¿Desobediente?

Isabel Gómez Acebo. religion digital

En muchas instancias, la conciencia nos dicta caminos que nos enfrentan con la ley. Uno de estos casos me ha llegado por WhatsApp y como veo que no tiene límite de envío a una única persona, pienso que es una historia poco conocida. Sucedió en 1993 cuando un comando español formaba parte del contingente militar de los cascos azules destinado en Bosnia, en la ciudad de Konjic, a 40 km de Sarajevo. Se trataba de un infierno en la tierra ya que incontables facciones batallaban entre sí y los francotiradores causaban estragos que nos recuerda a la actual situación de Siria. Una guerra sin cuartel entre los dos bandos, ortodoxos y musulmanes, donde no estaba claro quiénes eran los buenos y los malos, ya que en ambas partes se realizaban actos crueles e inhumanos, como pasa en todas las guerras. La contienda se recrudecía en verano, por ser un país montañoso que perdía la nieve en el momento estival, y es cuando se rompieron las negociaciones del alto el fuego entre los dos bandos

            Era el 25 de abril de 1993. El comando español compuesto por cinco blindados y 35 legionarios estaba dirigido por un joven teniente legionario llamado Monterde que escuchó cerca de su posición los gritos desesperados de unas 200 mujeres y niños que estaban huyendo de “los pañuelos verdes” musulmanes, famosos en toda Bosnia por ser sanguinarios y despiadados. Unos 10 soldados croatas  cubrían la retirada de la población civil que al ver los carros de la ONU, se refugiaron tras ellos. Los soldados croatas se rindieron de inmediato e informaron al teniente Monterde que si no les daban amparo les degollarían a todos. Los perseguidores musulmanes que habían jurado fidelidad a Sulman, uno de los cabecillas que azuzaba la guerra, llegaron numerosos y fuertemente armados incluso con lanzagranadas. Estaban dirigidos por un hombre rubio de unos 30 años, exigían la entrega inmediata de los refugiados y amenazaban con la muerte a todo aquel que les protegiera. Lo malo era que las negociaciones tenían que hacerse a través de un intérprete y el paso del tiempo azuzaba a los perseguidores

            El teniente español pidió refuerzos, pero le dijeron que era imposible mandárselos ya que las carreteras estaban cortadas. Una versión cuenta, la que me llegó por WhatsApp, que le mandaron que se retirara y se desentendiera de las consecuencias, pero el mismo comentó en su día que le pidieron mantuviera la posición, defendiera a los refugiados e invocara el nombre de la ONU bajo cuya protección quedarían los refugiados. Con estos argumentos, plantó cara a la turba musulmana. Pasaron 12 horas de una tensión insoportable, entre la vida y la muerte, Monterde se mantuvo firme y los musulmanes se avinieron a abrir las negociaciones que terminaron con una rendición de los soldados croatas y la reubicación de los civiles en diferentes aldeas. Lo más curioso es que muchas familias musulmanas los acogieron, ya que la misericordia y la compasión no sabe de credos.

En Croacia se celebra el 1 de diciembre el día de los inocentes de Konjic y se rinde homenaje a los soldados españoles que los defendieron. Prefiero esta versión que la que asegura que desobedeció las órdenes recibidas ya que deja en mejor lugar al alto mando, el valor impera y la solución final es la misma. Nos queda por hacernos algunas preguntas que hacen referencia a la posibilidad de desobedecer si hubiera sido otra la orden, si un militar puede hacerlo y que haríamos nosotros en una situación semejante

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