Cómo aprender a meditar desde cero

espiritualidadintegradoracristiana.es

  1. Encuentra un lugar tranquilo
  2. Siéntate correctamente
  3. Centra tu atención en la respiración
  4. Acepta los pensamientos que van surgiendo y sigue adelante
  5. Aumenta progresivamente el tiempo que le dedicas a la meditación.
  6. Inclúyelo en tu rutina diaria.

Si todo eso ya lo sabes pero no encuentras la manera de ser constante a lo mejor te falta un grupo de personas con quienes meditar.

Por eso te invitamos a una reunión quincenal en la que no habrá compromiso; te puedes unir cuando puedas.

Si te interesa ponte en contacto y buscaremos un día y hora.

Este evento es gratuito.

espiritualidadcym@gmail.com

La meditación es una práctica de  siglos que parecía estar reservada para algunas personas y que sin embargo en los últimos años se ha convertido en una “moda”, en una práctica buscada por muchxs.

Nos suena a un ejercicio oriental como el yoga, propio de los países de oriente que tienen una tradición de vida más pausada que la nuestra. Nosotrxs vamos descubriendo que necesitamos cultivar el vivir el momento presente, disfrutar más de lo que se nos ofrece en cada momento, y aunque lo deseamos nos resulta más fácil dejarnos llevar por lo que está ahí fuera y demanda nuestra atención.

Meditar no está asociado a la pasividad, al no hacer nada, ¡qué va!; meditar tiene que ver con despertar, estar atenta, vivir en plenitud…pero para eso tengo que practicar el mirar atentamente, el percibir, hacer silencio para escuchar mi interior y poder armonizar mi interior con el exterior.

¿Cómo se hace eso? ¿Cómo llegar al silencio si además del ruido exterior mi mente es un constante bullir de pensamientos, de diálogos con otras personas aunque no estén presentes, de recuerdos, de proyectos?

Eso es lo que vamos a ir practicando poco a poco, sin prisa pero sin pausas hasta que se convierta en un hábito, en algo que mi cuerpo demanda sin tener que proponérmelo.

Nosotras seguimos el método de un monje norteamericano que descubrió que la meditación estaba en los orígenes del cristianismo al igual que en el budismo y en otras religiones orientales. A medida que el cristianismo se fue extendiendo por el Imperio Romano y llegó a ser la religión oficial, se fue perdiendo ésta práctica dando paso a otros gestos que nos han identificado como cristianos hasta hoy, pero que se han quedado obsoletos.

En este tiempo de declive de todas las religiones del mundo, y a la vez de auge de la espiritualidad que nos unifica mucho más como humanidad, la meditación se nos ofrece como una herramienta para construirnos primero como personas nuevas, y como consecuencia para unirnos en unos fines comunes de respetar, proteger, cuidar la Tierra de la que provenimos y que se nos da constantemente como regalo.

A través de la meditación se va dando una transformación en nuestra vida sin tener que proponernos metas propias de un voluntarismo que acaba cansando. La meditación transforma el cerebro, nos hace más felices, más compasivxs con nosotrxs mismxs y con lxs demás. Por supuesto, nos va cambiando nuestra cosmovisión y por tanto nos hace capaces de realizar proyectos que nunca habríamos soñado porque meditar con otrxs produce una sinergia que potencia las cualidades de cada una de las personas con quienes hacemos camino.

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