María Magdalena: icono de la igualdad

Pedro Pierre. redescristianas.net

El movimiento mundial más grande es el de las mujeres… porque existen Movimientos femeninos en todos los países, combativos, alternativos y propositivos. Los gobiernos neoliberales no quieren mujeres dignas y protagonistas. Por eso hacen tan poco para combatir la trata de mujer que ha pasado a ser, después del tráfico de drogas, el segundo negocio más rentable del planeta.

El 30 de julio pasado era el Día Mundial contra la trata de personas… ¿cuántos lo hemos sabido? Además de los Estados nacionales, tal vez sean las Iglesias las que más discriminan a las mujeres. Su teología y sus estructuras son una violencia permanente contra las mujeres, su identidad y sus aportes por el machismo, el patriarcalismo y el fundamentalismo que las mantiene desvaluadas, marginadas y despreciadas.

Un ejemplo en la Iglesia católica es la visión sumamente negativa que, desde siglos, se hace a su mayor fundadora, María Magdalena. Todavía hay muchos escritos y muchas prédicas que la presentan como ‘pecadora, prostituta, adúltera, llorona arrepentida’… trastornando la realidad de las primeras Comunidades cristianas. Hasta decimos como refrán acostumbrado: “Llorona como una Magdalena”. Bien puede ser que nos encontramos muchos y muchas en esta situación sin darnos cuenta que, inconscientemente, hemos asimilado este error garrafal.
En ninguna parte de los Evangelios se nos presenta a María Magdalena de manera negativa.

La realidad es más bien lo contrario… Lucas nos dice que “Algunas mujeres habían sido curadas de espíritus malos o enfermedades: María, de sobrenombre Magdalena, de la que habían salido siete demonios”. Es cierto que padecía alguna enfermedad grave, pero fijémonos que, justo antes Lucas escribe que estas mujeres hacían parte del grupo de discípulos y discípulas que seguían permanente a Jesús: “Lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que había sido curadas…”.

La realidad es que pronto en la Iglesia primitiva el machismo de la cultura judía apareció en sus ministros varones… lo que supo aprovechar muy bien el imperio romano con el emperador Constantino del siglo 4 para asumir a la mayoría de la jerarquía y así mantener su dominio sobre los territorios que se iban independizando. Contrariamente a los evangelistas, Pablo, cuando habla de los testigos de la resurrección de Jesús no cita a María Magdalena.

El conocido filósofo griego Celso, del siglo 2, describe al cristianismo como la creación de “una mujer histérica”, aludiendo a María Magdalena, que, según él, testificaba sobre la resurrección de Jesús para “impresionar a otros contándoles una fábula fantástica, propia de animales sin razonamiento…” Más tarde, en el siglo 6, el papa Gregorio Magno lo ratifica sin mayor fundamento, aduciendo que María Magdalena, María de Betania y la pecadora de Lucas eran la misma persona… ¡Y se ha esperado el siglo 20 para desmentir estas aberraciones!

Entonces ¿quién era María Magdalena? Su sobrenombre nos indica que era originaria de la ciudad de Magdala, al borde del lago de Tiberíades, en la provincia norteña de Palestina. Desde el principio del ministerio de Jesús hizo parte del grupo de discípulos varones y mujeres que siguieron a Jesús hasta el pie de la cruz, la sepultura y la resurrección de Jesús. Juan cuenta que María Magdalena tuvo un encuentro personal con Jesús resucitado, siendo la primera que lo reconoció y recibiendo la misión de parte de Jesús de anunciar su resurrección a los demás apóstoles.

Al comienzo de la Iglesia primitiva, Lucas señala que estaban, “María, la madre de Jesús, sus hermanos y algunas mujeres”, sin nombrar específicamente a María Magdalena. Pero se sabe por otra tradición que ella fue la primera animadora de la Comunidad cristiana. Unos especialistas de la Biblia afirman que ella sería la autora del cuarto Evangelio y hasta de la Carta a los Hebreos. Los escritos apócrifos, o sea, no reconocidos oficialmente por la Iglesia, nos dan más informaciones sobre María Magdalena, en particular su cercanía con Jesús. Todo eso nos hace ver el rol de primera plana que tenía María Magdalena en la Iglesia primitiva, que bien se la puede calificar de fundadora de la misma…
¿Qué lecciones podemos sacar de estas reflexiones?

En estos tiempos el papa Francisco trabaja decididamente en la transformación del Vaticano, de las instituciones católicas y de los ministerios eclesiales, buscando dar a la Iglesia una organización sinodal o sea donde todos somos iguales e igualmente responsable. Para esto el testimonio de María Magdalena nos recuerda que Jesús, con su Comunidad igualitaria de varones y mujeres, quería una Iglesia de todos, sin sectarismo ni marginación en contra de las mujeres. Más bien les daba un lugar relevante mediante un poder compartido. En las primeras Comunidades no había sacerdotes: Quién presidía la ‘fracción del pan’ o Eucaristía, era indistintamente el o la dueña de la casa en donde se reunían.

Todo esto nos hace ver la relevancia del rol y de la personalidad de María Magdalena para que hoy las mujeres recuperen los espacios, el poder y los ministerios de los cuales han sido injustamente desposeídas durante siglos tanto en la sociedad como en la Iglesia. En general las Iglesias tienen una gran deuda con ellas. Por eso ha perdido su originalidad, su verdadero rostro, su valor referencial para construir un mundo de respeto mutuo, de igualdad efectiva y de pujanza hacia nuevos caminos que exigen los tiempos presentes. Con el reconocimiento del verdadero rol de María Magdalena daremos de Dios y de Jesús un testimonio más fiel y esperanzador para responder a los desafíos actuales, tanto sociales como religiosos.

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