Dios ha muerto, ¿Dios ha muerto?

[Por: Rosa Ramos]amerindiaenlared.org

“… Pero pienso

que esta generación está preparada 

para un mundo nuevo, para una esperanza recién nacida, 

para un futuro cercano…

Francesco Guccini.

El cantautor italiano Francesco Guccini, hoy con 81 años, compuso esta canción en 1965, en tiempos tan difíciles como promisorios en Europa, tiempos de crisis y de esperanza. Terminaba el Concilio Vaticano II, unos años después sería el “mayo francés”, entre tanto en este continente empezaba la recepción del Concilio y el despertar de movimientos, también otros en África.  En estos largos cincuenta años hemos padecido mucho, las esperanzas que parecían entonces cuajar a la brevedad fueron abortadas, sin embargo la historia ha seguido su curso, entre avances y retrocesos; los cambios, a todo nivel, han sido enormes, vertiginosos…

Los datos que el autor mencionaba apuntando a la muerte de Dios quizá se han multiplicado, sin embargo también los motivos que daba de fe y esperanza en la resurrección.

Es una canción que me dice mucho, que he compartido con mis estudiantes en tiempos lejanos, pero que no dejo de oír “n” veces, es como una música o telón de fondo que me acompaña al contemplar la realidad que me interpela y anima. Esas realidades que confirman tanto el dolor del mundo viejo, empecatado, como la confianza y la esperanza en que algo nuevo siempre está  naciendo (Is.43, 19) y Dios resucitando.

Guccini tras enumerar los lugares donde Dios moría, agregaba:

Porque todos nosotros, sin embargo, sabemos 

que si Dios muere, es por tres días, y luego resucita. 

En aquello en que creemos Dios está vivo, 

en aquello que amanos Dios está vivo. 

En el mundo que haremos Dios está vivo.

Esta canción podría reescribirse o ampliar, porque entre los motivos de esperanza hoy podemos agregar la nueva sensibilidad ante los Derechos Humanos, de los pueblos a su cultura y autodeterminación, también una sensibilidad ecológica creciente. La Iglesia también entre avances y retrocesos a nivel local y universal nos provoca dolores y esperanzas. Entre ellas este proceso de “escucha”, este proceso sinodal, este intento de “caminar juntos” como Pueblo de Dios. Esa vieja canción de 1965 adquiere hoy más actualidad y sentido a la luz de la Encíclica Fratelli tutti del Papa Francisco.

Les comparto algo muy personal que es motivo de enorme alegría y esperanza, que tiene mucho que ver con la canción italiana que hoy me suena o resuena de modo especial y se hace visible en familias, en rostros concretos y muy especialmente en el nacimiento de Alieu. Es una carta personal, familiar, pero creo que tiene -como la canción- un valor que vale compartir.

Hoy has nacido Alieu, eres pequeñito, en tu primera foto estás en posición casi fetal en la “cuna calda”. ¡Eres muy hermoso! ¡Bienvenido Alieu niño tan amado y tan esperado!!!

Aún no lo sabes, pero eres además del fruto de un gran amor entre tus padres Giulia y Ebra, un niño promesa de futuro, un niño-esperanza de un mundo nuevo.

¡Alieu eres -así de pequeño- el símbolo de que otro mundo es posible y ya está naciendo!

Vienes a un mundo que es tan hermoso como complicado, tan rico como desigual, tan lleno de belleza y bondad, como del dolor de tantos.

Te concibieron y trajeron a este mundo un padre africano que recorrió grandes distancias hasta encontrar “la tierra prometida” o soñada, y una madre italiana, toda dulzura, que también lleva en sus venas un poco de sangre de un país pequeño de otro continente lejano.

Llegas a un mundo complejo y muchas veces muy injusto, pero también con jóvenes de distintos colores y procedencias que comparten  bellos sueños, que ya empiezan a ser realidad, de un mundo más fraterno, con lugar y pan para todos, donde todos son bienvenidos.

Por eso Alieu, tú eres ya ese niño-símbolo del nuevo mundo de “fratelli tutti”. Tu nombre también es bello:

A  de Alegría, de Aliento, de Amistad…

L  de Libertad, de Libros, de Luz…

I  de Ilusión, de Ideas, de Imaginación…

E  de Encuentro, de Esperanza, de  Entusiasmo…

U  de Unidad, de Universal, de “Umanitá nuova”…

¡Que seas todo eso y mucho más para hacer honor a tu nombre y a tu familia! No sé cuándo podré verte y tenerte en brazos, pero  ya te quiero mucho, porque “eres un ser muy especial”. Te auguro que serás bendición para muchos….

Estimados lectores de Amerindia, en este camino sinodal, en este tiempo de escucha y atención a los signos de los tiempos, junto con la canción de Francesco Guccini “sentipienso” hacerse realidad un mundo nuevo que nace, como dice otra canción más conocida aquí:

Desde abajo, desde dentro, desde cerca 

te encarnas en Nazaret 

y en las cosas más pequeñas nos invitas a creer” 

Que sigamos escuchando los susurros del Espíritu del Resucitado y sumándonos a su labor de renovar la faz de la tierra, una tierra donde quepan todos y todas, donde el pan, la leche y la miel abunden y se compartan.

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