Carta abierta de la Hna. Antonieta Potente al arzobispo Viganò

Antonieta Potente. Amerindia

“Estamos hondamente indignadas a causa de las palabras que usted, cristiano y obispo, expresó para apoyar al presidente Trump, hacedor de una política que, en estos últimos meses, se ha manifestado siempre cada vez más discriminatoria y violenta, tanto en la emergencia sanitaria como en los últimos hechos de racismo», expresa la hna. Antonieta en su misiva, dirigida al arzobispo Carlo María Viganò, en referencia al mensaje que el prelado envío al presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, el 7 de junio pasado. 

Nos parece que utilizar a las Escrituras para justificar la política violenta del presidente Trump es como regalar las “perlas a los chanchos» según las palabras evangélicas. No den las cosas santas a los perros y no tiren sus perlas delante de los chanchos para que no las pisen sus patas (Mt7, 6). El lenguaje que usted utiliza en su mensaje al presidente de los Estados Unidos (carta del 7 de junio de 2020) a nosotras, mujeres, cristianas y religiosas dominicas, nos ha trastornado pero a la vez nos incita a disociarnos y a denunciar la ambigüedad de su pensamiento y de su postura; tratándose además de un lenguaje dualista y discriminatorio. 

No nos resignarnos a pensar que un miembro del Magisterio de la Iglesia católica pueda usar las Escrituras para sostener dicha política, que choca contra todo principio evangélico. Ya deploramos su pedido de renuncia del papa Francisco, pero ahora nos parece una autentica blasfemia utilizar el término bíblico “hijos de la luz» para declarar que Trump, junto con usted y todo su séquito, son víctimas de  específicos complots celestiales y sociopolíticos. Negar la evidencia de estos últimos acontecimientos racistas de parte de integrantes de la Policía, apoyados y defendidos por el mismo presidente Trump, es hecho contrario al Evangelio. Los hijos de la luz de quienes usted tanto habla, son quienes en la luz caminan, ven y con “parresia» denuncian lo que han visto. 

En los labios de Jesús de Nazaret, de sus primeros discípulos y discípulas, nunca se halló Bienaventurados a los fuertes, los prepotentes, los opresores, sino que Bienaventurados son los humildes, los mansos, los amantes de la justicia y de la paz, aún en la precariedad de las condiciones humanas e históricas. No logramos comprender cómo puede olvidar este mensaje y manosear el lenguaje de Juan acerca de la luz y de las tinieblas, para apoyar un gobierno tan violento como es el actual gobierno de los Estados Unidos. 

Violento en palabras (es suficiente mirar los mensajes del presidente Trump de éstos últimos días), violento en obras. Y la violencia es llevada igualmente en su política mundial y en las relaciones internacionales y hasta en la voluntad de apropiarse de una vacuna que, como todo sistema de cura, debería ser patrimonio de la Humanidad. De verdad todo eso nos deja estupefactas, pero a la vez confiamos que estos vómitos raciales que usted atribuye- haciendo una gran confusión- a los hijos de las tinieblas, no encuentren lugar en el alma humana, sobre todo en el alma de mujeres y hombres que sufren. Nosotras, mujeres religiosas, nos sentimos de verdad “de Eva”, pero no según la metáfora que usted emplea. Más bien, pensamos que ciertas actitudes suyas, así como el lenguaje que utiliza, no son alimentados por los hijos de Eva, como afirma, sino que son fruto de una mentalidad homófoba y por ende discriminatoria, como demuestra el presidente Trump, al que usted apoya. Sepa que también nosotras rezamos por Trump y por su país, pero no según la intención auspiciada por usted. Nosotras rezamos, como mujeres de Fe, con las mismas palabras que la verdadera tradición bíblica nos ha enseñado: pedimos la colaboración para que los humildes, y no los ricos, sean exaltados; pedimos que desaparezcan los poderosos y los prepotentes que humillan y destruyen la esperanza de los pueblos. Por lo tanto, rezamos también por Trump y por usted, que lo sostiene. Quede claro, sin embargo, que nosotras estamos del lado de los débiles y de los oprimidos, seguras de que tan sólo a ellos ha sido revelada la sabiduría que los dominadores de este mundo no pudieron conocer (1 Cor 2,8)” 

Hna. Antonietta Potente OP (Dominica de Santo Tomás de Aquino) 

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