Adviento también para las mujeres, por favor. Cova Orejas.

“En nuestra propia Iglesia, difícilmente se escuchan nuestras demandas a favor de una participación más igualitaria”

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El Papa es recibido por miembros de la UISG

Cova Orejas, equipo Ruaj. religion digital

Estamos de enhorabuena, diría yo, si el #metoo ha calado ya entre nosotras, en la Iglesia. Durante muchas décadas, sino siglos, y hasta hoy, las mujeres han sufrido y sufren a causa de la violencia de género en sus múltiples formas, como dice la declaración de la UISG, no sólo en la sociedad, sino también en la Iglesia.

Nosotras mismas, las religiosas, nos hemos pasado años defendiendo y reivindicando los derechos de las mujeres y de tantos colectivos como sufren por distintas causas en la sociedad. Mientras, en nuestra propia Iglesia, difícilmente se escuchan nuestras demandas a favor de una participación más igualitaria. Y más aún, durante mucho tiempo hemos ignorado o silenciado, en lugar de denunciar, los atropellos sufridos.

Dirán que no son muchas, pues eso creen algunas personas. Dirán que eran mayores de edad, cuando ocurrieron los hechos, como si esto exculpara a quien se sirve de su autoridad y de la violencia para someter a una de nosotras. Dirán que no está bien echar piedras sobre nuestro propio tejado, cuando tan poca gente joven cree en la Iglesia como institución.

Libros como “Víctimas de la Iglesia” (PPC 2016) o “Desde el último banco” de Lucetta Scaraffia , por citar dos de los últimos que se pueden leer en España, han venido a decir en voz alta lo que a muchas de nosotras nos cuestiona y hace daño.
En el documento capitular último de nuestra Congregación, Carmelitas de la Caridad Vedruna, se recoge en su n 32,”ROMPAMOS EL SILENCIO:

…”la violencia y el abuso sexual en la Iglesia, en la vida religiosa y en la sociedad. Estos hechos nos cuestionan como Iglesia y especialmente como mujeres. Nos corresponde dar una respuesta profética ante los mismos….Hemos de vivir con mayor conciencia la realidad del pecado de desigualdad sexual que actualmente existe en todos los ámbitos. Es cuestión de dignidad humana…”.

Insisto. Nuestro dolor es grande al mirar de frente lo que ocurre y cómo sufren por ello tantas mujeres que, después de padecer abusos y violencia, tienen que afrontar en soledad, estériles procesos intraeclesiales interminables, como si fuera un viaje a ninguna parte. Mientras, casi nadie conoce quiénes son los agresores, qué medidas se están tomando para que esto deje de ocurrir y cómo se protege a la comunidad eclesial de la falta de protección de quienes más necesitan de ella.

La declaración de la UISG es buena noticia. Es un buen apoyo para las mujeres que ya han denunciado los abusos y la violencia sufrida. Celebramos que algunas hayan podido romper el muro del silencio. Hay heridas que no dejan de doler y se extienden de sus cuerpos a los nuestros, porque es cierto: “todas somos una”.

El Equipo Ruaj, con la colaboración de la Provincia Vedruna Europa, hemos organizado este año, por dos veces, las jornadas de formación en torno a las heridas del abuso y de todo tipo de violencia, también en la Iglesia. La reflexión y la acción se dan la mano para restaurar lo roto y seguir creyendo con esperanza que la igualdad, el respeto a la dignidad y la verdad que proclama el Evangelio, también es el anuncio de la Buena Noticia para las mujeres de todo el mundo. Es tiempo de Adviento. No, no es sólo cuestión de hablar de menores.

Cova Orejas, ccv. Equipo Ruaj

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