Yo vengo de un silencio. Rosa Ramos

“Yo vengo de un silencio 

antiguo y muy largo 

de gente que se alza 

desde el fondo de los siglos…

Quien pierde el origen 

pierde identidad…”

Raimon

Ver video  https://youtu.be/4skMnle8R1c

Rosa Ramos. Amerindiaenlared.org

Hermosos versos que no oía hace muchos años y que hoy escucho con mucha emoción. 

Más allá de suscribir la letra en su conjunto, puede hacerse una lectura libre, dado que este blog refiere al Espíritu y la libertad.

En todos anida un silencio o soledad existencial que podemos evitar, huyendo hacia el ruido –de muchas formas que ofrece en abundancia la sociedad- o cultivar, envolviéndonos en él a menudo -o al menos de vez en cuando- como en un útero nutricio o una manta tibia para encontrar allí sentido, claridad, fuerza, mayor hondura, o nueva dirección. 

Muchas veces ese silencio no se elige, es, está, acontece y tenemos luego el fruto, como en el caso de Vicent Van Gogh y sus pinturas tan bellas como inquietantes, con sus trazos tan particulares donde las pinceladas se superponen y dan relieve a la tela, no contentándose con permanecer lisa, donde las estrellas o los girasoles, los pastos o las sillas, adquieren dimensiones, colores y brillos que no vemos con nuestros ojos -y nuestras prisas- cotidianamente. Es una revelación que descubre en su silencio y suelta estrepitosa y velozmente tratando de comunicarse, de comunicárnosla.

Por otra parte, ahora siguiendo al cantautor español Raimon, todos somos deudores de una historia familiar, comunitaria, universal, siendo hijos de un silencio muy antiguo y largo de gente anónima que late en nuestra sangre recordándonos el fondo de los siglos.

¿Dónde radica nuestro origen, ese que nos da identidad? ¿En nuestra concepción y silenciosa gestación, en los primeros años de vida tan marcantes? Sin duda, pero podemos ir más allá y ubicarlo en esa historia larga de nuestros ancestros cuyos nombres y rostros se nos pierden en algún momento más cercano o más lejano del árbol genealógico, y que, sin embargo, sostienen nuestras mejores virtualidades tanto como nuestras “hermanas neuras”.

La vida no nos pertenece, ni nos hacemos solos -contra lo que sostienen algunos-, la vida nos ha sido regalada y llevamos este tesoro (no sólo la fe, sino la vida misma) en vasijas de barro. Vasijas que a veces se nos resquebrajan y amenazan ruina, sin embargo, el barro tiene una memoria honda (como nuestra piel o nuestro olfato) y encuentra el camino para reconstruirse. La vida nos es regalada una y tantas veces, quizá porque muchos la sostienen y empujan desde el fondo de los siglos. “Yo vengo de un silencio/ antiguo y muy largo”

El silencio de ese origen es a veces oscuro, denso, desconcertante, hasta atemorizante, pero también fecundo: el silencio está preñado de Palabra a parirEl destino del silencio es el grito, el nombrar, la llamada, la protesta, la poesía, la canción, el aleluya…

Sigue diciendo Raimon: “Yo vengo de una lucha/ que es sorda y constante/ Yo vengo de un silencio que romperá la gente/ que ahora quiere ser libre/ y ama la vida…” 

Pedro Casaldáliga ha sido –seguirá siendo- el hombre de la palabra profética y de la poesía mística que animó y acompañó nuestras “caminhadas” latinoamericanas. Sus palabras nacieron del gran silencio que incluía la belleza de la floresta, el dolor por la injusticia antigua y continuada, el amor y admiración por su gente que poblaba su corazón, la fe en su Señor Jesús y la porfiada-activa esperanza. Esas fuentes tan profundas y conmovedoras abrevaron el silencio del obispo de San Félix de Araguaia que explotó en grito profético, en innumerables poesías y oraciones. Porque también él diría: “yo vengo de un silencio/ que no es resignado”

¿Conocería don Pedro esta otra canción de Raimon sobre la espera de la muerte en soledad?, quizá sí: “Con un presente delgado, como siempre/ con una vida que huye… Mientras se acerca la noche/ algunos recuerdos me hacen vivir” Gran misterio el silencio y la fragilidad al que lo redujo por varios años la enfermedad de Parkinson, gran misterio que seguramente mucho le costó vivir (aunque quizá más a nosotros contemplar impotentes desde lejos) y cuyo destino ha sido ya un gozoso y esperanzado Magnificat por las opciones-acciones de Dios y será un gran Aleluya al final de los tiempos.

Algunos dicen que de un gran silencio venimos y a un gran silencio vamos. Yo espero que el silencio sea transitorio, acaso intermitente -siempre lúcido y dulce-, para recrearnos y que la palabra sea más auténtica. Que sea tránsito a la voz, al arte, como el tránsito de la oscuridad es a la luz. Silencio y oscuridad miles y miles de años atrás estallaron en múltiples galaxias, estrellas, luego en universos de vida y formas multicolores desde las más simples… hasta que fuimos capaces también nosotros de estallar en palabras, música, danza, color y belleza.

El arte de hacernos humanos es el que más nos cuesta: “¿Morirá la vida en la Tierra después de matarnos?”, la sombra de las grandes guerras fratricidas -y de otras guerras más cercanas-espantan no sólo a los poetas, pero confío en la promesa de Dios que el salmista intuyó en el anhelo profundo del corazón humano“Amor y Verdad se han dado cita, Justicia y Paz se abrazan; la Verdad brotará de la tierra, y de los cielos se asomará la Justicia” (Sal. 85, 11-12)


La ontogenia recuerda –no la repite, pues la enriquece- la filogenia: así cada uno de nosotros viene de un silencio que dura no sólo la gestación sino que después de nacer la palabra propiamente tardará en articularse y organizarse en frases uno o dos años. Aunque entretanto rompan el silencio primero el llanto y después la risa. ¿Cuál será la palabra que pondrán en este mundo más temprano que tarde esos niños de nuestras entrañas y corazón que tanto amamos y en quienes tenemos puesta nuestra predilección y esperanza? 

Por ahora nuestros niños y niñas tan amados nos hacen esperar y soñar. Dios también espera pacientemente… Pero ahora, hoy que es nuestro tiempo, ¿cuál es nuestra palabra que viene del silencio, que el amor a la vida plena y al género humano nos pide proferir?

Que Pedro Casaldáliga nos sople-inspire y aliente a ser profetas y poetas de la vida buena.

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