La línea roja Mateo 25,25

Imagen basada en Hans de Pixabay

Mª Carmen de la Fuente. cristianismeijusticia.net

Definimos el tiempo en el que vivimos como tiempo de polarización, de bandos opuestos y dualidades que atraviesan la mirada a la realidad. Para todo hay un blanco o negro, sin matices: nosotros/ellos, buenos/malos, hostilidad/hospitalidad, acogida/rechazo. A la vez, nos sentimos movidos por dinámicas que, como reflexionó Bauman, caracterizan a nuestro mundo como líquido: valores que se diluyen, líneas rojas que dejan de serlo, límites que se cuestionan, cambian y se redefinen.

Un ejemplo que aúna la polarización y la transgresión de líneas rojas lo tenemos en las declaraciones de los negociadores de Vox para el acuerdo de investidura de la presidencia de Extremadura. Así se recogían como titular en un medio de comunicación: «No se seguirá subvencionando a las ONG que acogen a inmigrantes irregulares, tampoco a las de la Iglesia».  Sin duda, una afirmación que pasa las líneas rojas de la solidaridad y de las políticas públicas con vocación de universalidad y construcción de ciudadanía, aquellas que ponen en el centro la vida de las personas y, en primer lugar, la de las que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad social y/o ven vulnerados sus derechos más básicos.

Una línea roja sostenida por el valor de la acogida y asumida por personas, comunidades, instituciones y grupos que creen en el bien común, en la dignidad inherente de todas las personas y en la humanidad compartida. A la vez, una línea especialmente roja para las personas creyentes que nos declaramos seguidoras de Jesús de Nazaret, quién nos reveló un Dios que es amor universal pero que opta, radicalmente, por las personas empobrecidas y por las víctimas. Tan relevante que podríamos ponerle nombre: la «línea Mateo 25,25», y tan clara que no deja margen a las dudas, pues señala el lugar de quien da de comer al hambriento, de beber al sediento, acoge al forastero, viste a quien no tiene ropa, visita al enfermo y al privado de libertad. Y, también, señala el lugar de quien no lo hace.

No es la primera vez —seguramente tampoco será la última— que escuchamos propuestas políticas que van en esta dirección, que traspasan nuestras líneas más rojas. Podemos acostumbrarnos a ellas con el peligro de que con el tiempo y a fuerza de pisarlas se vayan destiñendo, desdibujándose hasta que las perdamos de vista. O podemos defenderlas mediante la denuncia, la movilización y la alianza, como sociedad que se niega a dejar que la humanidad se diluya y como seguidores de Jesús que no renuncian a su propuesta de Reino.

[Imagen basada en Hans de Pixabay]

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