D. 2º DE PASCUA (A)
Jn 20,19
La aparición a la comunidad reunida es la clave de la experiencia pascual. Está claro que el relato está elaborado cuando las comunidades ya estaban constituidas. No tiene sentido pensar, como sugieren los textos, que el domingo por la tarde ya había una comunidad establecida. Los exégetas han descubierto que los textos quieren decir algo muy distinto.
“Todos lo abandonaron y huyeron”. Eso fue lo más lógico, desde el punto de vista histórico y teológico. La muerte de Jesús en la cruz perseguía precisamente ese efecto demoledor para sus seguidores. Seguramente lo dieron todo por perdido y escaparon a Galilea, como indican Mt y Mc para no correr la misma suerte que su Maestro.
Esa experiencia de que seguía vivo y les estaba dando Vida no era fácil de comunicar. Antes de hablar de resurrección, en las comunidades primitivas, se habló de exaltación y glorificación, del juez escatológico, del Jesús taumaturgo, de Jesús como Sabiduría. Estas maneras de entender a Jesús fueron condensadas más tarde en la idea de resurrección.
En ninguna parte de los escritos canónicos del NT se narra el hecho de la resurrección. La resurrección no es un fenómeno constatable empíricamente. La experiencia pascual sí fue un hecho histórico. Para transmitir esa experiencia a los demás, no tuvieron más remedio que encuadrarla en el tiempo y el espacio para que fuera comprensible.
El primer día de la semana. En este relato todo son símbolos. Jesús comienza la creación del hombre nuevo el primer día de una nueva semana. El texto manifiesta la práctica de reunirse el domingo que se hizo común muy pronto entre los cristianos.
Se hizo presente en medio sin recorrer ningún espacio. Jesús había dicho: “Donde dos o más estén reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos”. Él es para la comunicad fuente de Vida, referencia y factor de unidad. La comunidad cristiana está centrada en Jesús y solo en él. Jesús se pone en medio y les saluda con el ‘shalom’.
Los signos de su amor (las manos y el costado) evidencian que es el mismo que murió en la cruz. Este es el objetivo de todos los relatos pascuales. Ahora descubren que la verdadera Vida está en Jesús y en ellos. Tienen la experiencia de que les comunica Vida.
“Sopló” es el verbo usado por los LXX en Gn 2,7 par indicar que Dios convirtió el hombre barro en ser viviente. Ahora Jesús les comunica el Espíritu que da la verdadera Vida. Queda completada así la creación del hombre nuevo. «Del Espíritu nace espíritu».
Al decir que Tomás no estaba con ellos aporta una lección magistral. Separado de la comunidad es imposible llegar a la experiencia de Jesús vivo. Solo unido a la comunidad se puede ver a Jesús, porque solo se manifiesta en el amor, imposible sin comunidad.
¡Señor mío y Dios mío! La respuesta de Tomás es tan extrema como su incredulidad. Se negó a creer si no tocaba sus manos traspasadas. Ahora renuncia a la certeza física y va mucho más allá de lo que ve, proclamando su divinidad. Al llamarle Señor y Dios, reconoce la grandeza, y al decir mío, el amor de Jesús y lo acepta dándole su adhesión.
Naturalmente Tomás no es una persona concreta sino un personaje que representa a cada uno de los miembros de la comunidad que dudan, pero terminan por supera esas dudas. La comunidad reunida es la única garantía de que Jesús está en medio de ellos.
Dichosos los que crean sin haber visto. Todos tienen que creer sin haber visto. Lo que Jesús le reprocha es la negativa a creer el testimonio de la comunidad. Tomás quería tener un contacto con Jesús como el que tenía antes de su muerte. Eso ya no es posible. La comunidad hace posible la experiencia de Jesús vivo desde una perspectiva nueva.
Fray Marcos
