El Pacifismo

Isabel Gómez Acebo. religion digital

Estoy leyendo la biografía de una mujer extraordinaria, Dorothy Day, que vivió prácticamente todo el siglo XX en los Estados Unidos. Se convirtió al catolicismo a los 30 años después de una juventud tormentosa y decidió poner sus dotes, como periodista, en un periódico religioso, The Catholic Worker. Sus editoriales eran variados pero la mayoría de los artículos defendían la causa de los más pobres: obreros en paro, huelgas para conseguir mejores condiciones de trabajo, madres solteras, niños huérfanos, mejora de las cárceles, racismo, antisemitismo… Pero en un momento dado comprendió que la palabra debería de venir acompañada por los actos y fundó unas casas de acogida, para los más desfavorecidos de la sociedad, dirigidas por voluntarios que vivían en ellas sin salario. Se llegaron a abrir 33 de estas casas en las grandes ciudades estadounidenses

            El periódico tuvo mucho éxito ya que llegó a tener una tirada de 175.000 ejemplares y con su venta por un centavo y los donativos que le llegaban era capaz de atender a muchos necesitados a los que daba de comer, vestía y proporcionaba un techo. A lo largo de los años, pero especialmente en los momentos de la Gran Depresión, la cifra de personas que pasaron por sus centros fue espectacular sin ninguna ayuda del Estado

            Dorothy siempre se opuso a la guerra, incluso la española, y trató por todos los medios de que los Estados Unidos no entraran en la Segunda Guerra Mundial, aunque sólo consiguió que se permitiera la objeción de conciencia. No le convencía el descenso del paro porque muchas personas encontraban trabajo en las industrias de la guerra y otras partían al frente, el fin no justifica los medios. Su pensamiento partía del cuerpo de Cristo del que todas las personas formamos parte y que nos hermana. Le preocupaban los cuerpos quemados de los japoneses por la bomba atómica y el hambre que pasaban los niños alemanes e italianos a los que instaba a ayudar

            Su postura le costó mucho sufrimiento porque nadie la entendía. El director del FBI, Hoover, colocó su nombre en una lista de amigos de Rusia y pidió que se la vigilara. El periódico bajó a vender 50.000 ejemplares, se cerraron la mitad de sus casas, anularon sus conferencias e incluso la Iglesia se mostró contraria a sus ideas por aquello de la guerra justa de Santo Tomás de Aquino, que Dorothy nunca aceptó

            En estos momentos en Europa, porque la guerra en otros lugares del mundo no nos interesa, se está librando una guerra por intereses espurios en ambos lados. Y lo más grave es que los que la alientan y defienden no sufren las consecuencias en sus carnes. Otra cosa seria si los dirigentes temieran que su fin fuera volver a casa en una cajita de madera que es el destino al que están abocados muchos jóvenes rusos, que no tienen nada que ver con los intereses de Putin y patriotas ucranianos que, por defender su país, son masacrados pero ¿qué debemos hacer?

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