Tiempo de cuidados, otra forma de estar en el mundo


 Mª Teresa de Febrer
. alandar.org

“Hasta hace apenas cincuenta años a nadie se le había ocurrido pensar que el cuidado fuera un concepto digno de estudio. Los cuidados tenían lugar en el hogar, donde siempre había una o varias mujeres que ejercían el papel que les correspondía de atender a sus hijos, esposos o padres. (…) Los servicios sociales destinados al cuidado de las personas más desamparadas nunca han sido el plato fuerte del Estado del bienestar”.

Estas afirmaciones aparecen en la introducción del estudio titulado Tiempo de cuidados. Otra forma de estar en el mundo, cuya autora es la filósofa Victoria Camps escrito durante los confinamientos, acerca del tema de los cuidados, las dimensiones éticas de los cuidados, un tema que, si bien no es nuevo, como consecuencia de la pandemia, se ha ido colocando en un lugar destacado en las preocupaciones sociales y colectivas, al tiempo que va abandonando paulatinamente su invisibilidad secular y la consideración de trabajo improductivo — no remunerado — “propio” de las mujeres.

¿Qué significa cuidar? La autora acude al Diccionario de la RAE, una de cuyas acepciones es “poner diligencia, atención y solicitud en la ejecución de algo” y otra “asistir, guardar, conservar”. El cuidado es “solicitud y atención para hacer bien algo”.

En Tiempo de cuidados, Victoria Camps dedica dos capítulos — El único argumento y La autonomía de los mayores — a envejecer, al proceso de envejecimiento, tan silenciado porque no nos gusta hablar de ello. El envejecimiento se percibe, comúnmente, de forma negativa y se asocia a mayor fragilidad, a enfermedades crónicas, más asistencia médica, a falta de afecto o a la problemática de las pensiones. Ante la vejez, la respuesta de cada persona varía según las condiciones externas que la rodean y su reacción ante ellas.

Frente a esa actitud negativa en la última fase de la vida, la autora insiste en la necesidad de aprender a envejecer y hacerlo, en la medida de lo posible, con calidad de vida. Para ello, no solo cuenta la actitud personal sino la planificación ineludible desde el sector público y propone “construir socialmente la vejez” con una clara y decidida evolución hacia sociedades para todas las edades, con la perspectiva de las personas mayores, y teniendo en cuenta el propio modo de enfrentarse a la vejez.

Otro aspecto que analiza ampliamente en los dos capítulos citados es la autonomía de las personas mayores que, como consecuencia de la COVID-19, ha aparecido como un tema de actualidad. Sin pretender analizar lo que se hizo bien o mal durante la pandemia, señala la autora que “La única forma de escapar del virus era el confinamiento que, traducido a la situación de los más vulnerables, significó la reclusión total, lo cual llevó a situaciones inhumanas como las vividas allí donde los mayores ya vivían confinados, las residencias geriátricas”.

En Tiempo de cuidados Victoria Camps pone de manifiesto que tanto en la labor de cuidar, que califica como una tarea imprescindible e indispensable, como en el proceso de envejecimiento se deben afrontar fallos importantes que se traducen en inacción frente a situaciones inaceptables que necesitan respuestas por parte no solo de la ciudadanía sino también de los Gobiernos y de las Administraciones públicas.

Las páginas de Tiempos de cuidados están escritas con un lenguaje claro, sencillo, pedagógico, cercano a todos los públicos y nos ponen en alerta para que no caigamos en el error de minusvalorar la acción de cuidar porque las personas, desde que nacemos, hemos necesitado cuidados y los vamos a necesitar en algún momento de nuestra existencia. Somos interdependientes y la interdependencia no conoce edades ni estratos sociales, como nos recuerda Victoria Camps.   

Hacia dónde deberíamos ir en el ámbito de los cuidados — se pregunta la autora — y responde que el cuidado, la ética del cuidado, basada en la ética del reparto de responsabilidades, nos corresponde tanto individualmente como a las Administraciones públicas.

¿Cómo no colocar los cuidados — y su justo reparto de responsabilidades — en un eslabón muy alto si cuidar a una persona “es la base del reconocimiento, el respeto, la solidaridad, la fraternidad, incluso la justicia?”, en palabras de Victoria Camps

Mª Teresa De Febrer

Nací a mediados del siglo pasado en el Mediterráneo.
Estudié Derecho y contemplé un amplio horizonte de posibilidades, pero el descubrimiento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos marcó mi rumbo, personal y laboral.
Ya jubilada, intento compartir mi cosecha vital y abrir nuevos surcos para la siembra y el reconocimiento de los derechos humanos.

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