Voces femeninas en Religión Digital

Sor Lucía Caram, con su libro y un retrato junto al padre Ángel

“Cuando hay entre nosotros voces que claman por dejar antiguas sendas de salitre o de carroña y piden buscar derroteros nuevos, aunque  desconocidos, para no pocos de nuestros lectores todo son oídos al alza y ojos avizores y alarmistas”

Nicolás Pons, sj.religion digital

No pasa inadvertido a los lectores que en ese foro nuestro que llamamos RD se asoman a nuestras letras LECTORES de todo gremio, de toda forma y condición, de buena voluntad y no tan buena. En fin, de todo pelaje, sin que queramos dar un tono o aspecto negativo o ruin a ese vocablo.  Cada uno es como es y basta.

También es sabido  que los AUTORES de las ideas, reflexiones, temas, proposiciones, historias, etc. que fluyen en este postal somos un grupo de personas, cargadas de buenos deseos, ansiosas de dar luz e invitar al bien, sobre todo para esa Iglesia nuestra que, por incurrir y discurrir en este mundo de tinieblas, a veces también es o al menos aparece, encubierta de tenebrosidad.

Ahora bien, cuando hay entre nosotros voces que claman por dejar antiguas sendas de salitre o de carroña y piden buscar derroteros nuevos, aunque  desconocidos, para no pocos de nuestros lectores todo son oídos al alza y ojos avizores y alarmistas.

Es más todavía: si esas voces que claman y se desgañitan saben a voz femenina, el cielo truena y nada digamos si esta voz o esa pluma procede de un silencioso claustro o un lejano monasterio. Porque, según dicen ellos, el monje o la monja, a rezar y a callar. O a lo más, a cantar, pero en el coro de la iglesia o, a lo más, junto al altar.

Y todavía añaden: ¿Es que  esas voces desgañitadas y vociferantes  cantan a su aire sin mirar ni obedecer la batuta de un director de orquesta que las reprima y las meta en vereda, como toca en toda coral y en todo corral?   

Pero, la historia, que es la maestra de nuestro vivir y convivir, cambia muchas veces de página y nos recuerda sucesos antiguos que tapan nuestra boca y se ponen en contra de nuestras poses que defendemos a troche y moche.

Y es por eso que viene a cuento abrir hoy la historia de una monjita de la orden dominicana, que murió a los 33 años en Siena (Italia) a la que llamamos Catalina de Siena (1347-1380), canonizada por el Papa Pio II, ahora segunda Patrona de Italia (junto con San Francisco de Asís), declarada Doctora de la Iglesia por el Papa Paulo VI en 1970, que a los 21 años  intervino en la pacificación de los republicanos en Siena. Y que a los 25 años se siente conciliadora  entre soberanos y aconseja a príncipes y que  a los 28,  logra mantener  por su influjo adicta al Papa Gregorio XI toda la Toscana, habiendo logrado además con su actitud que el Papa dejase de una vez su sede de Aviñón (Francia) donde los Papas llevaban allá residiendo siete décadas  y retornara a su sede de Roma en 1376. Y ya el Papa en Roma, Catalina consigue la paz entre Florencia y Gregorio XI.

Es que Catalina había escuchado un día la voz que retumba de una manera o de otra en el corazón de todo cristiano. Era ésta: “Tu pequeña habitación ya no será tu morada. Para la salvación de las almas debes dejar incluso tu ciudad. Voy a conducirte delante de los Papas, de los obispos y de los gobernantes  del pueblo cristiano par que por medio de los débiles, como corresponde a mi estilo, humille la soberbia de los poderosos (SantasDoctoras, 38)

“Impulsada, por tanto, Catalina por una historia diferente –escribe uno desus biógrafos-  incursiona en el escenario político y eclesial. Es audaz en el hablar y al actuar despierta sospechas. No era habitual en el siglo XIV  que una mujer se dirigiera  a políticos y eclesiásticos, urgiéndoles cambiar de actitudes. Lo suyo realmente era una osadía. Pero lo hace con humildad y con profundo amor y se mueve a hacerlo  a pesar de su juventud, escasa preparación y ser mujer. Es la fuerza del Espíritu, presente en ella, la que hace posible  esa audacia femenina.”( José A. Martinez Puche, NUEVO AÑOCRISTIANO  ABRIL- Pàg.387)

Aparte de su tarea personal y andariega por muchos lugares de Europa y sobretodo Italia, Catalina de Siena, como Teresa de Ávila, es una gran apóstol de la pluma. Tantos lugares  nos indican  el espacio relacional, vasto y rico en que se movió. Son 381 las cartas que se conservan de ella. 23 van dirigidas a Papas, 19 a cardenales u obispos, 13 a reyes o reinas, 6 a jefes militares, 38 a gobernantes, 29 a señores de la aristocracia , 15 a artistas, 12 a abogados o médicos, 16 a miembros de su familia, 32 a discípulos,  16 a miembros de la Orden de Santo Domingo, 17 a monjas, 81 a monjes, frailes o ermitaños, 9  a  sacerdotes,  11 a miembros de asociaciones laicas, 23 a comerciantes o artesanos y 20 a destinatarios diversos. 

Acaba diciendo el mismo biógrafo: “Como es posible que una mujer de su tiempo, siglo XIV,  con escasa formación, sea capaz de mantener  un abanico de relaciones tan amplio? Una audacia femenina  tan singular es un regalo de la gracia, pero contando con su fidelidad  y con la riqueza de atributos que la honran. Así es como Catalina  sueña con una sociedad  unida, donde florezcan la justicia  y la paz y con una Iglesia testimonial, cuyos pastores sean modelos para el rebaño. Y a esas causas dedica, con intensidad,  movida por el Espíritu, los años de su corta, pero fecunda vida.“   (Idem, pàg.390)

He aquí como una voz  femenina ya  en el siglo XIV se adelantó a la  consigna, y orden del día de nuestro Papa Francisco, cuando éste (sin excluir la mujer) exclama. “Basta de silencios, Gritad con cien mil lenguas porque por haber callado, el mundo está  podrido”             

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