Reflexión: Dos caras de la misma moneda. Farid Yazdani

Farid Yazdani. revista utopia

Nuestra realidad está configurada por elementos tangibles e intangibles. El darnos cuenta de ello amplifica nuestra consciencia y permite ponerlos en armonía en nuestras vidas, conectándolos coherentemente, de tal forma que nuestra humanidad alcance cotas más altas y de que nuestros actos alcancen más belleza y bondad.

Observando nuestra historia, la de la humanidad, en concreto la del homo sapiens, constatamos dos manifestaciones de la realidad que podríamos llamar la realidad tangible (aquella física, biológica) y la realidad intangible (la psíquica, espiritual).

Un deseo de comunicación como especie

Estas dos manifestaciones de la realidad están permanentemente en interacción. Muchos de los cambios surgidos en lo tangible vienen motivados por la necesidad de hacer visible lo intangible, y es por eso por lo que los instrumentos físicos y biológicos se desarrollaron e iniciaron su proceso de evolución. Veamos algunos ejemplos que nos puedan ayudar a comprender esta afirmación.

Nuestro deseo de comunicación como especie (la realidad intangible) era de tal magnitud, que los sistemas simples como los que vemos en los animales no bastaban para su expresión. Por ese motivo, nuestra biología (la realidad tangible) tuvo que desarrollar los instrumentos necesarios para llegar a lo que hoy en día conocemos como la capacidad del habla, un sistema complejo de comunicación que solamente los humanos tenemos desarrollado a un nivel elevado. A partir de ahí, fuimos evolucionando en la capacidad de comunicarnos, a través de la escritura, del arte en todas sus variantes y, ya en los tiempos modernos, mediante el conocimiento científico y la tecnología. Todos ellos no son más que el vehículo para manifestar y hacer visible en todos los sentidos esa realidad intangible del ser humano.

Una interacción entre lo tangible e intangible

El profesor y pensador Yuval Noah Harari, en su libro “Sapiens. De animales a dioses”, narra de forma magistral y detallada la historia de la humanidad y su proceso evolutivo, aunque, desde mi punto de vista, obvia esa parte intangible de nuestra realidad y su papel decisivo para el desarrollo civilizatorio.      

Todo lo que somos y seremos como especie, hasta llegar al individuo actual, pasando por todas sus variantes, raciales, culturales, sociales, etc., no es más que la interacción entre lo tangible y lo intangible y, en consecuencia, así será la parte de la realidad que quede manifiesta. Cada enfoque por separado tiene un resultado concreto: por ejemplo, el enfoque biologicista que aísla al ser humano y lo reduce a un objeto animado, es un reduccionismo que anula, en gran medida, la capacidad de trascendencia que necesitamos para nuestra supervivencia. Y, por otra parte, está la visión trascendentalista dogmática, que pierde de vista la realidad tangible y nos somete, con fanatismos, supersticiones, rigidez conceptual, etc.

La mirada de un cuadro

Hoy, más que nunca, necesitamos un desarrollo integral y que el sentido de nuestra existencia se manifieste a través de medios de mayor calidad. Hay una metáfora que posiblemente arroje luz sobre esta idea. Supongamos que estamos observando un cuadro, por ejemplo “El 3 de mayo en Madrid”, de Francisco De Goya, una obra maestra, con un sinfín de mensajes: la crueldad, el sufrimiento, los sentimientos de cada personaje, etc. Todo esto y mucho más está en el cuadro, pero de forma intangible, porque de forma tangible, lo que hay, es la madera que da estructura al cuadro, en forma de bastidor y marco, el lienzo que es el soporte para plasmar el mensaje, la pintura para manifestar el sentido, y muchos pequeños detalles más.

Ahora bien, aunque el sentido del cuadro, al igual que el sentido de un libro, no está en su soporte material, sin el soporte o con él dañado, el sentido no se manifiesta, o lo hace de forma distorsionada. Utilizando la misma analogía, podemos afirmar que la calidad de la manifestación de la realidad intangible depende directamente de la calidad de la expresión de la realidad tangible y, por ende, del equilibrio entre estas dos manifestaciones. Poco o nada podría habernos hecho llegar Goya si no hubiese dispuesto del material adecuado y con la calidad adecuada, o Cervantes a través de su literatura.

Dos autores, dos miradas

Hay muchos autores que han escrito sobre las dimensiones antropológicas de la vida, pero hay dos que me gustan especialmente: uno es el Dr. Viktor E. Frankl, que nos dejó un gran legado a través de sus hallazgos teóricos y experiencias vivenciales en los campos de exterminio nazis, y el otro es Ken Wilber

Hemos construido suficiente contexto en este artículo tan breve, para poder afirmar que nuestra espiritualidad y psicología necesitan de un ser humano saludable en toda su extensión:

  • Lo individual: lo que a cada ser humano le corresponde hacer, en el ejercicio de la    responsabilidad es donde uno se hace libre, tal como lo explica Frankl. Hay un principio de obligado cumplimiento hoy más que nunca: la libre investigación de la verdad.
  • Lo colectiva/social: la interresponsabilidad entre los miembros de la comunidad cercana (familia, amigos, vecinos, barrio) y no tan cercana (todos los que habitamos el planeta). Sentido de transcendencia en el tiempo, para tener en cuenta a los que están por venir, y en el espacio, para los que están, pero que no vemos cotidianamente.

La plenitud incompleta

Estoy escribiendo estas líneas justo cuando estamos padeciendo el confinamiento domiciliario por el COVID-19. Es un momento de mucha reflexión, pues vemos cómo el castillo de naipes que hemos venido construyendo se está derrumbando. Desde la Ilustración, y especialmente desde la revolución industrial, hemos potenciado esa parte de nuestra realidad que está vinculada con lo tangible, como un libro con algunas páginas en blanco o con un montón de tachaduras y frases sin acabar.Viktor E. Frankl lo llama “vacío existencial” y a mí me gusta llamarlo “plenitud incompleta”. Comer y nutrirse parecen sinónimos de la misma lógica; ambos fenómenos producen la misma sensación de saciedad, pero los resultados son muy distintos. Sin duda, necesitamos que nuestro sentido intangible traspase las fronteras actuales e inicie una senda de mayor grado de madurez o, como Ken Wilber tan acertadamente lo denomina, “una consciencia de segundo grado”. Y como afirma Bahá’u’lláh (el visionario y profeta persa del siglo XIX): “El mejoramiento del mundo puede ser logrado por medio de hechos puros y hermosos, por medio de una conducta loable y correcta”.       

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