Olaizola y d’ors proponen caminos complementarios para descubrir a Dios en la vida cotidiana

Feadulta,com. Elaborado por María Eugenia Massariol

¿Dónde podemos encontrar a Dios hoy? ¿Es necesario retirarse del ruido del mundo para descubrirlo o podemos reconocer su presencia en medio de la vida cotidiana, incluso ante las noticias que nos llegan cada día? Estas preguntas estuvieron en el centro del coloquio protagonizado por José María Rodríguez Olaizola y Pablo d’Ors el pasado 29 de septiembre, en la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, dentro de las XXIII Jornadas de Teología, dedicadas a «La experiencia de Dios hoy: desafíos y caminos de la espiritualidad».

Moderado por Lucía Tornero, el encuentro reunió a dos autores con trayectorias y propuestas espirituales diferentes. Pablo d’Ors, impulsor de la red de meditadores Amigos del Desierto, puso el acento en la contemplación, la consciencia y el silencio. Rodríguez Olaizola, jesuita especializado en acompañamiento y comunicación, insistió en la posibilidad de descubrir a Dios mediante una lectura creyente de la realidad. Sus intervenciones dibujaron caminos distintos que, sin embargo, apuntan hacia una misma cuestión: cómo reconocer la presencia de Dios en la experiencia humana.

El silencio y la contemplación

Pablo d’Ors defendió la contemplación como una dimensión fundamental de la experiencia cristiana. Para él, el silencio no consiste simplemente en dejar de hablar o apartarse de las ocupaciones, sino en aprender a mirar de otra manera, prestando atención a lo que sucede dentro y fuera de nosotros.

En su intervención, concedió especial importancia a la consciencia y a la necesidad de superar una mirada superficial sobre la realidad. La práctica contemplativa permite detenerse, tomar distancia de los propios pensamientos y abrirse a una experiencia más profunda de la existencia.

Su propuesta invita a recuperar espacios de silencio en una sociedad caracterizada por la prisa, la sobreabundancia de estímulos y la dificultad para mantener la atención. No se trata necesariamente de huir del mundo, sino de aprender a estar en él con una disposición diferente.

Descubrir a Dios en lo que sucede

José María Rodríguez Olaizola abordó la cuestión desde otro punto de partida. En lugar de centrar la mirada en el silencio, puso el acento en la capacidad de interpretar la realidad desde la fe. Para ilustrarlo, planteó que también es posible contemplar viendo un telediario.

Las noticias pueden leerse desde perspectivas políticas, económicas, ideológicas o afectivas. La lectura creyente propone una mirada adicional: preguntarse qué revelan los acontecimientos sobre la condición humana, el sufrimiento, la esperanza, la injusticia, la solidaridad y la posibilidad de transformar la realidad.

Esta manera de mirar no significa ignorar los datos ni sustituir el análisis de los hechos por explicaciones religiosas. Supone, más bien, dejar que la realidad interrogue a la propia fe y reconocer que la experiencia de Dios también puede surgir del encuentro con las personas y de la atención a lo que ocurre en el mundo.

Olaizola recordó asimismo que la duda forma parte de la fe. Creer no elimina las preguntas ni garantiza certezas permanentes; implica también afrontar la incertidumbre y mantener abierta la búsqueda.

Dos caminos que convergen

A primera vista, la contemplación silenciosa de d’Ors y la lectura creyente de la realidad propuesta por Olaizola podrían parecer itinerarios diferentes. Uno invita a detenerse y cultivar la atención interior; el otro, a mirar los acontecimientos y descubrir en ellos preguntas que afectan a la fe. Sin embargo, ambos comparten una intuición fundamental: la experiencia de Dios requiere una mirada que vaya más allá de lo inmediato.

El silencio puede ayudar a percibir lo que habitualmente pasa inadvertido. La lectura creyente puede descubrir, en medio de las circunstancias cotidianas, preguntas y signos que invitan a profundizar. En ambos casos, se trata de aprender a mirar, escuchar y reconocer una dimensión de la realidad que no siempre resulta evidente.

El coloquio permitió así acercar dos sensibilidades espirituales sin reducir una a la otra. La contemplación y el discernimiento de la vida cotidiana no tienen por qué excluirse: pueden convertirse en prácticas complementarias para quienes buscan vivir la fe en el mundo actual.

La conversación celebrada en Comillas dejó abierta una pregunta que trasciende el ámbito académico: en una sociedad marcada por la secularización, la prisa y la multiplicación de estímulos, ¿qué necesitamos cambiar en nuestra manera de mirar para reconocer la presencia de Dios? Las propuestas de d’Ors y Olaizola sugieren dos posibles respuestas: aprender a hacer silencio y aprender a leer creyentemente lo que sucede. Caminos diferentes que pueden conducir a una misma búsqueda.

Elaborado por María Eugenia Massariol

Fuente: Coloquio «Caminos de la experiencia de Dios en nuestro tiempo», con José María Rodríguez Olaizola y Pablo d’Ors, moderado por Lucía Tornero, XXIII Jornadas de Teología de la Universidad Pontificia Comillas, Madrid, 29 de septiembre de 2026.

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