¿En nombre de qué Dios desprecian el llanto de un niño palestino, sirio o sudanés?

Joaquín Sánchez, consiliario de la HOAC de Murcia. religion digital

Una nueva y maldita guerra se ha producido en Ucrania, una nueva y maldita guerra que está causando muertes, un inmenso sufrimiento, éxodo, destrucción y devastación; las señas de identidad de cualquier guerra. No hay ninguna guerra justificable y todas son condenables, la provoque Rusia, la OTAN, Estados Unidos, Israel, Irán, Arabia Saudí…Todas las guerras son un fracaso de la humanidad y se producen por intereses económicos o geoestratégicos en esa lucha por el dominio mundial entre China, Estados Unidos y Rusia.

Los demás países se adhieren a uno u otro bando desde la obediencia y la sumisión porque son los amos y no admiten la autonomía, la neutralidad o el cuestionamiento. Aquí funciona dramáticamente el conmigo o contra mí. Estos tres imperios actuales están destruyendo la vida y la naturaleza por el poder absoluto y por su codicia; no han aprendido que los verbos amar, compartir y respetar son los verbos del futuro para crear y caminar hacia un horizonte lleno de humanidad y dignidad.

Ante las muertes y la devastación en Ucrania se está produciendo un éxodo de millones de personas hacia países donde puedan estar a salvo de las bombas y de las balas. La única respuesta es la acogida desde la ternura y lo material. ¿Cómo no vamos a acoger a esos niños y niñas que junto a sus madres, mayoritariamente, y padres vienen huyendo del horror de la guerra? Hay que volcarse sin dudarlo y deseando que pare la guerra y con el tiempo puedan volver a su país, que, sin duda alguna, no será igual, lo mismo que sus vidas. Las heridas de una guerra son profundas y  eternas.

No puedo entender por qué a otros niños y niñas, juntos a sus padres y madres, de otros lugares del mundo que vienen huyendo del mismo horror de la guerra, de la misma muerte, de la misma destrucción, de la misma devastación, se les rechaza, se les pone muros y concertinas y se les reciben a palos y patadas. En Polonia y Hungría se están rechazando y maltratando a personas africanas y árabes que huyen de Ucrania.

Aún recuerdo aquella reportera que zancadilló a un refugiado sirio. Es durísimo escuchar decir que a esas personas refugiadas hay que acogerlos porque son blancos y cristianos y los otros no porque son pobres, negros y son una amenaza. En Grecia, en la Isla de Lesbos, las personas refugiadas están encerradas en una cárcel con muros de varios metros, concertinas y sin ningún derecho. Viven en un régimen carcelario familias con hijos que vienen huyendo de guerras en Afganistán, en Yemen, en Nigeria o Somalia. 

¿En nombre de qué Dios desprecian el llanto de un niño palestino, sirio, sudanés, yemení? ¿En nombre  de qué Dios desprecian la angustia de una madre o de un padre por no ser blanco ni cristiano cuando caen las bombas? ¿En nombre de qué Dios desprecian el inmenso dolor de las madres y padres que no son blancos ni cristianos cuando tienen que sacar a sus hijos entre los escombros o recogerlos muertos en la calle?

 ¿Qué puede sentir ese padre ucraniano cuando intentó comunicarse con su mujer y sus dos hijos y no pudo hacerlo y vio al día siguiente la imagen de una mujer y dos niños muertos y los reconoció como su mujer y sus hijos? ¿Qué pudo sentir ese padre sirio con su hijo herido de gravedad y gritando de dolor pidiendo ayuda para que alguien le pusiera un cojín y lo asfixiara para acabar su dolor? No se puede poner nacionalidad ni origen al dolor, es el mismo, aunque hay gente muy miserable, ¡ojalá cambien! que sí lo hacen. El llanto de un niño ucraniano, sirio, palestino, somalí… ¿no es el mismo llanto desgarrador y lleno de pánico por la guerra? El cuerpo de un padre o de una madre ucraniana, siria, palestina, somalí… protegiendo a sus hijos e hijas con sus cuerpos ¿no nace del mismo amor de padre y de madre?

Yo creo en el Dios de Jesús, soy un creyente cristiano perteneciente a la Iglesia Católica, con mis contradicciones, incoherencias y pecados, y todas las personas cristianas, también no cristianas, tenemos el deber como seres humanos de acoger a las personas que huyen de la crueldad y de la barbarie de la violencia y no ver procedencia ni origen, sino personas que sufren y que buscan un lugar para ponerse a salvo de la guerra y del hambre. Me llena de esperanza ver a personas y a ONGs que están apoyando y acogiendo a los refugiados ucranianos, las mismas  personas y ONGs que apoyan y acogen a refugiados en otros  lugares del mundo, incluido salvar vidas  en los mares, entre ellos, el Mediterráneo.

Los que utilizan el nombre de Dios cristiano para realizar una acogida racista, xenófoba, lo que están haciendo es tomar en nombre de Dios en vano y construir un Dios desde su odio y su supremacismo blanco. ¡Qué Dios les perdone porque estos sectores ultra cristianos, incluidos los ultras católicos, y ultraderechistas sí saben lo que hacen! ¡Ojalá se conviertan! Por cierto, por decirlo de una manera simbólica, creo que Dios es multicolor.

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