Mujeres en los foros que importan

Guila Clara Kessous: paridad en las negociaciones de paz

 Romilda Ferrauto. Mujeres Iglesia Mundo.

Excluir a las mujeres de las negociaciones significa condenar la paz a un estancamiento. Está convencida de ello Guila Clara Kessous, coach profesional y Artista por la Paz de la UNESCO. El próximo marzo pretende presentar una resolución al Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas en Ginebra que exija un mínimo del 30 % de mujeres en todas las delegaciones negociadoras, con el objetivo de lograr la paridad.

Guila Kessous, usted es una mujer con un sueño.

Todos tenemos el deber de hacer del mundo un lugar mejor. En la mesa de negociaciones, las mujeres pensarán primero en salvar vidas, los hombres en ganar una guerra.

¿Por qué incluir una cuota femenina en las negociaciones de paz?

Algunos estudios muestran que cuando las mujeres tienen voz en las negociaciones comerciales o diplomáticas, los acuerdos tienen un 35 % más de probabilidades de perdurar. Sin embargo, desde 1992, solo el 13 % de los negociadores y el 6 % de los firmantes de acuerdos de paz han sido mujeres. Aun así, representan casi el 80 % de las personas desplazadas por conflictos.

En varios países, las leyes ya imponen cuotas para garantizar una representación equilibrada en los órganos de decisión. ¿Es insuficiente?

Lo cierto es que las mujeres no siempre tienen la oportunidad ni las habilidades para revertir la tendencia, ni en la política ni en los negocios. Necesitan formación para convertirse en expertas negociadoras: también necesitan aprender a plantar cara, por ejemplo, a quienes las interrumpen sistemáticamente. Existen técnicas.

¿No es problemático este enfoque de género?

Es problemático que un género monopolice el destino de la humanidad en cuanto a la guerra y la paz. No es simplista decir que la diplomacia femenina existe, es un hecho. Si una mujer se da cuenta de que su esposo, hijo o hermano corren el riesgo de tener que luchar, lo pensará dos veces antes de apoyar una guerra. Hay algo inherente en el ADN de las mujeres relacionado con la templanza.

En 2023, fundó los Acuerdos Sarah y Hajar, el equivalente femenino de los Acuerdos Abraham, que reúnen a diplomáticas de Baréin, Emiratos, Israel, Marruecos… ¿Con qué objetivo?

La idea era crear una especie de centro que reflexionara sobre el papel de la mujer en Oriente Medio y permitiera a las mujeres plantear preguntas que trascendieran el estricto ámbito de la defensa de sus derechos. El 7 de octubre frenó esta iniciativa.

¿Cuáles son los principales obstáculos que encuentra?

Extremismos políticos, miedo, radicalización… Luego está la defensa del sistema existente y, finalmente, los estereotipos: ¿quién cocinará en casa?

En resumen, sigue siendo necesario defender los derechos de las mujeres.

 Sí. Hay regímenes que no dudan en amordazar a las mujeres, ahorcar a quienes reclaman sus derechos y aprobar leyes que les impiden hablar en público e incluso hablar entre ellas. Las mujeres no son una minoría que deba protegerse. Son una mayoría silenciada.

Existen instrumentos jurídicos. ¿Por qué no funcionan?

Porque las mujeres tienen miedo, se sienten intimidadas y presionadas. Y entonces, entre el poder y la sociedad civil, las mujeres eligen la sociedad civil.

Está a favor de la diplomacia femenina, pero no en contra de los hombres.

La competencia, una vez más, significa rivalidad, negociación desequilibrada. Hombres y mujeres deben trabajar juntos para defender los derechos de las mujeres, que son derechos humanos, para una sociedad mejor. No se trata de la supremacía de un género sobre el otro, sino de restablecer el equilibrio.

¿Podrían las mujeres realmente hacerlo mejor que los hombres?

Claro que no todas las mujeres son perfectas. Pero tienen derecho a ser representadas. Aunque solo sea por todo el sufrimiento que algunas de ellas se ven obligadas a soportar.

¿Cuáles son sus esperanzas para el 2026?

Primero, menos guerras. Luego, que las mujeres, dondequiera que estén —en Irán, Afganistán, Siria—, tengan derecho a sonreír, cantar, bailar y tener una relación normal con su cuerpo y con la sociedad.

de Romilda Ferrauto

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