Homilía en la ordenación al diaconado de Mercedes Segura Gutiérrez

Olga Lucía Álvarez Benjumea. Presbitera-Obispa en ARCWP. Medellín, agosto 15 del 2021. Redes Cristianas

Mi saludo afectuoso para toda la Congregación de fieles herman@s y amig@s que hoy nos acompañan en esta celebración de gozo para la Divinidad y para la Iglesia.
El Evangelio de hoy nos trae la escena de dos mujeres embarazadas. Una es Isabel, la madre de Juan y la otra es María, la Madre de Jesús. Isabel es más mayor que María y lo que se nos presenta en este texto es una escena familiar, del común de la vida.

Ambas marcan dos épocas muy diferentes, AT y NT, pero las dos están muy unidas entre sí y nos ayudan a hacer que no se pierda el mensaje que la Divinidad nos quiere dar. Ambas mujeres con actitud de fe y con la inspiración de la Ruah, nos son ejemplo de mujeres profetas, que anuncian cambios. El hijo de Isabel, Juan el Bautista, cierra el profetismo del A.T. sin condenarlo; el Hijo de María, Jesús de Nazaret, abre el profetismo del N.T. con la Buena Nueva. (Lucas 16:16). Tenemos que entender que ser profeta que no es adivinar, sino que es una actitud de compromiso y de entrega, comunicando la verdad, haciendo tomar consciencia de una realidad que hay que cambiar.

Tanto Isabel como María nos dejan sorprendid@s ante el poder de la Divinidad, Isabel mujer estéril y anciana, va a dar a luz en un mundo patriarcal que no quiere cambiar, y nos encontramos con la novedad de que esta realidad hace callar a un hombre, su esposo Zacarías. María, mujer joven, intrépida y atrevida, rompe la tradición judía, también patriarcal-machista, y se va sola. El texto no nos dice que vaya en compañía de José, ni que le pidiera permiso, por el contrario, se adentra por caminos peligrosos a compartir con su prima.

Lindo viaje el que realiza María, que presurosa llega a contar a su prima que está embarazada, -secretos de mujeres- porque sus padres Joaquín y Ana, parece que tampoco lo saben.

María, está tan segura de lo que está haciendo que no teme al qué dirán, ante aquella sociedad cerrada, tradicional, que margina, desprecia y realiza feminicidios en la vía pública, humillando y apedreando a la mujer rebelde, no sumisa. María no conoce varón y está embarazada. No le importó que el chisme llegara a los Sumos Sacerdotes y a los leguleyos fariseos.

María, es hija de Abraham, conoce muy bien los gestos de predilección de la Divinidad en bien de los humildes, sencillos, despreciados y empobrecidos, así como las bendiciones que han sido derramadas y selladas en la promesa concedida a Israel su pueblo, a través de Abraham.

Ella, se emociona y por eso canta plena de alegría y esperanza aquel cántico que aprendiera de Ana la madre de Samuel (1Sam 2:1-10):

46 Proclama mi alma la grandeza del Señor,

47 se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador;

48 porque ha mirado la humillación de su esclava.

Desde ahora me felicitarán todas las generaciones,

49 porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí:

su nombre es santo,

50 y su misericordia llega a sus fieles

de generación en generación.

51Él hace proezas con su brazo:

dispersa a los soberbios de corazón,

52 derriba del trono a los poderosos

y enaltece a los humildes,

53 a los hambrientos los colma de bienes

y a los ricos los despide vacíos.

54 Auxilia a Israel, su siervo,

acordándose de la misericordia

55 como lo había prometido a nuestros padres-

en favor de Abrahán y su descendencia por siempre.

Esa es María, mujer sencilla, sin perfumes, sin joyas y ropas finas, con coraje, fuerte, la que hace frente a los poderosos, la que se expresa contra un sistema patriarcal-militarista-clerical, y ante la injusticia.

En esta celebración honramos su “Gloriosa Asunción”, no como un espectáculo. Tampoco es un desplazamiento físico, es algo mucho más grande. María ha terminado el ciclo de su proceso de maduración terreno y ha llegado a su plenitud. Pero no a base de añadidos externos, como puede ser sentarla en un trono, coronarla, declararla reina; sino por proceso interno de identificación con Dios. En esa identificación con Dios no cabe más. Ha llegado al límite de las posibilidades.

Esa meta es la que nos espera a todos, si somos capaces de tener la misma actitud vital que tuvo Ella. Si somos capaces de decir como ella: “Fiat”, es decir “Sí”, porque el verdadero valor de María no es sobre todo ser Madre, la verdadera importancia de María es ser discípula y seguidora de su Hijo. Su vínculo más importante es su respuesta al mensaje de Jesús y en la Asunción lo que se quiere decir es que María, la Madre de Jesús se ha identificado tanto con Dios que ha llegado a su plenitud.

Nuestro Movimiento de Presbíteras Católicas Romanas (ARCWP) está inspirado en la necesidad de rescatar el mensaje liberador del Evangelio, en medio de la crisis de corrupción que vive la Iglesia, la pedofilia, la intolerancia patriarcal-machista contra nosotras las mujeres, que como institución jerárquica nos criminaliza en sus cánones, y llega al extremo de negar que hemos sido creadas a imagen y semejanza de Dios, (Decreto Graciano 1.140; Canon 1024; 1379.) Nosotras trabajamos para derribar todo ese sistema patriarcal, rompiendo paradigmas siguiendo el ejemplo de María la Madre de Jesús, María de Magdala, Marta, Susana, Lidia, Febe, las hijas de Felipe, y todas aquellas mujeres sin nombres, como profetas de nuestro tiempo.

Por eso hoy, recibimos en nuestras filas a una mujer afrodescendiente Mercedes Segura Rodríguez, mujer viuda, con 2 hijas y un hijo (q.e.p.d) asesinado en la situación de violencia que vive nuestro país. Mujer cabeza de familia, lideresa, comprometida en el trabajo popular con su gente afro, capacitadora en Desarrollo Empresarial, Derechos Humanos, Feminista, testimonio vivo de Evangelio, de mujer profeta, ante la falta de equidad y justicia en nuestro pueblo.

Damos gracias a la Ruah, por su inspiración y pedimos la mantenga firme en valentía y coraje, anunciando el Evangelio, con fuerza, con valentía, sin vergüenza, con dignidad ante quienes nos atropellan e ignoran.

Que cada un@ de nosotr@s, siguiendo el ejemplo de tantas benditas mujeres fuertes, como Agar, (Madre de la etnia Afro, única mujer que tuvo una teofanía), Ruth, Sara, Esther…Isabel y María de Nazaret, seamos capaces, mediante nuestro seguimiento de Jesús, de vincular a las nuevas generaciones en Espíritu y en Verdad, con el soplo y el aliento del Espíritu. AMEN.

*Presbitera-Obispa en ARCWP

Medellín, agosto 15 del 2021

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