La verdad nos hará libres

Jose Arregi. Umbrales de Luz

Hablo de abusos sexuales a menores dentro de las instituciones católicas del Estado español. No hay 4 ni 33 en el País Vasco, ni 58 en Navarra, ni 1246 en el Estado. Hay muchos más, muchos más a los que culpar, como verás. Y vale la pena conocerlos.

Es difícil imaginar que los directores de escuela, los líderes religiosos o los obispos de cada diócesis desconocieran los hechos. Es lógico, entonces, pensar que la mayoría de estos hechos fueron encubiertos por directores de escuela, líderes religiosos u obispos. ¿No han seguido, casi hasta el día de hoy, las instrucciones de silencio dadas por Luis Ladaria, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe en 2015 (hace apenas 7 años), bajo el patrocinio del actual Papa?

Mientras se desarrollan los hechos, que todavía están en pleno apogeo, la cúpula episcopal -salvo honrosas excepciones- sigue tratando de minimizar el daño, o de desdibujarlo, utilizando el bochornoso argumento pueril de que la Iglesia católica no sólo ha abusado otras organizaciones (familias, organizaciones de ocio, sociales, culturales, deportivas, etc.). Es una vergüenza para la organización que se ha presentado como suprema e infalible garantía de la verdad y del bien, la casa de la humanidad, como modelo del Evangelio de Jesús. Es una traición a los innumerables ciudadanos humildes que han confiado en él durante tantos siglos.

Pero la hora de la verdad se acerca. No la verdad de la confesión, la verdad de lo que se dice contrario a la «ley divina» y que merece ser castigado; no la verdad de confesar el “pecado contra la castidad” al sacerdote y recibir su absolución en nombre de “Dios”, como si fuera la única víctima, “Dios”; no la verdad que se verifica recuperando la misericordia del cielo y liberándose del grave sentimiento de culpa hasta la próxima; la verdad que se realiza en la penitencia privada, tal vez reubicando discretamente al “pecador” hasta que la misma historia se repite en el lugar siguiente, para desgracia de las víctimas enfermas. Estas verdades de la antigua teología del pecado y del perdón, las verdades del sistema católico de penitencia en general, son una gran mentira. Y con la condena y represión del sexo, la inmadurez,

La mentira no suelta. «La verdad os hará libres», dijo Jesús. Lo mismo hacen todas las ciencias psicológicas y sociológicas. Sólo cuando reconozcamos la verdad seremos víctimas libres, víctimas, tú y yo, toda la sociedad -porque todos somos un solo cuerpo- la verdad del daño hecho y del sufrimiento sufrido, de los muchos dramas íntimos, del dolor y de su plenitud. medida, la humillación de la víctima y suele durar toda la vida, cuando reconocemos la verdad de su vergüenza.

Así que averigüémoslo ahora. Y la investigación no debe estar bajo el control o la guía del clero. Y que todos los casos en que se juzga a la Iglesia sean llevados ante los tribunales civiles, a fin de que la verdad salga a la luz más libremente para que todas las víctimas recuperen la paz y la alegría de vivir. Y también para que las presuntas víctimas puedan defenderse mejor, aunque sea para eso.

Que todos deseemos y busquemos, no la cruel verdad del morbo y la pasión mediática, la crueldad del rencor, el castigo y la venganza, sino la verdad que libera, la verdad que cree, la verdad que cura: la víctima primero, pero también la víctima, y ​​la organización eclesiástica, con su profundo silencio, práctica encubierta y falsedad sistémica.

Aizarna, 18 de febrero de 2022

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