la región de Samaría que va a apagar su sed en la tradición. Jesús está solo. Se trata del encuentro del Mesías con Samaría, la infiel. El profeta Oseas de Samaría había denunciado la prostitución de esta tierra.

Jesús toma la iniciativa al pedir de beber a la Samaritana. Se acerca implorando ayuda. Ella tiene lo que a él le falta y necesita, el agua. Es lógica la extrañeza de la mujer. Jesús acaba de derribar una doble barrera, la que separaba a judíos y samaritanos y la que separaba a hombres de mujeres. Reconoce que una mujer puede aportarle algo.

Jesús le ha pedido un favor, pero es para corresponder con otro mucho mayor. Jesús se muestra por encima de las circunstancias aparentemente adversas. La mujer no conoce más agua que la del pozo (la ley) que solo se puede conseguir con el esfuerzo humano. Como los judíos, no ha descubierto que existe un don de Dios gratuito y mejor.

El agua-Espíritu que da Jesús, se convierte en manantial que continuamente da Vida. Esa Vida contiene la energía suficiente para desarrollar a cada ser humano desde su dimensión personal más profunda. El Hombre recibe Vida en lo profundo de su ser. El agua hay que extraerla del pozo, el Espíritu está siempre en lo hondo de uno mismo.

Juan es un experto en la utilización de la falsa comprensión de un aserto para insistir en la explicación. Jesús habla de la Vida y la Samaritana habla del agua para beber. La mejor demostración de que mantenemos la ambivalencia es que la primera lectura es el pasaje de Éxodo, donde la prueba de que Dios está con el pueblo es que les da agua.

El sentido de los versículos, que se refieren a los maridos, hay que buscarlo en el trasfondo profético, que nos lleva a la infiel relación de Samaría con Dios. Samaría ha tenido cinco dioses, y el que tiene ahora (Yahvé) al compartirlo, tampoco es su dios.

En Jesús se personifica la actitud de Dios que no ha roto con Samaria, sino que positivamente la busca. El agua tradicional (Ley) no había conseguido apagar la sed del pueblo. La búsqueda le había llevado a la multiplicidad de maridos-señores-dioses.

La Samaritana descubre que Jesús es un profeta. La imagen de Mesías que tiene la mujer es la de profeta semejante a Moisés. La mujer sigue aferrada a la tradición  de «nuestros padres». Busca la solución en lo antiguo, la única realidad que conoce.

Para Jesús, también el templo de Jerusalén está prostituido. Las dos alternativas son equivocadas. Su oferta es algo nuevo. Se trata de un cambio radical. Jesús mismo será el lugar de encuentro con Dios. La relación directa con Dios hará posible la unidad-amor.

«Dios es Espíritu». Debemos tener en cuenta que ‘Espíritu’, desde la mentalidad griega, significa simplemente un ser no material. Desde la mentalidad judía, tiene una gama de significados muy rica. Significa que Dios es fuerza, dinamismo de amor, Vida.

El culto antiguo era una humillación ante un Dios soberano, subrayaba la distancia. El nuevo culto eleva al hombre y suprime la distancia. Dios no necesita ni espera dones de nosotros. Los herejes samaritanos están más cerca de Dios que los ortodoxos judíos.

Fray Marcos

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