La difícil fidelidad


Rosa Ramos. amerindiaenlared.org

“No te olvides de algo que se adivina en la brisa:

La vida siempre es un milagro de amor.”

Jaime Roos

La fidelidad ha sido siempre para mí un tema clave, fundamental, “de principios”, diría. Y, sin embargo, qué difícil es la fidelidad, confieso que muchas veces no he sido fiel como hubiese querido a personas, a espacios, a procesos que acompañaba. Aunque tengo “fama” de fiel, me sigue siendo difícil hoy.

Hace más de veinte años escribí algo sobre la vida adulta y recuerdo que decía allí: “la vida cotidiana es la tumba de los cracks”. Y lo volví a escribir -acabo de buscar y hallar- en un artículo para este mismo blog publicado el 06/09/19. En todo caso remito a esa entrega que aún suscribo. Sin duda el tema de la fidelidad y de la cotidianidad, me rondan una y otra vez.

¿Cómo compaginar compromiso, fidelidad, atención al presente y sus exigencias, por una parte, y por otra, libertad, desprendimiento y paz?

He observado a un joven hacer la limpieza de las habitaciones de un sanatorio. Un trabajo tan humilde como imprescindible. Lo he observado y comparado con otros funcionarios que hacen la misma tarea y lo que me llama la atención es cómo la hace: en silencio respetuoso, sin interferir ni buscar conversación con los pacientes y acompañantes, concentrado en su tarea. Emplea el tiempo justo, no lo hace ni de prisa ni parsimoniosamente y lo hace muy bien. Aparenta tener unos treinta años, no sé si tiene familia, hijos, si estudia, tal vez sí, y este es un trabajo para costearse una carrera. Sólo sé su nombre porque una enfermera lo nombró una vez. Lo que más me ha llamado la atención es su calma, percibo como que está en su eje, en su centro, comprometido con su trabajo realizando los movimientos precisos, que en tiempos de covid son más exigentes, y a la vez sereno y libre, como uno de esos monjes que trabajan y oran.  

Sin duda por la fidelidad cotidiana de tantos y tantas en todo el planeta se sostiene la vida: se amamanta, se cultiva, se espera la cosecha en medio de soles y lluvias, se atiende a los enfermos, se investiga, se hace arte, se lucha contra las adversidades. También se asumen fracasos rotundos o parciales y se sigue adelante en la confianza de un sentido mayor, esperando contra toda esperanza. Este sentido de la propia existencia, y de la vida en general, es claro en algunos, en otros no está tematizado, se expresa en los actos. A su vez, algunas personas son fieles a lo que han elegido o a “lo que toca”, sin creer filosóficamente que la vida tenga un sentido. Unos y otros, son conocidos por sus frutos, así como por sus búsquedas e intentos de fidelidad día tras día.

Para quienes tenemos fe, la fidelidad a la vida, particularmente en sus dimensiones más profundamente humanas, es más imperiosa y exigente. Sin embargo, corremos el riesgo de que la intensidad oscurezca el objetivo, incluso lo malogre. El amor, la responsabilidad, sin duda son valores, pero puede ocurrir que resulten malos según cómo se vivan; por ejemplo, el amor y cuidado de unos padres puede ser asfixiante y castrante; la responsabilidad excesiva puede llevar a la obsesión en un trabajo y hasta impedir crecer a otros; el celo apostólico puede ser peligroso, dogmático y avasallante. 

De ahí la necesidad de estar, de permanecer, de ser fieles creativamente, siempre discerniendo el cómo vivimos la entrega ya sea a las personas que amamos, a las más nobles causas, así como a las actividades de cada día. También supone autoconocimiento y humildad. ¿Cuáles son nuestras más hondas motivaciones para estar donde estamos y hacer lo que hacemos y cuáles nuestras compulsiones que pueden traicionar o malograr la entrega? Cuidar la compulsión a servir y ser imprescindibles, para dejar a los demás ser autoválidos. Estar atentos para evitar a la posesividad que asfixia, impidiendo la libertad. A veces es necesario remansar en la serenidad y la confianza la intensidad, la pasión. Sabemos que cuando la luz es muy intensa impide ver con claridad, ciega. 

Para amar y ser fieles también se necesita humildad, para caminar al ritmo de otros, kénosis, como lo hizo el propio Hijo de Dios, según nos dice el conocido himno a los filipenses. (Fil 2, 6-11) Desde esa humildad que nos hace “servidores inútiles” (Lc. 17, 10) podremos amar sin poseer, entregar la vida sin reclamar nada, y hacer mucho bien con una presencia cálida, serena, confiada y confiable. Hacer todo lo posible -a veces más de lo que parecía posible- pero desde la desposesión y la paz. Entonces, la fidelidad será vivida generosamente y sin compulsiones. Y hasta podremos disfrutar de ese milagro de amor que es la vida misma, como canta Jaime Roos.

Empezamos diciendo que la felicidad es difícil y lo es, porque somos limitados, por una parte, y por otra, porque la propia pequeñez puede inflar el ego y llevarnos al dominio y la posesividad. Vimos la importancia del discernimiento y de la humildad. Pero, quizá, lo más importante sea saber y confiar en que el fiel es DiosNuestra entrega, nuestra permanencia, nuestros intentos de fidelidad, tienen su garantía en Dios, no en nuestros esfuerzos y méritos. Quizá ya haya compartido esta oración del sacerdote Mauricio Silva, desaparecido en Argentina en 1977. Así como su fe fue su alimento y su roca firme, pueden ser también los nuestros:

Señor, yo sé que Tú estás en la fe luminosa de una noche de estrellas,

de un día radiante de azul y de sol.

Yo sé que Tú estás, en la espera gozosa de un niño que viene,

de una carta que llega, de un amigo que vuelve.
Tú estás, yo sé que Tú estás en el amor inmenso de unas manos que abrazan
y en el puro cariño del beso que me dan.


Mas también sé que estás en la fe desprovista y desnuda
cuando un día y otro día le cuenta su rutina de trabajo y pobreza
y mi alma se hunde en tiniebla total.
Yo sé que Tú estás cuando la esperanza es cuesta empinada,
la cumbre es incierta y las fuerzas muy pocas.
Tú estás.
Yo sé que Tú estás cuando amar es un surco humilde y oscuro,
que reclama al grano para ser fecundo
y morir en soledad.

Yo sé que Tú estás,
Señor, que te creo,
Señor, que te espero,
Señor, que me amas,
Yo sé que Tú estás.

Imagen: https://cdn.aarp.net/content/dam/aarp/home-and-family/caregiving/2016/06/1140-using-canes-walkers-esp.imgcache.rev.web.1400.798.jpg

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