Europa abandona el sofá

Koldo Aldai. Fe adulta

En el momento en que la Rusia de Putin abre la caja de terribles truenos, en la hora en que ciudades colmadas de hermanos civiles son asediadas y bombardeadas de forma inmisericorde; en el tiempo en que Europa vive su mayor éxodo de refugiados después de la II Conflagración Mundial y la guerra deja de ser un fantasma anacrónico, un tema de novela o cine, en cualquier caso de ciencia ficción, para colarse diaria, cruda y salvajemente en nuestros televisores; cuando la destrucción de las fuerzas brutas y regresivas parecieran campar a sus anchas… ¿es posible la mirada de la esperanza? ¿En la hora europea contemporánea aparentemente más oscura que nunca habíamos llegado a pensar, queda espacio para el positivismo y el altruismo? ¿Hay en definitiva amanecer humano tras todo este desastre, tras toda esta exhibición de crueldad y falta de mínima humanidad…? Creemos que sí y deseamos argumentarlo. 

Adjuntamos estos cuatro pensamientos simiente para la esperanza. 

1.- El poderío de los tanques allende sus propias fronteras es cada vez más cortoplacista. El sojuzgamiento de un país no se sostendrá en la Europa del siglo XXI. La inmensa mayoría de la humanidad en todos los ámbitos de la vida, ya político, cultural, económico o espiritual, ha mostrado una unidad alentadora. Las fuerzas agresoras podrán aparentemente progresar, el propio Putin pensará, si su ejército se hace con el total del territorio ucraniano, que ha triunfado, pero no cabe lectura más errónea. No es posible que esa ocupación se perpetúe en el tiempo con tamaña oposición dentro y fuera del país. 

La invasión se podrá hacer con el último rincón de Ucrania, pero a la larga su atropello no se podrá consolidar. No podrán sostener por mucho tiempo el despropósito. El aislamiento que en el futuro habrá de padecer Rusia será irresistible. Ello unido al descontento de la población hará que Putin y su régimen caudillista sean cada vez más cuestionados. Las próximas generaciones rusas no perpetuarán el desatino, no se acomodarán al triste legado de este presidente autoritario. 

2.- Ucrania ya ha vencido ética, humana y políticamente ante los ojos de todo el mundo. Ucrania ya ha ganado, no con la fuerza de las armas, sino con las de su unidad nacional, su ánimo resistente y la fuerza de su razón. Es preciso contemplar la posibilidad de ceder la aparente y efímera victoria al adversario y proteger la vida de sus súbditos. De lo contrario el coste de vidas humanas que puede acarrear la resistencia violenta es desmesurado. La diferencia de fuerzas militares es muy grande. Es preciso contemplar la posibilidad ceder a las abusivas demandas rusas de desligarse de Crimea, de reconocer la independencia de Donetsk y Luganks y comenzar una larga acción de resistencia civil contra el atropello del ejército invasor. 

3.- En algunos lugares ya se ha hecho patente estos días de forma espontánea esa resistencia no-violenta ucraniana, sin que haya habido una respuesta violenta por parte de los soldados rusos. La resistencia pacífica, el «ahimsa» al que nos invitó Mahatma Ghandi desde su rincón en la historia con todo el poder de su testimonio, es fiel exponente de nuestro poder interno. La resistencia pacífica procuraría un progreso de la justa causa ucraniana, posibilitaría hoy un urgente ahorro de vidas física. Las huestes de la invasión podrían quedar despistadas ante el poderío desplegado por una eventual, determinada y mayoritaria resistencia civil. 

No criticamos la resistencia armada ucraniana, pues actúa en legítima autodefensa, pero estamos persuadidos de que es preciso ir más allá, atender al siguiente y valiente paso evolutivo que nos aguarda. El coste en vidas humanas siempre será menor desnudos de fusiles y metralletas. La comunicación tan efectiva e inmediata de nuestros días juega a favor del impacto planetario de una creciente, firme y numerosa resistencia pacífica. 

4.- Europa está despertando de su letargo. Quienes criticaban a Europa y sus instituciones, no sin su parte de razón, de exceso de mercantilismo han podido constatar que, a la hora de la verdad, nuestro continente ha hecho prevalecer los valores humanos en detrimento de los mercados. Europa no ha mirado para otro lado, ha abierto sus hogares, sobre todo sus corazones en una ola de solidaridad sin precedentes. 

Europa se levanta de su mullido sofá, sale de su área de confort y vive suyo el drama ajeno. La ola de refugiados, que en el momento de escribir estas letras supera los dos millones de ucranianos, va a originar una fecundación humana, cultural y espiritual de gran alcance. Muchos hogares rebosarán de hermanos de otra cultura, sus anfitriones de satisfacción solidaria. La oleada de familias ucranianas huyendo del horror nos va a procurar a muchos europeos anclados en la rutina y la cotidianidad un campo de servicio, nos va a abrir una posibilidad de manifestarnos solidarios, nos va por lo tanto a colocar en otro nivel de conciencia más generosa, abierta y unitaria. 

Creíamos estar como humanidad decididamente avanzando hacia un tiempo diferente, de más respeto generalizado, de más conciencia y paz. No sabíamos que el abuso reservara aún en nuestro planeta tantos cartuchos, pero no tenemos ninguna duda de que, pese a todos los presentes y luctuosos acontecimientos, el bien prevalecerá. 

Koldo Aldai

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