GEORGE SAND, UNA MUJER CONTRA LA CENSURA

Pablo Cerezal. ethic.es

Es considerada una de las literatas más populares del siglo XIX, pero también una de las avanzadillas más importantes del feminismo. Fueron figuras como la suya las que contribuyeron, incansables, a alcanzar el logro de la igualdad de género.

En la nota preliminar a su biografía de George Sand (1804-1876), André Maurois justificaba su obra asegurando que la biografiada «inspiró a Chopin y a Musset; Delacroix tenía un taller en su casa; Flaubert la llamaba querida maestra; Dostoyevski destacaba el vigor de su espíritu y de su talento».

Podrían parecer razones más que suficientes para homenajear la existencia de una escritora irrepetible, pero en este caso resulta chocante apoyarse precisamente en la admiración de ciertos prohombres de la cultura de la época. No solo se están usando para referirse a una figura clave del romanticismo literario: también a una mujer que simbolizó el feminismo en una época de encarnizada oposición a la igualdad de género.

George Sand ni siquiera era su verdadero nombre: fue el seudónimo –a través del cual firmaría más de un centenar de obras literarias como novelas, piezas teatrales, artículos periodísticos y escritos autobiográficos– con que pasaría a la historia Aurore Dupin, nacida el 1 de julio de 1804 en París.

George Sand fue el seudónimo con el que la escritora Aurore Dupin esquivaría los obstáculos sociales y pasaría a la historia

Dupin se crió en un ambiente aristocrático, en la mansión familiar de Nohant, pudiendo dedicarse al estudio de la música, las letras e incluso la anatomía. A los 17 años de edad, la francesa ya mostraba una abierta confrontación con los prejuicios aristocráticos, sus privilegios y su intolerancia moral. Un año después, Dupin contrajo matrimonio con el barón Casimir Dudevant, un hombre que le sacaba 10 años y no tenía nada en común con Aurore. De la unión nacerían Maurice y Solange, quienes ni siquiera lograrían salvar a la pareja: el matrimonio no fue más que una farsa a la que ambos decidieron poner fin ocho años después.

En 1831, ella marchó a París junto a sus dos hijos y comenzó su carrera literaria junto a su amante, el novelista Jules Sandeau, con quien escribió varias historias cortas que publicaron bajo el seudónimo de Jules Sand. Al poco tiempo fue contratada como articulista por Le Figaro y La Revue de Deux Mondes, donde propagó sus ideas abiertamente republicanas. 

Entonces ni siquiera era socialmente aceptado que las mujeres separadas caminasen solas por las calles de la capital francesa. Aurore se hizo confeccionar por ello una larga levita, un pantalón, un chaleco y un sombrero, así como un par de botas de hombre con las que comenzó a circular libremente, accediendo a lugares que, como los teatros, estaban vetados a mujeres de su condición civil. Llevando más allá tan necesaria impostura, Dupin publicó su primera novela, Indiana, firmando como George Sand, nombre del que ya no desligaría su producción literaria (y con el que, por tanto, pasaría a la historia). 

Poco después publicó Lélia, novela en que mostraba las insatisfacciones de la vida matrimonial. La obra impresionó a Alfred Musset, niño prodigio de las letras francesas que, tras un encuentro con Sand, convirtió su veneración literaria en pasión sentimental y huyó con la escritora a Italia. El idilio, con las idas y venidas propias de toda pasión arrebatada, se mantuvo durante dos años. 

Tras la separación, Sand continuó publicando novelas y escandalizando a la sociedad parisina de la época. Su costumbre de vestir ropa masculina fue ampliamente criticada, y el hecho de que fumase en público fue visto como una absoluta provocación. A pesar de los ataques de la moral predominante, la francesa continuó cultivando un espíritu libre e independiente que le ganó la amistad de artistas tan dispares y destacados como Franz Liszt, Victor Hugo, Marcel Proust, Eugéne Delacroix y Gustave Flaubert. Tampoco escondió sus relaciones sentimentales con Mussset, el escritor Prosper Merimée, la actriz Marie Dorval o el compositor Fréderic Chopin, con quien mantendría uno de los idilios más tormentosos de su vida.

En el invierno de 1838, Sand viajó a Mallorca junto a sus hijos y convenció a Chopin para que los acompañase. Allí alquilaron una celda en la Cartuja de Valldemosa, escandalizando a la vecindad por cohabitar sin estar casados. El agrio carácter de Chopin, acentuado por la tuberculosis que sufría, avivó el resentimiento popular. A pesar de las muchas dificultades, aquel invierno afianzaría su amor y fructificaría en una de las obras literarias más aplaudidas de Sand: Un invierno en Mallorca. Tras aquella estancia, regresaron a París y permanecieron juntos hasta que, en 1847, Sand rompió con el compositor. 

Un año después, estalló en Francia la revolución contra Luis Felipe de Orleans, y Sand intensificó su labor periodística defendiendo la causa de los trabajadores y, muy especialmente, los derechos de las mujeres. Poco después regresó a Nohant, alejándose de la exposición pública, para dedicarse en cuerpo y alma, hasta su muerte, a la escritura.

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