Miserere Mei de Mozart. Isabel Gomez Acebo

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Isabel Gomez Acebo, religion digital

Al principio del confinamiento recibí un whatsapp con la maravillosa música del Miserere Dei de Mozart y, aunque era muy largo, la distribuí entre mis contactos porque me pareció que valía la pena. Hoy he recibido una contestación elaborada de mi amigo Álvaro que me ha hecho reflexionar.

            Investigando su historia he descubierto que esta música se cantaba en Semana Santa para pedir perdón por la muerte cercana de Jesucristo de la que los fieles se sentían culpables. Compuesta por Gregorio Allegri en 1668 se tocaba todos los años en la capilla Sixtina para el Papa, los cardenales y un grupo escogido de fieles durante el Oficio de Tinieblas que consistía en apagar las velas, de una en una, hasta dejar la habitación en oscuridad, unos efectos que acompañaban la tristeza. La propagación de su música estaba condenada por la excomunión – ignoro la razón – pero de hecho circulaban varias copias por Europa, no sabemos si clandestinas o públicas.

No alcanzó la fama merecida hasta los arreglos en 1770 que introdujo Mozart, – los abbellimenti que mi ignorancia musical me impide comentar, pero creo que la partitura inicial era muy simple y necesitaba aditamentos con coros de distintas voces. La leyenda dice que el joven músico tenía 14 años cuando la escuchó y que una simple audición le sirvió para recordar sus notas pues es lo que hacen los sabios. Lo más curioso es que el Vaticano no le excomulgó sino, todo lo contrario, que le otorgó una de las más grandes condecoraciones de la época, caballero de la Espuela Dorada

            Reconozco que hoy la he vuelto a escuchar, tras el dolor generalizado que ha producido esta malvada gripe, y me ha tocado el corazón de una nueva manera. Intervienen dos coros uno recitativo inicial, donde se pronuncian las distintas peticiones a Dios para obtener su misericordia, seguido por otro cantado por un coro a cuatro voces. En nuestro mundo la petición puede no ser el perdón, como lo fuera antaño, sino que le hacemos ver a Dios la necesidad de hacernos conscientes, pobres humanos desvalidos, de su presencia en medio de nuestras vidas.

En estos momentos, pedimos la misericordia de un Dios, que ha dejado la omnipotencia para encarnarse entre los hombres y compartir su condición, pues nos es más necesaria que nunca. Solicitamos que nos conceda fortaleza de ánimo para los enfermos y sus familiares a la par que consuelo para las familias de los muertos que están soportando en solitario su dolor ¡Que se sientan acompañados por tu presencia, y que sean conscientes que los llevas en tu corazón!

Misericordia, Señor, para dar aliento a todos los que están trabajando con el intento de suavizar las condiciones de vida de nuestro país. Que tu misericordia inspire al gobierno, empresarios, trabajadores y autónomos para que sepan, unos alentar y otros reconvertir sus negocios, de forma a paliar el paro que se avecina. Que tu misericordia empuje a todos tus hijos para compartir lo que tienen con los que más necesitan

Misericordia para que los cristianos seamos capaces de llevar nuestra cruz y ayudar a soportar el peso de las de los demás. Misericordia para que sepamos convertir nuestras eucaristías virtuales en fraternidades físicas que se amplían en todos los sentidos, llegando a abrazar al mundo entero. Misericordia para que nos inspires generosidad y que sepamos repartir tu palabra, esa voz que da ilusión y esperanza. Misericordia Señor, para todos los que estamos leyendo este post, para que sigamos sin miedo la senda que nos tienes preparada

Con estas peticiones aconsejo volver a escuchar el Miserere para descubrir en las maravillosas voces su dolor y su esperanza. Son capaces sus coros de pedir a Dios, a la vez que perdón, por otras cosas: escuchar tu voz – pero para hacerlo posible en nuestro mundo tienes que hablar más alto, ya que habíamos dejado de dialogar contigo y no te reconozcamos – que nos manda gozo, alegría y descanso para nuestros huesos abatidos, que vuelva el gozo de nuestra salud y tu espíritu nos sustente. Pero, sobre todo, para que tu misericordia nos ayude a reedificar con tu aliento los muros de nuestras ciudades que se están agrietando y amenazan con más fallecimientos. Todo esto nos dicen los cantantes, oculto tras la elegía

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