El Evangelio y la red. Isabel Gómez Acebo

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Jesucristo mandó a sus seguidores que atendieran su cosecha y se quejó de que eran pocos los que se prestaban a hacerlo. También comentó a sus discípulos pescadores que debían cambiar, no de profesión, sino que tenían que buscar otros objetos para pescar que no eran peces o es lo que entendieron. Ha pasado mucho tiempo desde que fueran formuladas sus palabras pero la cosecha sigue sin recoger y los pescadores son insuficientes pues el mar se ha ensanchado prodigiosamente

            Todos los días rezamos en la Iglesia para que el Espíritu Santo mande vocaciones sacerdotales pero aunque acudan a la llamada cientos de personas no podrán cubrir el enorme campo de trabajo que se presenta a nuestros ojos. El mundo ha cambiado sus costumbres y nos quejamos de que los cristianos no acudan al templo, una queja que también podrían formular los propietarios de los cines porque sus clientes prefieren quedarse en casa viendo películas. Los grandes centros comerciales en los Estados Unidos se están cerrando porque las personas que acudían a sus tiendas han escogido comprar desde sus viviendas lo que les ahorra tiempo y gastos de gasolina

            ¿Qué hacemos los cristianos para movernos al son de los tiempos nuevos? Tendríamos que dedicar recursos y personas a colocar en la red, mensajes escritos, videos y películas que llegaran a ese público ingente que se mueve en el mundo virtual. Los templos cristianos también se han multiplicado pues desde nuestra casa todas las personas podemos entrar en esta dinámica que no exige títulos. Hace poco leí en un libro que hablaba de una liturgia en la red en la que participaron 20 personas, desde muchos países distintos y con identidades reales o falsas. Al terminar el acto se congregaron en una cafetería virtual, con la ventaja de que es gratuita, y cada uno pudo contar sus problemas, algo que falta en nuestras misas verdaderas. Una mujer mayor describió su vida con una niña autista a la que no podía llevar a la Iglesia pues no se quedaba quieta y hacia ruidos que molestaban. Todos los presentes rezaron con ella, le mostraron su apoyo y le dieron su correo, el que usaban con su identidad falsa, para que cuando se encontrara en apuros pudiera demandar su ayuda

            Me pareció una experiencia preciosa pues cumple un papel de acompañamiento a las personas que están solas o enfermas. Permitió que rezaran juntos, personas de distintas denominaciones cristianas que se situaban en distantes países del mundo y que pudieron imaginar un camino compartido en pos de Jesucristo aunque no compartieran las mismas verdades

Cada diócesis debería de tener un experto que nos diera pautas que nos permitiera navegar y aportar nuestro grano de arena a la evangelización. No sé si lo están haciendo pero sería importante pues no hay que perder el tiempo ya que los avances virtuales van rápidos y enseguida todas las soluciones se quedan obsoletas

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