Encaje de bolillos

Isabel Gómez Acebo. religion digital

Hoy no se puede definir a las mujeres como “cuerpos con vagina” y la famosa revista Lancet, dedicada a la medicina, pide disculpas en su portada por el lenguaje que ha utilizado tradicionalmente, ya que lo considera deshumanizador y advierte de las dificultades actuales para hablar de la palabra “mujer”. Tan es así que un hospital británico ha dado instrucciones al personal de la sección de maternidad para que se refieran a los pacientes como “personas con capacidad de dar a luz” y el American Civil Liberties Union, cuando habla de los derechos de las mujeres para abortar, ha sustituido la palabra mujer por persona.

Todo esto viene a cuento por el cambio que se ha generado en torno a las palabras género y sexo en los últimos cinco años. Muchos diccionarios todavía describen a la mujer como una persona adulta femenina, pero para algunos extremistas la definición es una grave provocación ya que les niega a los varones la posibilidad de ser mujeres

Es cierto que el lenguaje cambia constantemente, pero los médicos, dirigentes y políticos deben pensar mucho antes de despreciar las palabras que tienen un sentido universal ya que pueden afectar negativamente a los pacientes, empleados y potenciales votantes. Lo más curioso es que el vocablo varón no engendra tantas discusiones y sólo la palabra mujer es desechada cuando ha sido utilizada durante siglos sin ningún problema por todas las culturas

Y estos pasos no son inocentes ya que la comprensión de las palabras puede plantear problemas en algunos segmentos de la población. Los consejos médicos a los pacientes deben ser claros e inteligibles para todos y es por ello que los doctores prefieren utilizar dolor de tripas en vez de la palabra dispepsia o ataque al corazón en lugar de infarto. Un estudio ha demostrado que el 40% de las mujeres no están seguras de lo que supone un cáncer de cuello uterino que se les ha diagnosticado

La realidad es que el lenguaje sirve para entenderse y se complica al utilizar términos no familiares o de origen no nativo pues dificulta la comprensión y discusión posteriores. En lo que respecta a las mujeres apuesto porque el mundo de las mutilaciones genitales, la violencia doméstica, el matrimonio en la niñez o la persistencia de diferentes niveles de salario para hombres y mujeres se deben proclamar para que queden bien claros y se pueda demostrar la injusticia intrínseca que conllevan

Pero los problemas van más allá del lenguaje, ya que muchos países están planteando si los prisioneros varones, incluso los violentos que se identifican como mujeres, deben ingresar en cárceles femeninas y en el mundo del deporte las preguntas giran en torno a si un atleta que se identifica como mujer puede ser incluido en un equipo femenino. Los aseos tienen los mismos problemas ya que se cuestiona su acceso y todavía no se ha encontrado la fórmula que deje a todo satisfechos

Soy feminista radical pues creo que las mujeres hemos sido consideradas como los esclavos del mundo, no es una frase mía sino de los Beatles que resultan más creíbles “the Woman is the Niger of this World”, una situación que se tiene que ir recortando. También estoy a favor del colectivo LGBT por las condiciones de rechazo a las que han sido sometidos a lo largo de los siglos y en casi todas las culturas, pero no creo que tirar todo por la borda sea la solución ya que, como produce algún rechazo, puede ser contraproducente. El camino se hace al andar y, poco a poco, se irán limando las diferencias para que no sufra nadie en el proceso. Al menos esa es mi esperanza

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