León XIV lleva mucho tiempo, prácticamente desde su nombramiento, haciendo un llamamiento a la paz, pero quizás el más fuerte y el que más eco ha tenido en los medios, ha sido la respuesta que tuvo ante la amenaza de Trump de acabar con una civilización entera.
El martes 7 de abril calificaba de inaceptable esta amenaza y pidió que se hiciera todo lo posible «para decir que no queremos la guerra, queremos la paz”. A partir de este día y estas declaraciones, Trump arremetió de diversas maneras y con distintas declaraciones contra el Papa: «El papa León es débil con el crimen y terrible en política exterior… le insta a «concentrarse en ser un gran papa, no un político», porque «está perjudicando a la Iglesia católica«.
No contento con estas y otras declaraciones parecidas se ha dedicado a mostrarse con imágenes elaboradas con la IA, como el Mesías y el salvador de la humanidad.
Ante todas estas amenazas, el Papa se ha mantenido firme en sus declaraciones, sin miedo. En su reciente viaje a Camerún criticó “a los líderes que gastan miles de millones en guerras y afirmó que el mundo está siendo asolado por un puñado de tiranos”. Afirmó también que han manipulado “el mismísimo nombre de Dios en su propio beneficio”.
Yo me he alegrado mucho al escuchar esta clara oposición por parte de la máxima autoridad de la Iglesia Católica a quien se cree el máximo amo del mundo.
El Papa fue secundado y aplaudido por la Conferencia Episcopal Española y por otros episcopados de distintos lugares del mundo. También me he alegrado cuando la Conferencia Episcopal española se ha atrevido a alzar la voz ante la postura y proposición de prioridad nacional del partido con nombre de diccionario y a quien me niego a nombrar. Lo recogía, entre otros, el diario ABC: “En eso la Iglesia no está, ni puede estar, ni estará nunca’”.También las asociaciones católicas coinciden: la regularización masiva de inmigrantes es una “expresión coherente del Evangelio”.
Esta es la parte de la iglesia más mediática, la que la gente ve y a la que da valor o no, pero hay otra iglesia de base, la oculta, la que teje la vida día a día. Hay muchos católicos, muchas mujeres y hombres creyentes en Jesús de Nazaret que, desde hace mucho tiempo, mucho, trabajan por la paz, acogen a inmigrantes, a quienes huyen de las guerras y la violencia, y con ellos intentan construir un mundo más justo e igualitario, un mundo en paz.
Esto no sale en los medios, pero ahí está: haciendo posible una vida mejor para muchas hermanas y hermanos que el sistema rechaza y excluye.
Hace poco escuché una entrevista que el sacerdote Joaquín Sánchez, (Premio Alandar en 2014) hizo al periodista Pedro J. Navarro. Pedro J. dijo una frase que se me quedó grabada: “hace más ruido un árbol cayendo que cien que están naciendo”. Me hizo pensar en todas estas personas que trabajan desde el anonimato, necesarias, imprescindibles… como necesarias e imprescindibles son las voces de quienes son más visibles y se dejan oír más, en este caso el papa y los obispos.
Por esto me ha alegrado tanto lo que señalaba anteriormente, así como las declaraciones del obispo de Canarias, José Mazuelos, quien dijo que “a mucha gente habría que meterla cinco días en un cayuco sin comer, para que se ponga en el lugar de las personas migrantes y apoye su acogida”.
Hoy dedico esta mecedora violeta, escrita por una mujer, creyente y feminista, al papa y a los obispos que están hablando alto y claro sobre estos temas, y acabo con un deseo: ojalá no pase demasiado tiempo para oírlos declarar que las mujeres en la iglesia tenemos los mismos derechos y obligaciones que los varones, y que así se nos reconoce.
Mientras tanto, en el día a día, estamos las mujeres, trabajando, soñando, uniéndonos para conseguirlo juntas, ojalá que también junto a ellos, los que más eco tienen en la sociedad. Soñar es gratis.
