Presbitera católica Romana: Ludmila Javorova. Mujeres y Teologia de Madrid

ludmila-javorov-62483f80-4973-428d-bbfc-34146717520-resize-750
Ludmila Javorova

Ludmila Javorova fue ordenada sacerdote romana católica el 29 de diciembre de 1970 por el obispo Félix Mª Davidek, en presencia de su hermano Leo, sacerdote y testigo del acontecimiento. Luego, celebró su primera misa tranquilamente junto a ellos.   Evangelizadoras de los apóstoles

NOMBRE:  LUDMILA   JAVOROVA (1932)  BIOGRAFÍA: Nace en 1932 en Brno en el seno de una familia religiosa. Es la quinta de ocho hermanos. Su madre rezaba diferente y les despertaba la conciencia. La familia era una “versión doméstica” de la Iglesia.Anticipaban muchos cambios del CV II.

Estaban en guerra pero les alentaba a no tener miedo. Checoslovaquia sufrió la ocupación nazi durante toda la 2ª G.M. Como los chicos no podían interrumpir sus estudios, la mandaron lejos a cuidar a su abuelo. Algo se cerró dentro de ella. Al volver a su casa, tuvo una experiencia mística. Su confianza en Dios fue la fuente de su fe y de su ser. Con 14 años asistió a un retiro. Se sentía preparada para dejar atrás todo lo que le era familiar y seguro para servir a Dios. Ese deseo fue un fuego interior que nada ni nadie  pudo apagar. Félix Mª Davidek era amigo de la familia. Fue ordenado sacerdote católico en Brno.

Ludmila se dio cuenta de que los sacerdotes sólo sabían dar órdenes ni la invitaban a dialogar. Tan solo daban las migajas. Ludmila nunca había hablado a nadie, excepto a sus padres, de su vocación a la vida religiosa. Davidek pasó 14 años en prisión. En 1964 fue puesto en libertad y le pidió a Ludmila: “La Iglesia te necesita”. Ese fue el comienzo. A la hora de tomar decisiones, los dos eran iguales.

En general, las mujeres eran muy dependientes de los sacerdotes. Como varones y, además, como sacerdotes fueron educados de forma que se les hacía muy difícil relacionarse con las mujeres como iguales. El obispo Jan Blaha consagró a Félix Mª Davidek obispo.

“Koinotes” era la comunidad que emergía bajo su liderazgo en colaboración con Ludmila Javorova. Koinotes se extendió por toda Checoslovaquia como una red de pequeñas comunidades domésticas. Se reunían en las casas para celebrar la eucaristía.

La década de los 60 produjo un cambio en la vida política y cultural que culminó en la “Primavera de Praga”, pero en la noche del 21 de agosto, tanques del ejército ruso invadieron Checoslovaquia, al que siguió un período de 20 años de represión, uno de los más duros de la Europa del este.

Davidek constataba el trato injusto que se daba a las mujeres y la ausencia de mujeres sacerdotes. En 1970 anunció que convocaría un “concilio del Pueblo de Dios” en las zonas donde Koinotes se había afincado con el fin de discernir la pastoral adecuada para cada lugar. Era urgente abordar la cuestión del ministerio de las mujeres. La organización del mismo requería no dejar ningún rastro escrito que pudiera ser descubierto por la StB.

Uno de los obispos le dijo a Ludmila que Félix la ordenaría. Pero todo se suspendió por el   desacuerdo entre los sacerdotes y obispos. Aquella noche Félix le preguntó si deseaba recibir la ordenación. Ludmila aceptó. Dijo sí a la ordenación y a todas las consecuencias que conllevaba. No tenía ni idea de cómo desarrollar ese carisma pero lo aceptó con fe, con  responsabilidad y con amor.

Ludmila fue a casa de Félix para recibir el sacramento reservado durante siglos a los varones. Llevaba toda la vida preparándose, había sentido la llamada una y otra vez en su interior esperando una ocasión como ésta. Antes de su ordenación sacerdotal, Ludmila fue ordenada diácono. La liturgia fue tomada literalmente del Rito de ordenación según el Pontifical Romano. Davidek siguió el mismo rito usado durante siglos desde tiempo inmemorial para ordenar a los hombres.

Ludmila Javorova fue ordenada sacerdote romana católica el 29 de diciembre de 1970 por el obispo Félix Mª Davidek, en presencia de su hermano Leo, sacerdote y testigo del acontecimiento. Luego, celebró su primera misa tranquilamente junto a ellos.

Ludmila guardó su secreto. Era una de las condiciones para ser ordenada. No podía contárselo a nadie. No entendía la razón por la que la jerarquía de la Iglesia ponía objeciones a la ordenación de la mujer. Ella la aceptó porque quería servir. La esencia del sacerdocio es el ministerio y eso es lo que eligió. Los que conocían el caso de Ludmila seguían acudiendo a confesarse con ella pues rehusaban hacerlo con un sacerdote.

Luego, le pidió a Félix que le eximiera de la obligación de guardar silencio y pudo comunicarlo a un círculo más amplio de Koinotes. A veces concelebraba con otros sacerdotes pero nunca entendió por qué ni uno solo de ellos la invitó jamás a presidir. Lo más duro fue tener que ocultarlo a los que ella quería. Sus padres nunca lo  supieron.

Cuando la salud de Davidek se deterioró, decidió entrar en acción. Informó al papa de forma sencilla, con una sola frase. Llevó la carta personalmente al cardenal Tomasek a Praga y puso “Solo papa”, para que se la enviara al papa Juan Pablo II. El cardenal le dijo que cuando volviera de Roma la llamaría y le diría qué había sucedido. Nunca lo hizo. Ludmila sabe que el papa la recibió. Él mostró la carta a alguien; se lo oyó a un  sacerdote que estaba presente; no puede decir su nombre pero sabe que dice la verdad.

Davidek estuvo dos años muy enfermo. Sólo Ludmila y su hermano Josef pueden hablar de sus últimos días. Félix Mª Davidek, que jamás había vestido de obispo, fue vestido con sus ropas talares, sin la mitra, que nunca se puso, y fue enterrado en Turany.

El clero de 1ª línea, a quienes el gobierno había autorizado para ejercer el ministerio y provenían de seminarios controlados por los comunistas, se reconciliaron rápidamente. El clero de 2ª línea, que eligió actuar clandestinamente para mantener la integridad de la fe católica, fue tratado de forma diferente. Su ministerio había sido invisible y su ordenación secreta.

De repente, a los ojos de Roma, lo que había sido considerado legítimo bajo las fuerzas del comunismo se percibía como un sacerdocio paralelo y un problema a resolver. En el año 2000 el cardenal Ratzinger, publicó una Instrucción explicando la decisión de  Roma de exigir la ordenación “sub conditione” para los sacerdotes cuyas ordenaciones se consideraba que eran de validez dudosa. Existe todavía un grupo de sacerdotes que no han aceptado dicha ordenación porque creen que la suya fue válida y su sacerdocio legítimo. Les ofende que sus años de ministerio sacerdotal en condiciones difíciles, arriesgando su propia vida, esté siendo puesta en cuestión.

En Koinotes, Ludmila tampoco fue aceptada por todos. Nadie se atrevió a decirle que abandonara las reuniones y ninguno fue capaz de decir que había sido vicario general durante años con autoridad para actuar. La exclusión no solo venía de Roma. Algunos sacerdotes que sabían que estaba ordenada comenzaron a distanciarse de ella ya que podía ser un obstáculo para su aceptación por parte de la Iglesia.

Ludmila no se hacía ilusiones de que el Vaticano reconociera su sacerdocio, pero quería que hubiera constancia de que ella también había sido ordenada. En 1995 fueron a entrevistarla y se dijo, “basta de rodeos”. Confirmó que había sido ordenada y que esa información era confidencial. El editor de la revista le sugirió que no podía mantenerla en secreto. En 1996 fue convocada por  el obispo de Brno, quien le notificó que se le prohibía formalmente ejercer su sacerdocio, que era considerado inválido. La prohibición venía de Roma. Ludmila se pregunta si es posible quitar algo que es un don de Dios.

ESPACIOS DE SALVACIÓN

Destaco algunos momentos nucleares en la vida de Ludmila.

  • Desde pequeña se rebeló a que las niñas no pudieran ser “Reverendos padres”. Su padre le dijo: “Reza por ello, algún día sucederá”.
  • A través de la fe sosegada de su madre, Ludmila sentía que Dios la confortaba.
  • Su confianza en Dios fue la fuente de su fe y de su ser.
  • El hecho de que los hombres tuvieran acceso al apoyo espiritual mientras que a las mujeres se les negara por razón de género, le parecía injusto y contrario a los caminos del Espíritu.
  • Davidek le pidió: “La Iglesia te necesita”. Así fue como comenzaron. A la hora de tomar decisiones, los dos eran iguales. Las mujeres siempre estaban presentes en los programas de Davidek porque las trataba como iguales.
  • Félix nombró a Ludmila su vicario general, tarea que ella ya desempañaba.

Davidek constataba que “La sociedad necesita el servicio de las mujeres como               instrumento especial de la santificación de la humanidad” e insistía: “Los signos de los    tiempos vienen de Dios y estamos obligados a aceptarlos. Es tiempo de afrontar esta              cuestión”.

  • Antes de su ordenación sacerdotal, Ludmila fue ordenada diácono.
  • Ludmila Javorova fue ordenada sacerdote romana católica el 29 de diciembre de 1970 por el obispo Félix Mª Davidek.
  • Tuvo que dejar el miedo a sí misma y a su sacerdocio. Ante la incomprensión de algunos sacerdotes decidió seguir su propio camino. Pertenecía a su evolución espiritual y a su crecimiento interior como sacerdote.
  • Informó al papa de forma sencilla, con una sola frase, sin diplomacias. “Santo Padre, he recibido la ordenación sacerdotal bajo estas circunstancias ——, y se lo comunico”.
  • Ludmila se pregunta si es posible quitar algo que ella considera que es un don de Dios. Que yo no tenga un ministerio público, no significa que haya perdido mi sacerdocio.
  • Las oraciones litúrgicas están siempre en masculino; para mucha gente eso carece de importancia, pero para mí tiene un gran significado hablar en femenino porque mi auto-reflexión ante Dios llega a lo profundo. A algunas mujeres no les importa rezar en masculino. Yo tengo el Breviario entero corregido. Cuando estoy con mujeres intento hacerles entender pero se produce un silencio gélido; ni siquiera lo comprenden quienes han estudiado teología”.

REFLEXIÓN PERSONAL

Lo primero que destaca en la vida de Ludmila es el progreso interior de su conciencia como mujer llamada al ministerio sacerdotal. Su valentía al arriesgarlo todo para lograr su vocación. La escucha de la Palabra que la hace ponerse en marcha, estudiar, su sentido de pertenencia a la comunidad eclesial. Mujer crítica y luchadora, que vive la fraternidad junto a su obispo y amigo, Félix M. Davidek, hasta su muerte.

De nuestro grupo fueron  a visitarla a su casa para solidarizarse a favor de su ordenación pero ella rehusó por la promesa hecha al Vaticano. Fue emocionante cuando le pidieron la bendición como sacerdote católica y ella accedió.

¿Sentimos, como Ludmila, la pertenencia a una comunidad cristiana (se llame como se llame)?

¿Qué vínculos me sostienen al grupo de Mujeres y Teología de Madrid?

¿Qué experiencias he compartido en el grupo? Luces y sombras.

¿Qué consecuencias se derivan de esta experiencia?

¿Qué caminos de liberación, acogida, maduración en la fe, he ido percibiendo en mi dinamismo interior, a raíz de mi experiencia como miembro de M y T?

¿A qué me impulsa todo ello?

¿Sigue teniendo futuro la utopía de sabernos mujeres cristianas, fermento en la masa eclesial?

¿Cómo lo materializo? ¿En qué ámbitos?

¿Qué echo en falta? ¿Qué dificultades reales estoy teniendo ahora?

PROPUESTAS DE SALVACIÓN HOY:

El mensaje de Ludmila infunde esperanza. Sabe que no está sola. “Estamos convencidas de que esa tarea tan grande que exige un cambio significativo en el pensamiento humano, no está en nuestras manos y tiene que ser confiada al Espíritu Santo. Lo que se ha comenzado, otr@s lo deben continuar. En esto reside nuestra esperanza”.

Describe tus esperanzas.

Mujeres y Teologia Madrid.

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s