Sábado Santo

wp-15865422592821302999891
creditos de la imagen

espiritualidadintegradoracristiana

En Inglés se utilizan dos términos que parecen tener el mismo significado: loneliness y solitude. Ambos pueden traducirse por soledad, pero según el contexto, es más que esto.

Loneliness significa “sentirme solo”; solitude es una soledad buscada, deseada, casi un logro para una espiritualidad seria. Ambas conllevan silencio posiblemente, y ausencias, sin embargo el contexto lo dice todo.

Sería un error enfocar el día de hoy como un día para enfrentar nuestros miedos: a la muerte, a la enfermedad o al dolor, a la soledad no querida. Hoy, Sábado Santo, puede incluir o no lo anterior. La realidad existencial de hoy, es que es un día litúrgico, que sólo tiene sentido si se interpreta desde las claves de una respuesta a una llamada personal y a un proceso de seguimiento.

En su momento histórico tuvo sentido sólo para los que le seguían, fue una victoria para los que le perseguían, o nada, porque la inmensa mayoría no formaban parte del complejo entramado que llevó a Jesús a la tumba. Tampoco hoy.

Estos días se va narrando nuestra historia personal y el impacto de nuestras decisiones y estilo de vida…en nuestro momento histórico.

Dejemos que Jesús nos acerque la luz de su propia experiencia y nos ayude a comprender y a acoger la nuestra.

Me gusta preguntarle y preguntar a los textos que tenemos como su legado: los evangelios y otros escritos ¿qué fue lo que le dio la fuerza para llegar a lo que estos días contemplamos, de nuevo, con rutina tal vez, o con estupor una vez más?

Y la respuesta es contundente y única: la roca, refugio, luz…el perfume que embriagó su vida fue su relación confiada con su Abba. Con Dios se relacionan hasta los ateos, pero el secreto aquí, y en toda relación es la Confianza.

Muchos tenemos esa confianza dormida o enterrada. Las causas nadie las va a juzgar pero sí que hoy el Crucificado yacente, nos invita a recordar, como las mujeres recordaban aquel primer sábado santo, en el círculo de discípulas, a cada uno, nuestra historia de relación con Él: como le conocimos, qué relación hemos mantenido, cómo la cuidamos y porqué hoy me siento vacía y sola; o no. Muchos hemos superado esta fase y buscamos la soledad porque la sentimos habitada, acompañada, confiada. Es un regalo.

Cuando la relación deja de ser de tú a tú, de confianza total, se pierde el equilibrio. Lo vemos en cualquier tipo de relación humana: la herida que produce hemorragia, a veces imparable, se produce cuando perdemos o nos pierden la confianza. De pronto todo cambia, se endurece, se resquebraja; también afecta a la relación con Dios.

No nos enseñaron a relacionarnos con Dios desde la confianza, sino desde una tabla de deberes y cumplimientos morales y litúrgicos que hoy no dicen casi nada ya a la mayoría. Están desfasados.

Hoy se nos invita a depositar y a dejar en la tumba lo que en nuestra vida está inerte y causa inercia.

También vemos el dolor y muerte que le hemos causado a madre tierra, la cual nos sustenta y de quien depende la vida en sus múltiples formas. Tierra que ha perdido su equilibrio por una relación con ella desequilibrada. Nosotros la hemos usado y abusado.

La tierra hoy se defiende y nos está dando una lección que cambiará la historia en todas sus dimensiones. No es un castigo, es una reacción que nos protege de lo que no hemos sido capaces de hacer por culpa de nuestro egoísmo: proteger la vida, la biodiversidad… no son juguetes de ricos, es la vida, sin la cual sólo existe la muerte.

Estos días de confinamiento son como un largo sábado de dolor. La fragancia del perfume que tanto nos gusta ha perdido el aroma. Hemos enterrado el Amor. Al que nos enseñó a amar la vida, a la tierra, a las personas, a Dios y a nosotros mismos, le hemos dejado a la tumba.

El seguimiento de este tal Nazareno nos hizo tomar decisiones fuertes en muchos momentos de nuestra juventud y de nuestra vida adulta. Unos como casados ​​y con fuertes compromisos sociales … otros como consagrados, dejando familia, carrera, ciudad … para ir detrás del que hoy se nos invita a contemplar yacente.

Nuestro lado superficial nos recuerda que este es un día de paso, casi de preparación de la celebración de la vigilia pascual, de la comida del domingo.

Craso error. Entiendo que hoy, sábado santo, es uno de los días más cargados de significado del año.

Desde el contexto litúrgico se nos invita a mirar nuestra vida sin Dios. Por eso es que este día unifica “loneliness y solitude”, es decir: sentirme sola y sin sentido si Él no está, y en búsqueda de este silencio habitado que me confirma que siempre está y sigue estando.

Y también se nos invita a mirar qué o quién está en la tumba. Quizás allí hemos dejado al Dios en el que ya no creemos. O quizás queremos dejar, ahí también, una institución mortecina… para enfrentar el siguiente paso, el de la espera de los primeros indicios del amanecer para ponernos en camino, mañana.

Hoy es un día para enterrar nuestras desconfianzas.

Jesús nos espera hoy, apenas unas horas, en este infierno que de una vez por todas nos tenemos que sacudir y despedir: la falta de confianza que es la causa de mi soledad no deseada.

Apenas en unas horas, como sabemos, todo cambia y adquiere el color de la vida, inimaginable si no hemos enterrado el muerto que llevamos cargando.

Acoger con hospitalidad cristiana mi propia soledad es caridad. Sólo si acojo la mía podré ser compañera de otras soledades. Acoger el vacío que me han dejado las faltas de confianza de seres queridos o importantes en mi vida y enterrar los vacíos que yo he causado es crucial.

Lo insólito es que la tumba de Jesús está en un jardín. Ahora en primavera el perfume del jardín floreciendo, con los pájaros e insectos recreando la vida con su actividad…todo es bullicio de vida.

Cuando recuperamos la confianza es fácil despedir la tumba que creó la desconfianza.

Hoy se nos invita a retomar una relación personal que hemos tenido en la tumba y a sacarla al jardín y disfrutar de ella. Como el día en que podamos volver a nuestros parques y bosques y playas, después de este largo y doloroso confinamiento, los que tengamos el don de la vida en las manos, seremos portadores de resurrección; hoy todavía en minúscula a la espera del alba.

 

wp-15865422592821302999891.jpg

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s