Pablo d’Ors: “Jesús es un extraordinario arquetipo del yo más profundo”

Santiago Gorgas.religion digital

«Ojalá nos guiaremos siempre no simplemente por lo que sentimos y pensamos, sino por el espíritu, por lo que somos, que es algo mucho más profundo. Lo que pensamos y sentimos es cambiante. En cambio, lo que somos es algo más estable, más fiable, más duradero»

La historia de todo buscador espiritual comienza con un testimonio que despierta una inquietud. El libro Biografía de la luz(Galaxia Guttenberg, 2021) invita a mirarnos por dentro para cambiar por fuera. Desde la perspectiva existencial, meditativa y artística, Pablo d’Ors ofrece una interpretación muy personal de la figura y del mensaje de Jesús de Nazaret. Su lectura nos ofrece un mapa para buscar el sentido más profundo de nuestra vida. 

El libro ‘Biografía del silencio‘ nos invitaba a meditar. Este nuevo libro, Biografía de la luz, nos propone una aproximación a la espiritualidad. La pregunta ¿quién soy? se presenta como una piedra fundamental para acercarnos a la espiritualidad. ¿Puede la vida de Jesús dar pistas para reflexionar sobre nosotros mismos? 

Biografía de la luz es la continuación natural de Biografía del silencio (Siruela) por la sencilla razón que silencio y palabra son las dos caras de la misma moneda. Hacemos silencio en orden a la escucha. Y lo que escuchamos es la palabra, precisamente la voz de la conciencia. Por otro lado, la escucha de esa voz interior requiere de mapas o plantillas desde las que poder afinar el oído. Para mí, como cristiano, Jesús de Nazaret y, en concreto, el evangelio es la plantilla más adecuada que he podido encontrar. En ese sentido, preguntarme por mí es tanto como preguntarme por el yo más profundo, del cual Cristo es un extraordinario arquetipo. 

¿Cree que la búsqueda espiritual y en concreto cuestionarnos sobre quienes somos es transgresor dentro de una cultura laica dominante? 

Seguramente es un acto contracultural. Todo nos invita a mirar hacia afuera y no hacia adentro. No tenemos el hábito de hacernos preguntas tan radicales de carácter existencial. En definitiva, leemos para responder esta pregunta, viajamos para responder esta pregunta, entramos en relación con los otros para responder esta pregunta. Detrás de las cosas esenciales que hacemos siempre está el gran dilema de la identidad.

¿La construcción de nuestra identidad tiene que ver con la búsqueda de un mandato interno o está vinculada con el papel que cada uno tiene en la sociedad? 

Siempre que hablamos de identidad existe la tentación de caer en el dilema de tener que escoger. Pero lo individual no excluye lo social o lo colectivo. Al contrario. Hablamos de dentro y de fuera, pero no deja de ser una metáfora. Realmente lo de dentro es un espejo de lo de fuera, y lo de fuera es un espejo de lo de dentro. Son categorías para entendernos. Las provocaciones en torno a la propia identidad vienen de todas partes, tanto de dentro como de fuera. 

«El principal rasgo de una persona espiritual es su respeto a la realidad. Es decir: la no intervención, la confianza en que la realidad tiene los recursos indispensables»

Jesús llamó a dos pescadores y les dijo: veníos conmigo y os haré pescadores de hombres . Resulta sobrecogedora la inmediatez con que estos discípulos aceptaron la invitación de Jesús y le siguieron sin dudarlo. Acción pura. Dices que tanto la mente como el corazón tienden a degenerar en intelectualismo y sentimentalismo. ¿Cómo se consigue que nuestras acciones no se rijan por el intelecto y por las emociones?

Es un largo entrenamiento. Ojalá que nos guiaremos siempre no simplemente por lo que sentimos y pensamos, sino por el espíritu, por lo que somos, que es algo mucho más profundo. Lo que pensamos y sentimos es cambiante. En cambio, lo que somos es algo más estable, más fiable, más duradero. ¿Cómo se entrena? Fundamentalmente abriendo espacios y tiempos de silencio, que es tanto como abriendo espacios y tiempos de recepción y acogida para realmente escuchar la realidad (antes de pretender transformarla). El principal rasgo de una persona espiritual es su respeto a la realidad. Es decir: la no intervención, la confianza en que la realidad tiene los recursos indispensables. Es como en la relación de ayuda, por poner un ejemplo. La primera norma de una auténtica ayuda consiste en creer en la autonomía del otro. Confiar en que cualquier persona tiene los recursos suficientes para conocerse, mejorarse y curarse. Si realmente crees eso, no le dices a nadie lo que tiene que hacer, sino que le escuchas para que por sí mismo vaya descubriendo qué debe hacer. Pues bien, esa relación de escucha debe darse de cara a la realidad en general. 

Además de la lectura existencial (quién soy) y la mística (desde el interior), propone una lectura artística. Como artista, ¿cuál es la aportación que ésta perspectiva le ha dado en su interpretación del Evangelio?

Admiro a Jesús no solamente por ser un profeta, sino porque fue un poeta. Tuvo una extraordinaria sensibilidad para captar las imágenes que subyacen en cada situación, así como una magnífica habilidad para atrapar el imaginario de sus oyentes. En este sentido, fue un extraordinario poeta. Nosotros tenemos una mentalidad muy racional y reflexiva y, cuando leemos el texto sagrado, inmediatamente nos preguntamos qué significa. Tenemos siempre la voluntad de desentrañar, típica del intelectual.

Cuando hablo de lectura poética me refiero a leer un libro con la misma actitud con la que uno, por ejemplo, se va de excursión a la montaña. Cuando uno va a la montaña no quiere comprender la montaña, simplemente quiere vivir un día en la montaña, disfrutar del aire, del paisaje, de la naturaleza, de los animales… Si tuviéramos esa actitud (que entiendo es difícil) a la hora de leer, se despertarían cosas muy diferentes. Hemos identificado el mundo de la palabra con lo intelectual. Sin embargo, existe un mundo de la palabra que no es directamente intelectual sino es espiritual. Si alguien te dice: te quiero, lo más inteligente no es ponerse a pensar qué significan estas palabras, sino recibirlas y ver qué generan en tí. 

En el epílogo comenta que comenzó a escribir este libro en una época en la que se ahogaba en sus propias tinieblas. Para que haya luz tiene que haber sombra. ¿Para encontrar un sentido tenemos que perdernos? 

Una vez más luz y sombra son las dos caras de la misma moneda. Igual que silencio y palabra. No podemos escuchar la palabra sin silencio. Y el silencio, a su vez, nos invita a escuchar la palabra. Con la luz y la oscuridad nos sucede exactamente lo mismo. La luz es la oscuridad alumbrada y la oscuridad es una luz que todavía no sabe que lo es. La realidad no es simplemente luminosa o simplemente oscura. Nosotros no somos simplemente luminosos o simplemente oscuros. Somos las dos cosas. Igual que una jornada es día y noche. ¿Cuándo se abre el día? Cuando es más de noche. Cuanto más hondas son tus tinieblas, más posibilidades tienes de que se abra una luz genuina. Esto desarticula nuestra idea un tanto ingenua o infantil de lo que es la iluminación.   

‘Biografía de la luz’ refleja la mirada del sacerdote, la del artista y la mirada de la meditación con la cual usted tiene un vínculo muy estrecho. ¿Es éste el libro en el que vuelca más radicalmente su esencia?

Es difícil responder a esto. Es verdad que soy sacerdote y es verdad que soy escritor, pero también es verdad que, si no fuera sacerdote y no fuera escritor, no por ello dejaría de ser. Quizás habría tenido otras formas de expresión diferentes. Siendo para mí muy importantes la vocación literaria y la vocación espiritual, no dejan de ser coyunturales. No me identifico plenamente con ellas, porque creo que hay algo mucho más profundo. En contra de lo que dijo Ortega Gasset, yo no soy mis circunstancias. Las circunstancias me han llevado a ser sacerdote y a ser escritor, pero yo soy algo más radical, que no se agota en esto. Éstas son formas para expresar ese fondo. 

En todos mis libros, y tengo 12 títulos publicados, procuro que aflore quien soy. Unos lo dejarán ver más claramente que otros, puede ser. La peculiaridad de Biografía de la luz es que es un libro sobre el evangelio, es decir: un escrito sobre otro escrito. Sí puedo decir que es el libro en el que he intentado escribir con menos ego. Procuro que ese afán de apropiación o dominio, que llamamos ego, aflore lo menos posible. El tiempo dirá si es el libro que más me representa. Me da en la nariz que no va ser así. Tanto este libro como Lecciones de ilusión (Editorial Anagrama) son libros muy ambiciosos y extensos, aunque no necesariamente que los mejores o los más reveladores de mi identidad. Eso el tiempo lo dirá. 

¿Considera que la aproximación al evangelio desde la vertiente existencial, meditativa y artística es la más adecuada para los tiempos que corren? 

Desde luego que sí. Creo que es legítima la lectura literal, más directa o infantil. Es legítima la lectura histórica crítica para aquellos a quienes interesa una lectura más científica . Y es legítima la lectura teológica, propia de la confesión cristiana. Pero esta lectura, que como apuntábamos es una lectura existencial, meditativa y poética , creo que responde a un hueco que no estaba cubierto. Por otra parte, quiere responder a la sensibilidad y al lenguaje de muchos de nuestros contemporáneos. Con toda modestia considero que es un libro necesario, había algo que no estaba dicho y aquí hay al menos un intento.

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