EL RASTRO DEL PERFUME: DE LA MESA AL JARDÍN. Ha resucitado. ¡¡Aleluia!!

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Ha resucitado. ¡¡Aleluia!!

espiritualidad integradora cristiana

Cuando la naturaleza es devastada por un incendio, con frecuencia, aparecen entre las cenizas, pequeñas islas de  vegetación que han sido protegidas por la madre-naturaleza.

Estos espacios, se convierten en semilleros que permiten que la vida del bosque se regenere.

Los científicos no saben cómo ocurre este fenómeno, pero estos refugios ecológicos son esenciales a la vida después de la destrucción.

No sabemos cómo se forman pero podemos comprender esta experiencia a nivel cultural, social, y también espiritual. Por ejemplo: los Monasterios Benedictinos fueron durante la Edad Media un refugio de la cultura y la espiritualidad, durante las invasiones en Europa.

No sabemos cómo ocurrió la resurrección, las preguntas especulativas no caben porque los relatos bíblicos no son como un periódico que narra noticias, ni son libros de historia aunque narren hechos históricos. Su objetivo no es la noticia sino informar y alimentar la fe de la comunidad.

Así, como esos refugios, fueron las primeras comunidades cristianas, y seguimos siéndolo. La condición para experimentar esa regeneración o vida renovada es tener experiencia de que él vive, en ti, en la naturaleza, en tu hogar, en la solidaridad…

Vivimos la resurrección de Jesús y la nuestra, como una experiencia de vida. Nadie vio a Jesús levantarse del sepulcro, lo que experimentaron y seguimos experimentando es que está vivo. Vida que se mantiene palpitante, aun estando rodeada del más arrasador de los incendios.

Dice el teólogo Castillo, que la institución religiosa, en nombre de Jesús, está haciendo lo diametralmente opuesto a lo que él hizo: entre otras cosas, el trato a las mujeres. Constata, que las mujeres fue el único colectivo con quien Jesús no tuvo conflicto. De hecho, muchos biblistas nos dicen que Jesús pone como modelo de discípulo a la mujer.

Ellas fueron las primeras testigos de la resurrección.( Consulta los textos) Sin embargo la historia de la institución religiosa, desde el principio del cristianismo escrita y controlada, hasta hace poco, solo por varones, no ha valorado la gran responsabilidad que Jesús delegó en las mujeres.

Pero, gracias al perfume -cuyo rastro seguimos desde que aquella mujer le perfumó los pies a Jesús, sobre quien se cernía la amenaza de una ejecución injusta- hoy llegamos al jardín, entre el amargo aroma de actitudes de los diferentes apóstoles.

Ellas son para Jesús, y los condenados de la historia, como nuestros jardines ecológicos en medio de las cenizas: un jardín aromático de semilleros de vida nueva. Como son la fragancia de la fidelidad a la amistad que les unía al Maestro de Nazaret, o la fragancia de la gratitud que vemos en María de Betania por ser respetada. Su gesto fue fuente de inspiración para el Maestro, posiblemente para su gesto del Jueves Santo.

A lo largo y ancho de la historia, como en los textos bíblicos que se proclaman y celebran estos días, las mujeres, también ahora como antes, son conscientes de que fueron y son llamadas a ser, con las herramientas y enseñanzas del Maestro, refugio y semillero de vida en medio de la devastación del bosque institucional.

¿Quién va al huerto-jardín, al alba? No tienen idea de lo que les va a ocurrir, pero ahí van, fieles y seguras, a rendir homenaje al que las amó. De madrugada, entre dos luces, con la sombra de la muerte pegada al alma por la tristeza que les embarga, pero, como siempre, acostumbradas a andar a oscuras y solas, van con su perfume a embalsamar un cadáver, gesto propio del ritual mortuorio judío.

Juan 20,1ss nos sitúa en un camino, en un proceso. “El primer día de la semana”: se refiere a que da comienzo la nueva creación, la nueva era en que la vida ha vencido a la muerte. Es el día después del sexto, Jesús, hombre acabado, ha completado la primera creación. El último día fue el de la cruz.

El proceso lo hacemos de la mano de las mujeres del perfume. Intrépidas se meten en la noche de los tiempos, la noche de la muerte y agarradas al perfume, símbolo del amor al Amado (Cantar de los Cantares 3,1), recorren la tiniebla adentrándose en la aurora, apenas perceptible. En Juan la tiniebla significa la ideología contraria a la verdad de la vida.

Segundo: la losa. Lo que creemos que no podemos mover. La preocupación por quién movería la losa del sepulcro queda solucionada si dejamos que ese miedo no nos paralice y como ellas, seguimos caminando.

Tercero: Jardín y cementerio a la vez. Según miremos lugar de muerte o de vida. Espacio del encuentro vital, del que ha vencido la muerte, con la que por amor, ha vencido el miedo de una religiosidad mortecina y está viviendo en plenitud su dignidad de hija de Dios: dialogando con el Resucitado, recibiendo de sus labios su llamada personal: “María” y el envío a ser semillero de vida para una comunidad asustada, entibiecida por las circunstancias adversas.

Hoy el panorama no es más fácil. Pero no olvidemos que la fuerza del resucitado está en y entre nosotros, como nuestros jardines del bosque. Descubrirlos es apasionante.

¡Feliz Pascua!

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Un comentario

  1. Felíz Pascua ,felíz Vida!!
    Ánimo y Esperanza ..motivos tenemos y debemos dar razón de ello. ! Mil gracias por estos textos en estos días , por llevarnos de la mano siguiendo el rastro del perfume…gracias por el trabajo con tanto mimo y por toda vuestra entrega para ayudarnos a ahondar en el Misterio de nuestra fé .
    Gracias por ayudarnos a ser Luz, y por permitirnos verla en vosotras.
    Un abrazo Pascual!! Aleluya!!!

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