CONDICIONALES Y SUBJUNTIVOS. Dolores Aleixandre

condicionales
Ilustración: Pepe EstudioJa

Dolores Aleixandre.alandar

El pluscuamperfecto de subjuntivo es un tiempo verbal nefasto. A quienes han olvidado la gramática que aprendimos de niños les recuerdo que esta fórmula verbal se usa para referirse a algo que podría haber pasado si se hubieran dado otras circunstancias, pero que no ha pasado y ya no estamos a tiempo de volver atrás para recuperarlo: “Si a Tony Blair no se le hubiera ocurrido lo del referéndum, no hubiera habido Brexit”; “Si hubiera aceptado aquel trabajo en Alaska, no habría pasado tanto calor este verano”; “Si en vez de con Paco, me hubiera casado con Brad Pitt, no hubiera vivido en Vallecas sino en Beverly Hills”; “Si mi superiora no me hubiera destinado a una comunidad en la costa, no habría tenido este reúma”. Decimos cosas así con la pesadumbre de lo que no tiene ya remedio.

¿Deberíamos expulsarlo de nuestro lenguaje? No está tan claro, porque los profetas lo ponen en boca de Dios y los evangelistas del propio Jesús: “Si hubieras atendido a mis mandatos sería tu paz como un río, tu justicia como las olas del mar” (Is 48, 1-2); “Si hubieras seguido el camino de Dios, habitarías en paz para siempre…” (Bar 3,13); “Si yo no hubiera venido y les hubiera hablado, no tendrían culpa; ahora, en cambio, no tienen excusa” (Jn 15,22); “Si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que en ti, habría durado hasta hoy” (Mt 11,24).

La historia de Pedro y sus negaciones nos devuelve el respiro.

El modo condicional, a pesar de ser triste, no deja las cosas tan cerradas: “Si volvieras a mí, Israel…Si a mí volvieras…”(Jer 4,1) “Ojalá me escuchase mi pueblo y caminase Israel por mi camino…” (Sal 81, 14). Otras veces la decepción viene en un “no habéis querido” que parece definitivo: “¡Jerusalén, Jerusalén!…¡Cuántas veces he querido reunir a tus hijos como la clueca reúne a sus pollitos bajo las alas, pero no habéis querido!” (Mt 23,37)

Es inevitable que nos surja la pregunta sobre cuánto de irreversible hay en todo esto, si no hay vuelta atrás, ni salida, ni remedio. El Maestro Eckhart, un místico del s.XIII, responde así a alguien que le pregunta si puede recuperar el tiempo en que ha vivido perdido: “Si la voluntad por un solo instante regresa a sí misma, en ese momento todo el tiempo perdido es de nuevo reintegrado”.

La historia de Pedro y sus negaciones nos devuelve el respiro. Como en algunas tablas flamencas, la escena de Pedro en el patio del palacio de Caifás (Mc 14,66-72) forma un díptico con la de las preguntas de Jesús a la orilla del lago (Jn 21, 15-19) y conviene leerlas una tras otra. Junto a Jesús en el lago, Pedro sabía ya de negaciones y caídas y no presume de sus fuerzas ni pretende “amar más que otros”; se ha vuelto más humilde y conoce mejor sus límites y, cuando Jesús le pregunta por tercera vez, le contesta sin remitirse a su determinación de amarle, sino desde la seguridad de ser conocido y querido por su Maestro tal como es, más allá de su “tropiezo” (es así como habla Jesús en el cenáculo de la traición de sus discípulos).

El perdón de Jesús impide a Pedro usar el pluscuamperfecto de subjuntivo, lamentarse eternamente pensando: “Si no le hubiera negado aquella noche, no habría perdido su amistad…”

Tranquilo, Pedro. Al que no le detuvo la barrera de la muerte, no le va a detener ahora el pluscuamperfecto de subjuntivo.

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