¡En la Iglesia tenemos cierta obsesión por los pecados! Isabel Gómez Acebo

La mesa de los pecados capitales
La mesa de los pecados capitales

Isabel Gómez Acebo. religion digital

“El tema de Jesús amigo se ha llevado al desván y hay que desempolvarlo”

Él visitó a su amigo Lázaro y aunque existe un abismo entre su realidad y la nuestra el himno de Filipenses deja bien claro que renunció para hacerse uno de nosotros.

Estuve la semana pasada visitando a una amiga, que llevaba bastante tiempo hospitalizada, pues la habían operado y tenía que recuperarse. En mis manos llevaba unas flores pues sabía que no podía comer chocolates o pastas que son los regalos que se suele llevar a los sanatorios. Durante mi visita acertó a pasar el capellán del centro que la llevaba la comunión muchos días y ofrecí irme pero mi amiga insistió en que me quedara.

Hacía mucho tiempo que no escuchaba las palabras, o no les presté en su momento atención, que conlleva la liturgia del acto que se iba a celebrar y me sorprendieron. Al principio se hace un acto penitencial y una breve revisión de vida, seguido de muchos golpes de pecho pidiendo piedad y perdón por los pecados. El resto de la celebración me pareció muy correcto aunque de nuevo se hace mención al cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

No le dije nada a la enferma pero pensé para mis adentros que aquellas palabras pronunciadas por el oficiante no eran las adecuadas en ese momento recordando sus faltas anteriores. Y pensé ¡En la Iglesia tenemos cierta obsesión por los pecados! Pues a aquel cuarto Jesucristo no venía como juez a perdonar a la enferma sino como amigo, a comentar la felicidad de su recuperación y a darle fuerzas para perseverar en ese camino de sanación.

Decía Aristóteles que entre los grupos sociales no podía existir una relación de amistad entre los que estaban situados arriba y los que quedaban por debajo. Tengo la impresión de que esta idea ha planeado sobre nosotros haciendo que el tema de Jesús amigo se haya llevado al desván y hay que desempolvarlo. El visitó a su amigo Lázaro y aunque existe un abismo entre su realidad y la nuestra el himno de Filipenses deja bien claro que renunció para hacerse uno de nosotros.

Tenemos que pensar junto a la comunión, el mejor regalo que se puede hacer, que otras palabras acordes con ese acto conllevan la cercanía, el cariño y la amistad de Jesucristo para sus amigos enfermos

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