Secretos a voces. Celso Alcaina

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Celso Alcaina

Celso Alcaina. atrio org

Queda abolido el secreto pontificio en casos de violación sexual y abuso de menores por parte de clérigos. La medida tomada por Francisco era inevitable. No le quedaba otra. Pura estrategia de gobernante. Ya resultaba inútil el secreto impuesto a sí mismo y a sus subordinados. El silencio, por cómplice, era dañino a la institución. Salvar los muebles. La olla a presión ha explotado. Las heces infectan gran parte de Occidente. Francisco, el rey desnudo. La Jerarquía católica ha quedado en evidencia. Es el “delincuente sorprendido in fraganti”. El imputado que se ha quedado sin argumentos. Su persistente negación del delito se ha quebrado. Los “hechos probados” obligan a la confesión pretendidamente exculpatoria. Ello, en la esperanza de que la ciudadanía otorgue una rebaja de la pena.

     La institución católica siempre ha usado el secreto como arma para incrementar su ámbito de influencia. El secretismo le ha servido para imponer e incrementar su poder religioso y sociopolítico. En paralelo, para acumular riquezas, adoctrinar a los jóvenes y engatusar a las masas ignorantes y a los seres indefensos. Un análisis de los primeros siglos del Cristianismo descubre insospechadas artimañas para encriptar la límpida y sencilla vida de Jesús de Nazaret, fundamento inspirador del movimiento socioreligioso. En Éfeso y con Teodosio –¡y ya antes!– surge una mezcla de religión, hermandad, caridad, poder, riqueza, vicio, sabiduría. Todo ello aderezado con dogmas y sofismas inexcrutables, filosofías importadas, palabras melífluas, gestos teatrales, falsos poderes divinos. Conocemos los abusos “in crescendo” del Catolicismo medieval que produjo papas y jerarcas indeseables desde todo punto de consideración. Nada ejemplares, incluso viciosos y delincuentes. Se presentaban como líderes representantes de un Dios hecho a su medida. La Inquisición es el paradigma de la degeneración religiosa romana. El secretismo estaba incrustado en la Inquisición y en otros desmanes católicos.

     Dentro de los secretos impuestos por el Cristianismo, pláceme rememorar el secretismo secular respecto de la Biblia. El mismo elenco de la Biblia ya había sido fruto de oscuras artimañas jerárquicas en los primeros siglos de nuestra era. Y, en el Catolicismo romano, hasta el siglo XIX, su lectura estuvo prohibida al pueblo llano, los clérigos sólo podían leerla en latín de la Vulgata y no se permitieron traducciones a lenguas vernáculas accesibles a cualquier ciudadano. El férreo control de la interpretación de la Biblia fue el proceder secular de Roma hasta nuestros días. Gracias a la Reforma protestante, hoy gozamos de libertad de acceso a la Biblia. Libertad que Roma asumió 400 años después.​

     ​El hecho de haberme especializado en Teología bíblica propició mi entrada como oficial en el Santo Oficio, corazón del Vaticano. Durante ocho años experimenté el secretismo de la institución. En mi libro ROMA VEDUTA traigo a colación el sigiloso método de enjuiciar doctrinas y teólogos durante la segunda mitad del siglo XX. Atónito, tuve que cooperar con el oscurantismo, el dogmatismo y los simulacros de procesos doctrinales o penales. Atónito, pude ver numerosos expedientes de delincuentes sacramentales y extrasacramentales. Muchos de esos delitos quedaban cubiertos por el sigilo de confesión. Otros eran tratados con perpleja lenitud. Personajes altilocados o ricos benefactores eran intocables. Apenas eran visibles sus expedientes que raudo pasaban al archivo secreto. En uno de mis posts revelo el caso de un arzobispo pederasta. El examen de su caso fue truncado el día en que Pablo VI lo preconizó cardenal. El jerarca siguió en su puesto, acaso con un comportamiento criminal hasta su jubilación. ¡El secreto!​

     ​Especial mención para los procesos de beatificación y canonización, Apenas se admiten alegaciones en contra de la idoneidad o ejemplaridad del candidato. Se desoyen o se eliminan datos negativos. Apenas se pueden visionar las actas. Los plazos se alargan por siglos si no hay dinero. Por el contrario, se queman etapas si hay dinero de por medio. Podría dar ejemplos de simil-compras de beatos y santos. Pienso que algunos de mis lectores tienen en mente nombres e institutos religiosos. También de canonizaciones endogámicas, como son las de papas y fundadores religiosos. En el fondo, es el secretismo lo que está en la base de estos desmanes, también en lo referente a las canonizaciones, de por sí inexplicables o escandalosas. Ello hace o hizo que nombres y efigies de personas detestables suban a los altares. Con ocasión de la canonización de los videntes de Fátima, envié al Papa una carta sugiriendo la supresión de la Congregación para las Causas de los Santos. No me respondió, pero me consta que la carta llegó a su mesa. Se ha comentado con algo de fundamento que la muerte de Wojtyla desbarató la ruta de Marcial Maciel hacia su canonización.. ¡Horrendo!​

     Nidos de curas pederastas. Alemania, Irlanda, Chile, Colombia, USA, y otros varios países, sin exceptuar España. Gracias a excelentes periodistas y a la heroica confesión de algunas víctimas, vamos conociendo amplitud de esta epidemia. EL PAIS nos informó con una serie de valiosos artículos. Entre los más explícitos publicistas, Frédéric Martel con su libro SODOMA. Se habla de casi 4.000 sacerdotes pederastas descubiertos en la última década. De ellos, casi 1.000 han sido juzgados o sancionados. Las víctimas son millares. Algunas fueron compensadas con importantes sumas de dinero. Todo apunta al secretismo eclesiástico como cobertura de la pederastia clerical. La supresión del canónico secreto en esta materia y la obligación de delatar a los delincuentes es algo que se encuadra en los derechos humanos. No podremos erradicar la delincuencia. Pero nunca más protegerla o encubrirla.​

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