La Biblia y las mujeres es un magno proyecto que acaba de concluir, un trabajo ecuménico y multidisciplinar que ha estudiado el tratamiento de las figuras femeninas en la Biblia y la recepción que las Iglesias han hecho de esas figuras. La directora para el área hispana de esta obra, que publica la editorial Verbo Divino, ha sido Mercedes Navarro, mercedaria, doctora en Psicología y Teología, y cofundadora y expresidenta de la Asociación de Teólogas Españolas. Ella acaba además de publicar un nuevo libro.
Acabas de publicar Violentas y violentadas, sobre las mujeres y la violencia en la Biblia. Resulta que no somos solo víctimas sino también victimarias…
Así es. La Biblia muestra a los seres humanos como seres complejos, con lo mejor de su humanidad y también, en muchas ocasiones, con lo peor. Muestra así a los varones y a las mujeres, aunque se han dado a conocer más los diferentes ángulos de ellos que los de ellas. A menudo, las dos facetas de víctimas y victimarias forman parte de los mismos personajes. He tratado algunas en el libro (Sara, Agar…), pero hay más que han quedado fuera.
De todas formas, el patriarcado se ha ensañado con las victimarias, cosa que no ha hecho ni hace con los victimarios. Por ejemplo, Herodías y Herodes, a pesar de que históricamente sabemos mucho más de las tropelías y crueldades de él, que de las de ella. No pretendo, obviamente, excusar ninguna violencia, venga de hombres o de mujeres, sino llamar la atención sobre el modo en que, dependiendo del sexo, las recibimos y transmitimos. Es, cuando menos, injusto y sexista.
Pero hay menos mujeres violentas que figuras masculinas violentas, ¿es porque la violencia está asociada con frecuencia al poder y ellas tenían menos poder?
Hablando en general, en la Biblia hay bastante menos mujeres que varones, no solo en lo relativo a la violencia. Hemos necesitado casi tres generaciones de estudiosas para descubrir y dar a conocer a las mujeres que hay en la Biblia. Muchas menos que varones, pero muchas más de las que nos han contado.
Al dato se puede añadir, como dices, la asociación con el poder. Si hablamos de poder político y también religioso, que en una inmensa mayoría está en manos masculinas, es raro no encontrar asociado el ejercicio de la violencia, sobre todo en la Biblia hebrea. En los evangelios, los narradores muestran un vivo contraste en la alternativa de Jesús a una determinada forma de ejercer el poder y en su postura frente a la violencia asociada con los líderes políticos y religiosos.
Algunas lecturas resultan intolerables por el nivel de crueldad e indiferencia hacia la mujer que revelan: mujeres ofrecidas como recompensa por sus maridos, descuartizadas… ¿Deberíamos prescindir de esos textos?
Al descubrir y estudiar Jueces, 19 (la mujer del levita), recibí un tremendo impacto y mi pregunta fue distinta a la tuya. Me pregunté cómo es que este texto no aparece en ningún lado, ¿qué censura hay para que todo el mundo no sepa que existe y que revuelve las entrañas?, ¿qué consecuencias puede tener para mujeres y varones conocer un texto como este?, ¿podemos responder “Palabra de Dios” si se diera el caso de que se proclamara en la liturgia?
Muchas biblistas feministas se sintieron obligadas a revisar a fondo la cuestión del canon, y del “canon dentro del canon” (los textos que no deben leerse en la liturgia, en público, “a pelo”, es decir, sin explicación y debate). El revulsivo que han producido este y otros textos bíblicos ha espoleado en las biblistas feministas las ganas de estudiarlos a fondo, de hacerlo con la categoría analítica de género y contarlo, difundirlo.
¿Por qué las figuras femeninas de la Biblia son menos conocidas en el cristianismo que las grandes figuras masculinas?
Me parece obvio: por el marco patriarcal eclesiástico cristiano y el ejercicio machista del clero en la difusión de la Biblia. En la iglesia católica ha sido y es mucho más claro que en el contexto protestante. No debemos olvidar que hasta hace muy poco las mujeres en España teníamos prohibido leer la Biblia. Siendo adolescente, cuando yo leía todo lo que caía en mis manos, mi párroco me prohibió leer buena parte del Antiguo Testamento.
Tenemos una pobrísima tradición bíblica. En la escuela se enseñaba la Historia Sagrada, un compendio de historias de personajes y aventuras bíblicas que resultaba, al menos, distraído e interesante. Las mujeres que aparecían en ella eran las llamadas mujeres fuertes de la Biblia: Judit, Ester, la madre de los Macabeos, Rut… pocas más.
Gracias a la historia sagrada tuvimos una cultura básica general que nos ayudó a familiarizarnos con el arte. Todas estas figuras eran narradas con trazos gruesos y, pese a su fuerza, las vestían de feminidad (según los estereotipos femeninos). Y las malvadas eran muy malas, como Eva y Dalila. Y no importaba si esos relatos eran fieles o no a los textos.
El propósito era político. Fue una difusión tan exitosa que dura todavía en las generaciones más mayores. En las de cuarenta para abajo la ignorancia es casi total. No hay manera de devolver a la mayoría de las mujeres bíblicas sus rasgos, aquellos que aparecen en los textos. Esta resistencia (incluidas muchas mujeres feministas) explica en parte que la mayoría de las teólogas feministas sean biblistas.
Como biblista, has participado con mucha responsabilidad en ese magno proyecto que acaba de concluir, La Biblia y las Mujeres. ¿Qué representa ese esfuerzo?
Esta colección de La Biblia y las mujeres es un verdadero hito en la teología feminista de Europa y Occidente, extendida a otros lugares del mundo, como América Latina. Es una obra unitaria, pero a la vez muy diversa. En ella hemos participado más de 300 personas, la inmensa mayoría mujeres biblistas, historiadoras, arqueólogas, filólogas, expertas en arte, juristas… Es una obra ecuménica, pues implica a numerosas confesiones cristianas, y también interreligiosa, pues contamos con estudiosas judías, practicantes y no creyentes, y con autoras (pocas) musulmanas que ponen en relación textos de la Biblia y del Corán que afectan a las mujeres.
Ha sido un acierto optar por la recepción. Tener una amplia panorámica del modo en que se han recibido las figuras de las mujeres y los textos sobre ellas, las ausencias, y un largo etcétera, a lo largo de la historia (desde la edad del hierro hasta hoy), en la cultura, el arte, la política, las costumbres, las leyes… es de un valor incalculable. Solo está publicada del todo la edición alemana, pero a la edición española ya le quedan pocos volúmenes por publicar.
El trabajo que hay detrás en la producción de los textos, la traducción, la edición y la publicación no se puede medir. Financiar este proyecto ha sido una aventura marcada por la incertidumbre. Esta obra no ha interesado a los eclesiásticos, a los académicos ni a las administraciones públicas. La lengua española lo ha tenido mucho más difícil que las otras lenguas. Hemos llamado a muchísimas puertas en vano. Es un milagro haber podido llegar hasta aquí y eso hace que las directoras generales nos sintamos enormemente agradecidas a quienes han apostado por la colección.
Dentro de ese proyecto, has sido responsable -con Marinella Perroni- del tomo que trata de entender las figuras femeninas de los Evangelios con perspectiva de género, ¿qué quiere decir eso, puedes poner algún ejemplo?
La perspectiva de género implica asumir la categoría del género como un instrumento analítico a la hora de estudiar y comprender los textos bíblicos. Toda la Biblia, pero especialmente aquello que atañe a las mujeres. Con este instrumento somos más capaces de percibir las discriminaciones, las razones de la presencia de mujeres y de su ausencia, los intereses que existen detrás, los contextos y procesos que han producido esos textos, las razones de una determinada difusión y sus consecuencias negativas y a, veces, también positivas, en las mujeres a lo largo de la historia.
Con respecto a los evangelios, la perspectiva de género nos ha permitido replantear el sentido y la importancia de las mujeres que formaban parte del grupo de Jesús, conocer los procesos de repatriarcalización en los primeros siglos del cristianismo, descubrir el importantísimo rol de las mujeres en el grupo de Jesús, en su proyecto y en las primeras comunidades. Al estudiarlas a ellas también hemos podido percibir al personaje del Jesús de los evangelios a otra luz, por ejemplo, entender rasgos de lo que hoy llamamos nuevas masculinidades y el choque que supuso en su tiempo y su relación con los roles de las mujeres.
La teología feminista trata de recuperar a esas mujeres bíblicas, explicándolas en su contexto patriarcal y rescatando en ellas su capacidad de resistencia. ¿Qué figuras femeninas de la Biblia te parece imprescindible que recuperemos en la Iglesia?
Me resulta complicado generalizar, pero, como tengo que seleccionar, comenzaría por la figura del mito de Eva. Es fundamental que las mujeres nos apropiemos de ella, de su inteligencia, de su libertad, de su iniciativa, su autonomía, de su importancia en relación con el conocimiento que nos hace a todas y todos humanos, con la sexualidad. En fin, es un personaje de mucha riqueza simbólica, de mucho trasfondo, que siempre estará ahí como principio de humanidad.
En la Biblia hebrea hay muchas mujeres con rasgos que hoy serían referentes, por ejemplo, el liderazgo de Débora y Judit, o la inteligencia de Abigail. Y en los evangelios está la determinación y autocuidado de la hemorroisa, la inteligencia y capacidad persuasiva de la sirofenicia, la valentía y libertad de la mujer que unge a Jesús en Marcos (y María de Betania en Juan). Hay muchas más, tanto o más importantes que estas, como referentes actuales para las mujeres, pero empezaría por aquí.
Hace siglo y medio que se publicó La Biblia de las mujeres, que fue un esfuerzo de mujeres norteamericanas sufragistas, las primeras feministas, por hacer una lectura de la Biblia con ojos de mujer. Se diría que las Iglesias ha tomado poca nota de esa voluntad de las mujeres. ¿Están cambiando las cosas?
Por lo que sé y observo es innegable que las mujeres de las confesiones cristianas, también las católicas, hoy están mejor informadas, muchas también están mejor formadas, y una mayoría son conscientes de lo que son, de sus discriminaciones, de lo que podrían y deberían ser, del reconocimiento que no reciben, de sus derechos ignorados y reclamados una y muchas veces, de su valía real, de que sin ellas las iglesias habrían desaparecido. En este sentido, es claro que hay un cambio.
Pero la iglesia católica, concretamente, parece que hace algo para devolver a las mujeres su dignidad, para reconocer su valía y actuar de forma coherente, pero es una ilusión, pues de hecho apenas hace nada. Todo es maquillaje, una limpieza de cara que le permita dejar de ser la institución más machista del mundo occidental (y mundial si me apuras). La estructura jerárquica y piramidal, el clericalismo, la teología que lo impregna todo incluido el derecho canónico, la necesidad de controlar a las mujeres sea cual sea su estado civil y valgan lo que valgan, desmienten continuamente el sentido de esos pequeños gestos que vende como grandes logros y cambios. Soy pesimista y enormemente escéptica a este respecto.




