Genio en lo tuyo, y humano en lo demás. Pablo Martín Ibañez

Pablo Martín Ibañez. pastoral sj.

Cuánto daño le hace a la persona de moda sentir que es un referente moral. Es muy común que en nuestros días presentemos a gente famosa por su profesión en adalides de otros muchos valores sociales que se quieren promover. Así, es común encontrarse a futbolistas con cuentas en paraísos fiscales, haciendo campañas de fair play; a famosos cantantes, en anuncios contra las drogas, justo antes de consumir en una fiesta cualquiera, etc.

Claro que, cuando la situación se tensa con temas de vida o muerte inminente –como la actual crisis sanitaria–, hace un poco menos de gracia ver ciertos comentarios. Entre algunas personas públicas y famosas se están empezando a difundir ideas rocambolescas en torno a la esperadísima vacuna contra la COVID19. La receta de gente con tanta proyección como Miguel Bosé o Kase.O (aunque este último se retractara): vacuna, Bill Gates, nanorobot y una batidora. Todo bien mezclado (y agitado), da como resultado una teoría de la conspiración muy mediática.

Me pregunto si nuestras sociedades son lo bastante maduras como para no tomarse en serio estas ideas. Pero, al margen de la responsabilidad personal de los propios famosillos o de sus seguidores, cabe una reflexión respecto a qué tipo de referentes construimos y cómo los tratamos.
Resulta bien importante para la sana evolución de nuestras comunidades ofrecer buenos faros en los distintos campos. Y, sobre todo, que lo sean exclusivamente en esos campos. Así, un futbolista será un ejemplo de fair play, de trabajo duro o superación, siempre que ponga en práctica esos valores y, si no, será solo un excelente deportista; y un cantante, por muy bien que cante, que utiliza su ascendiente para expandir ideas insanas, no debería ser más referente que excelentes artistas. De ambos no espero, ni me interesa si es buen cocinero o buen padre/madre.

Pueden parecer ideas obvias. Y quizá lo son. Pero me vengo oliendo que últimamente nos movemos en dos extremos. Por un lado, absolutizamos a quienes ensalzamos, haciendo de ellos una especie de semidioses, cuyas palabras o salidas de tono se convierten en ley moral.

También hay otra corriente, la de un neopuritanismo incapaz de desvincular al artista de su obra. De tal modo que se espera que tal o cual persona sea también un ejemplo moral. En el fondo, son las dos caras de la misma moneda: la que es incapaz de asumir la genialidad en un ámbito y, a la vez, la absoluta humanidad, con sus virtudes y defectos, en todo lo demás.

Quizá sea el momento adecuado de empezar a proponer en el ámbito cívico, moral o social a referentes que encarnen verdaderamente los valores que queremos que construyan nuestra sociedad. Quizá sea menos espectacular, pero también es más sensato. Sobre todo, para no encontrarnos teorías conspiranoicas que a la mayoría nos producen más rechazo que otra cosa; pero que a alguno puede hacerle la vida más difícil.

Pablo Martín Ibáñez

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