Antonio Aradillas: “¡Don Demetrio: Dios no está en las mitras!”

Del sacrosanto nombre de Dios tomado en vano,  hacen  impúdico uso en cristiano,  en su misma  liturgia y con hábitos y ornamentos sagrados   y por sus autoridades máximas  entre cuyas filas destacan  báculos, mitras, anillos y tronos catedralicios, entre nubes de incienso, cruces procesionales y golpes de pecho
¿Qué  pueden hacer para los sacerdotes y el pueblo de Dios para que sean depuestos obispos como los de San Sebastián, Cádiz y otros que, dentro y fuera de España, se lo merezcan con razones tan elocuentes como sobradas?

Con el decidido  y disciplinado propósito de evitar ociosas o  malentendidas sorpresas, refiero que “disparate”  es definido como “hecho o dicho  sin sentido común, contrario a la razón “ o “dislate”, que es “ lo que va más allá  de lo razonable,  de lo normal  o se sale de lo ordinario  o lícito”. La RAE “dixit” y esta definición  sirve a todos para iniciar y mantener  la convivencia entre los seres humanos.

Con esta referencia huelga referir  que los editores de libros   del ámbito  de las “antologías del disparate” están permanentemente ahítos  de razones para engrosar  sus secciones y capítulos  relativos  a cualquier materia  o temas, objetos  y sujetos  de conversaciones  entre contertulios  y aún profesionales.  Los adictos, por ejemplo,  a la política,  multiplican las ediciones con generosidad, originalidad  y asombro, Por supuesto que las páginas “religiosas” proporcionan material abundante  de datos  de singular relevancia, cifras, ponderaciones  e interpretaciones, solo con asomarse a las páginas dedicadas a estos menesteres  en su diversidad de procedencia, circunstancias de lugar y de tiempo y sagradas órdenes “ministeriales”.javascript:false

Y sin más atrios, introitos y prolegómenos, refiero que acabo de leer una Carta Pastoral,  firmada por el actual obispo de Córdoba, don Demetrio Fernández,  uno de los principales proveedores de los “disparates” que antologan  y sirven de titulares  a los medios de comunicación social, aún a los patroneados y financiados por la Conferencia Episcopal Española (CEE), diócesis o parroquias…

Como a este obispo y a algunos de sus  congéneres,  cualquier tiempo y ocasión les resultan cómodos y propicios  para enmarcar lo que piensan, u otros pensaros –es un decir- por ellos,  subrayo como significativos  algunos párrafos de sus consideraciones pastorales oficiales a propósito del homenaje  civil presidido y participado por el Jefe del Estado y autoridades políticas, civiles y aún religiosas, a pocos pasos de la madrileña  catedral de la Almudena y en recuerdo –memoria- de las víctimas  del “coronavirus”:

“El silencio de Dios observado en la celebración, más propio de un Estado laico como el constitucionalmente vigente hoy en España, lo fue de un Estado laicista.”. “Con tal silencio se pretendió herir mortalmente  la identidad española  desde sus orígenes evangelizadores  hasta nuestros días, pasando  por las épocas  gloriosas de nuestra reconquista fatigosa y la evangelización  del nuevo mundo”.  El obispo cordobés insta  a “no avergonzarnos del Evangelio”, con añoranzas indulgenciadas  a la “lucha sin cuartel  entre moros y cristianos”, con remembranzas litúrgicas  “a la festividad de Santiago patrono de España…”

El silencio de Dios –silenciar a Dios- no está registrado en las tablas de piedra de la Ley  ético moral  de la humanidad y ni en los evangelios, con los mismos caracteres  dramáticos que lo está  el preceptivo “No tomarás el nombre de Dios en vano”, no solo verbalmente sino sobre todo en la práctica. Del sacrosanto nombre de Dios tomado en vano,  hacen  impúdico uso en cristiano,  en su misma  liturgia y con hábitos y ornamentos sagrados   y por sus autoridades máximas  entre cuyas filas destacan  báculos, mitras, anillos y tronos catedralicios, entre nubes de incienso, cruces procesionales y golpes de pecho.

Reservar anatemas y descalificaciones  para determinados “olvidos”, aún  conscientes y programados democráticamente de alguna manera,  resulta desedificante, impúdico  y escandaloso y, por supuesto, incomparablemente menos grave  que el intento  de hacer presente a Dios  en episodios y situaciones  cristianas y hasta eclesiásticas,  tales como corrupciones,  dinero –Cajas de Ahorro-, juicios,  “inmatriculaciones” y en   circunstancias “pederastas”, por acción u omisión.

Quiérase o no, el nombre de Dios  no lo silenciarán jamás ni los políticos, ni los curas y obispos.  Dios es silencio.  Silencio Absoluto, pero  elocuente, virtuoso,  activo y al servicio  y para remedio de las debilidades  humanas y divinales  de su obra creada.  Dios es Dios de todos, siempre y para todos. Dios está y se hace presente  en las misas solemnes como  en los homenajes cívicos, que pueden tener y tienen tanto o más de religiosos que no pocos litúrgicos por definición y convocatoria “oficial”.. De lo que sí puede y debe aseverarse con todo rigor, aunque sin liturgia, es que Dios ni tiene ni tendrá, ni usará, jamás mitra, siendo “Jesús” y apellidándose “de Nazaret”. Fueron las mitras, precisamente las mitras, con la firma y apoyo de Poncio Pilato, los fautores del deicidio cristiano…    

Lo de “¡Santiago y cierra España”¡, las batallas de Clavijo y la de Las Navas de Tolosa y otros capítulos  “evangelizadores” de la Reconquista y de la Conquista de  América lo silencio, dejándolo para otra ocasión más piadosa, aunque por ahora, no dejo de formular estas preguntas :¿Quién, quienes, y con qué criterios se siguen nombrando todavía  los obispos en España? ¿Qué  pueden hacer para los sacerdotes y el pueblo de Dios para que sean depuestos obispos como los de San Sebastián, Cádiz y otros que, dentro y fuera de España, se lo merezcan con razones tan elocuentes como sobradas?. ¿Cuando a la democracia se le entreabrirán las puertas del acceso al episcopado  y dejará de imbricarse al Espíritu Santo  en tareas pastorales y canónicas no siempre transparentes ni limpias?…

¡Gracias, don Demetrio, al menos por haberme proporcionado la  oportunidad de redactar estas sugerencias¡ ¡Qué obispo “in péctore” se perdió Córdoba con la muerte de su alcalde Julio…¡    

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